Según el catedrático de psiquiatría González y Rievera, desde el punto de vista psicosocial, dos elementos más son necesarios para completar las circunstancias en las que se desarrolla el Sindrome del Acoso Institucional: 1.- La presencia de una persona que asuma el papel de perseguidor principal, investida de la suficiente autoridad o carisma como para movilizar las dinámicas grupales de acoso. Su personalidad presenta una peculiar combinación de rasgos narcisistas y paranoides, que le permiten autoconvencerse de la razón y justicia de su actividad destructiva. Hirigoyen considera que se trata de una forma asexual de perversión, Field la clasifica como una modalidad de sociopatia agresiva, y Gonzalez de Rivera la describe como «Mediocridad inoperante activa», un trastorno de la personalidad caracterizado por exacerba-ción de tendencias repetitivas e imitativas, apropiación de los signos externos de la creatividad y el mérito, ansia de notoriedad que puede llegar hasta la impostura, y, sobre todo, intensa envidia hacia la excelencia ajena, que procura destruir por todos los medios a su alcance. Las maniobras principales que el mediocre inoperante activo utiliza para el acoso psicol¢gico de su victima son las siguientes: a) Someterle a acusaciones o insinuaciones mal’volas, sin permitirle defenderse o expresarse; b) Aislarle de sus compa_eros, privarle de informaci¢n; interrumpir o bloquear sus lineas de comunicaci¢n; c) Desconsiderar e invalidar su trabajo, distorsionar o tergiversar sus actividades y comentarios, atribuirle motivaciones esporeas o vergonzantes. d) Desacreditar su rendimiento, dificultar el ejercicio de sus funciones, ocultar sus logros y exitos, exagerar y difundir, fuera de contexto, todos sus fallos, tanto reales como aparentes. e) Comprometer su salud, fisica y psiquica, mediante una constante presi¢n estresante que favorece las alteraciones depresivas, psicosom ticas, y actos de huida que pueden llegar hasta la renuncia brusca al puesto laboral o el sucidio. 2.- La colaboraci¢n y permisividad del resto del personal de la organizaci¢n. La persecuci¢n psicol¢gica se desarrolla en medio de un sorprendente silencio e inhibici¢n de los observadores, que, aunque plenamente conscientes del abuso e injusticia de la situaci¢n, se abstienen de intervenir, sea por complicidad implicita con el plan de eliminaci¢n del acosado, sea para evitar convertirse ellos mismos en objeto de represalia. No es del todo infrecuente que individuos ambiciosos de escasa valia profesional aprovechen conscientemente la situaci¢n, que les favorece al entorpecer o eliminar a un competidor m s cualificado. En cuanto a los individuos en riesgo, varios estudios independientes, como los de Leyman, Schuster y Adams, coinciden en describir en ellos caracter¡sticas comunes, que pueden resumirse en las dos siguientes: – 1) Son diferentes, en aspecto, conducta, valores, actitudes, etc, con respecto al grupo general – 2) Su mera presencia provoca un cuestionamiento implicito sobre los simbolos, caracteristicas y valores que dan homogeneidad al grupo. Shuster (1996) considera que el acoso institucional es una de las experiencias m s devastadoras que puede sufrir un ser humano en situaciones sociales ordinarias. Lo define como «ser objeto de agresi¢n por los miembros del propio grupo social», y lo distingue de dos situaciones pr¢ximas: el rechazo social («peer rejection»), en el que el individuo puede ser excluido por sus iguales de contactos e interacciones, pero no perseguido, y la desatenci¢n social («peer neglect»), en la que el individuo es, simplemente, ignorado. Juan M. Molina Vald’s *Informativos.Net no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones de los lectores.
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