Cuando se plantea la cuestión de si el PP está o no atendiendo a los deseos de sus votantes católicos -que no son todos sus votantes, pero que son bastantes-, el planteamiento suele ser doble. Por un lado, se analiza la posibilidad de que el Partido en el Gobierno pierda las próximas elecciones ante una retirada de votantes disgustados que, en principio y dada las ofertas existentes, irían hacia la abstención; a esta posibilidad no se le da importancia y sólo se tendría en cuenta si las encuestas anunciaran un virtual empate entre los dos grandes partidos, en cuyo caso unos pocos votos serían decisivos. Por otro lado, se habla de los gobernantes, de su mayor o menor sintonía con la gente, de su valoración del elector católico como ½votante cautivo+, y hasta se aplican epítetos como ½traición+. Como sacerdote, es relativamente frecuente que me encuentre con católicos practicantes que se sienten defraudados por determinadas acciones del Gobierno del PP, no por todas. Lo que yo percibo en ellos es, ante todo, sufrimiento, que que surge no s¢lo de la sensaci¢n subjetiva de haberse sentido enga_ados, sino, de verse forzados, en el futuro, a elegir entre dos öamores+: Dios -en cuyo haber est tambi’n su conciencia- y el Partido pol¡tico con el que simpatizan. Algo parecido percib¡ hace a_os con algunos votantes socialistas que eran cristianos practicantes. Sufr¡an ante determinados comportamientos de su Partido porque no pod¡an unir pol¡tica y conciencia. El problema est con frecuencia en el propio dirigente. Es a ‘l al que hay que pedirle en primer lugar que sea fiel a su propia conciencia, a sus principios, y no a los dictados de las encuestas. A los votantes, habr que recordarles que vivan de acuerdo con aquello de que öal Rey -al Gobierno- la hacienda y la vida se han de dar, pero el honor -la conciencia- es patrimonio del alma y el alma s¢lo es de Dios+. Santiago Mart¡n Informativos.Net no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones de los lectores.
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