Todo acaba sabiéndose. Era fácil imaginarse que los bandazos que casi diariamente vienen dando los dirigentes peneuvistas se debían al callejón sin salida en que se han metido: seguir apoyando a ETA cada día les desprestigia más y crea mayor división interna dentro del propio partido; pero tampoco pueden desvincularse de ETA por las represalias que ésta puede tomar ante tal divorcio sin mutuo acuerdo. Ahora, al conocerse la documentación incautada al último comando Vizcaya detenido, hemos podido confirmar esa suposición. Cinco dirigentes del PNV estaban en la larga lista de posibles objetivos de atentados de la banda criminal. Y el PNV tenía que saberlo porque ETA no podía haber dejado de chantajearles, como hacen con los empresarios. Y los del PNV deben llevar tomando astringentes desde entonces, sin conseguir detener la diarrea. No están preparados para el heroísmo, ellos que durante tanto tiempo se han frotado las manos -mientras morían los demás- recogiendo los votos que les proporcionaba la estrategia de ETA. Lo que no comprendo es que tantos vascos sigan manteni’ndoles su confianza, sin darse cuenta de que el problema de Euskadi no es ETA sino los que, por propia conveniencia pol¡tica, la han aupado y sostenido disculp ndola.
Ana M Ruiz S nchez
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