La noticia de que un juez chileno ha ordenado el arresto domiciliario del sanguinario Pinochet y su procesamiento por los asesinatos de la ôcaravana de la muerteö û incluso a pesar de la suspensión que ha decretado el tribunal superior mientras estudia el recurso de los abogados del reo contra tales actos judiciales û, le ha recordado a quien esto escribe el par de elepés del grupo Inti Illimani, de la misma nacionalidad, que, junto a un ôsingleö con el último mensaje del Presidente Allende, se trajo de Milán aquel lejano Enero de 1974 û cuando tuvo la oportunidad de asistir en la misma ciudad a una manifestación protestando por la pena de muerte a que se había sentenciado al militante libertario Salvador Puig Antic después de una de aquellas parodias de juicio de los tiempos de Franco û, de manera especial el fragmento final de una canción que decía, enérgico: ôUn día el cobre se alzará / y en las entrañas del carbón / temblará el grito contenido de la tierra / para el traidor no habrá perd¢n», que nosotros, llenos de moral por la reciente voladura del almirante Carrero Blanco escuch bamos con gran delectaci¢n aplic ndolo al general Pinochet, a quien realmente lo hab¡an dedicado sus autores, s¡, pero pensando en el «nuestro», en el de aqu¡, convencidos que tambi’n le resultaba aplicable del todo eso de «para el traidor no habr perd¢n».
Pero de manera simultanea a la satisfacci¢n por la buena nueva en si misma, y a los recuerdos nost lgicos que me ha evocado, no he podido por menos que echar una triste mirada a nuestro rido panorama de aqu¡ y ahora y darme cuenta que, mientras en algunos lugares parece que van tirando hacia delante, ni que sea a trancas y barrancas, poco a poco, por estos andurriales vamos m s bien hacia atr s como los cangrejos, y dir¡a que bastante deprisa.
Porque por all¡, en el oeste, al mismo tiempo del procesamiento de Pinochet, acaba de caer, con una especie de pataleta rid¡cula m s propia de una parodia, de un sainete, que de la pol¡tica aut’ntica de un pa¡s real, la dictadura personalista del amigo peruano de Aznar, Alberto Fujimori, aquel que se hab¡a enviciado en solucionar sus aventuras pol¡ticas y sus problemas de legitimidad a golpe de pucherazo y de refer’ndum similares en todo a los franquistas, lo que le val¡a el apoyo de nuestro chafand¡n de La Moncloa – de casta le viene al galgo y, en sus tiempos a este personaje incluso el franquismo, el Movimiento, le parec¡a poco fascista, puesto que ‘l se manifestaba «joseantoniano» aut’ntico -, convencido que eso, especialmente los refer’ndum, lo arreglaba todo, y, tambi’n, el nuevo presidente de M’xico, Fox, del PAN, a quien se supone una posici¢n totalmente a la derecha, bastante lejos por tanto del supuesto centrismo de nuestro h’roe local, ha ordenado la retirada a sus cuarteles de las unidades militares desplegadas hasta ahora en Chiapas con el fin de favorecer el di logo con la guerrilla zapatista, buscando antes que cualquier otra cosa la pacificaci¢n de la regi¢n en lugar de dar carro_a a la fiera derechista de la zona, mientras ‘ste de aqu¡ acaba de aprovechar la ocasi¢n de que al parecer estaba soplando el viento para indultar, no se sabe exactamente de qu’ – entre otras cosas por la falta de competencia del gobierno para revocar sentencias judiciales de ninguna clase -, al juez prevaricador G¢mez de Lia_o en medio de un esc ndalo colosal. Uno de los motivos arg_idos por «ellos» ha sido el «clamor popular» que lo solicitaba – parece ser que un millar y pico de lectores de «El Mundo» y «ABC» se hab¡a pronunciado en este sentido -, lo que no deja de ser extremadamente parad¢jico una vez visto y o¡do el caso que ha hecho el l¡der «pepero» al mill¢n de personas que en Barcelona, en la calle, justo una semana antes, le reclamaban di logo en el Pa¡s Vasco. En las esferas judiciales eso s¢lo ha recibido el apoyo del fiscal de la Audiencia Nacional, Fungairi_o, que no se ha recatado una vez m s en demostrar su talante tan poco acorde con los esquemas de un estado de derecho, llen ndose la boca de algo tan poco jur¡dico como que este indulto viene a demostrar que todos los que, como ‘l mismo, cre¡an en la inocencia de G¢mez de Lia_o, ten¡an raz¢n, en una lamentable confusi¢n entre indultar, amnistiar y casar una sentencia que incluso yo, que no soy ningon profesional del derecho, s’ distinguir.
No es casual que fuera este mismo fiscal. con el apoyo de su jefe, Cardenal, quien acu_¢ en Diciembre de 1997, aplic ndolo por cierto al caso Pinochet pero con una cierta carga de valor tambi’n «local», aquello de «suspensi¢n temporal del orden constitucional» para aplicarlo a las dictaduras fascistas.
Y no se les cae la cara de verg_enza, no se_or.
Jordi Portell
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