Derroche callejero de bombillas iluminadas, villancicos escuchándose por todas partes, compras, regalos, copas y polvorones así como comidas de Navidad con los compañeros de currelo, realización de belenes, decoración de árboles de Navidad, derroche y despilfarro por doquier…, forzada alegría que se impone avasalladoramente. Todo un despliegue promovido por intereses comerciales, que se convierte en parafernalia deprimente para quienes su ciclo anímico no coincide con las intenciones de los promotores de ese artificial «espíritu navideño». Artificial y falso, porque el auténtico espíritu navideño nada tiene que ver con el frívolo consumismo que desde hace semanas nos imponen. Jesucristo nació austeramente. Rodeado, sí, de todo el cariño de los mejores padres de la tierra, y asistido en sus necesidades por la eficiente generosidad de aquellos pastores vecinos. Pero sin ese despilfarro con el que los frívolos pretender inútilmente llenar el hueco de su corazón insatisfecho. Vino pobremente para dejarnos claro que +l era la riqueza que Dios Padre nos daba para mantener la alegr¡a ante las miserias de esta vida. Por eso, esa navidad adulterada produce depresi¢n, segon nos dicen estudios psiqui tricos recientes. No contiene la Buena Noticia para los corazones humanos. No transmite a Dios, pues Dios es Esp¡ritu Amoroso que no puede palpitar en el clima del materialismo ego¡sta. Juan Vacas Casado *Informativos.Net no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones de los lectores.
200
