No era necesario ser profeta, para predecir que el General Pinochet evitaría una vez más la convocatoria de la Justicia. Siempre parece quedar espacio para alguna inesperada pirueta jurídica, por más que esta vez, haya sido necesario que los magistrados de la Corte Suprema «borraran con el codo lo que escribieron con la mano», como muy gráficamente describió la abogada querellante Carmen Hertz. Lo cierto es que por cuatro votos contra uno, la Corte modificó su criterio anterior, y ordenó que antes de ser interrogado por el Juez, el ex dictador sea sometido a un examen médico. Con esta nueva decisión, el Juez Guzmán vio nuevamente frustrada su intención de cumplir con la indagatoria previa para poder disponer el procesamiento de Pinochet. Esa indagatoria había sido precisamente exigida por la Corte, que no consideró válida la documentación que en su día envió a Londres el juez Guzmán, y que fue devuelta en blanco por el ex dictador. Todo este embrollo jurídico, tiene como trasfondo la presencia inocultable de lo que muchos llaman «el ej’rcito de Pinochet», dando a entender que esa fuerza militar est lejos de haber sido democratizada. Esa tambi’n ser¡a la causa por la cual el Presidente Lagos tras afirmar que no consideraba procedente convocar al COSENA, Consejo de Seguridad Nacional, haya cambiado su posici¢n. Ahora parece dispuesto a convocar a los miembros de ese cuerpo, una herencia de la dictadura cuya evidente misi¢n es ejercer control y presi¢n sobre el poder civil. Tras las buenas palabras sobre la salud de la democracia chilena, aparecen una vez m s, tercamente, las ra¡ces autoritarias encarnadas por los mandos militares. La impunidad sobre los cr¡menes cometidos por la dictadura chilena, est ligada a la suerte del anciano general. Ni siquiera el caso de la Caravana de la Muerte, con sus 56 asesinados y 19 desaparecidos parece ser suficiente para conseguir el procesamiento de Pinochet. Y si la tenacidad del Juez Guzm n, de los familiares de las v¡ctimas y de parte del pueblo chileno sigue adelante, los defensores de Pinochet utilizar n otros recursos. Uno de ellos puede ser la hospitalizaci¢n del ex general en el Hospital Militar. Este centro es el que la Corte de Apelaciones design¢ para que le sean practicados los ex menes m’dicos al ex dictador. Mucha imaginaci¢n habr¡a que tener para suponer que en el hospital castrense pueda producirse un informe imparcial. Lo cierto es que el blindaje de Pinochet no es el de la raz¢n. Sigue siendo el del miedo, el de la fuerza, el del chantaje. Un disparejo combate ante el cual ningon dem¢crata pude permanecer neutral. (Cl/QR/Au-Pf-Mt/Pl-Dh/pt). Carlos Iaquinandi Castro
EL BLINDAJE DE PINOCHET, EL MIEDO, LA FUERZA Y EL CHANTAJE
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