Ayer miércoles fui a visitar a los presos y presas al Santojani. Y quede muy preocupada. Vi mal a Ana María Sivori. Estaba muy decaída, es cierto que es la que mas peso ha perdido, estaba sobrepasada cuando comenzó la huelga de hambre. La vi mal. Las ojeras le llegan a la mitad de las mejillas, la mirada opacada, y un agotamiento que le impide estar sentada. Ya ni el mate la ayuda. Se cansa al hablar, esta lucida, y no quiero confundir síntomas depresivos con los efectos del ayuno prolongado en una mujer de mas de sesenta años. Ella es abuela. Claudia Acosta esta pesando 48 k., su presión es inestable, tiene mareos, dolores de cabeza y ansiedad. La ansiedad tiene mucho que ver con la inestabilidad de su presión, puede tener en un momento 16-11 otro 14-10. Esto da una sensación de malestar de no saber como «estar», si acostada, si sentada o caminando. Las enfermeras las atiende con solicitud, pero creo que los o las médicas en esta etapa tienen que hacerse cargo de estas paciente. Las dos se_oras j¢venes puestas por el servicio penitenciario, que no salen de la habitaci¢n, anotaban toda la conversaci¢n que ten¡amos que tener en voz alta, no se puede ir de una cama a la otra y secretear, hay cosas que nos pasan a las mujeres que no necesariamente deben perder la privacidad que todo ser humano necesita. Despu’s de todo solo hablamos de las esperanzas y a quienes m s se pod¡a recurrir. Estoy muy muy preocupada. Cualquier cosa puede ocurrir por eso estoy escribiendo a las cuatro de la ma_ana. No puedo dormir, pensando en ellas. Los hombres del Santojani, tampoco est n bien. Hablan mas despacio , se cansan. No puedo separar de mis recuerdos, cuando recorr¡a comisar¡as, y despachos de diputados y senadores con la urgencia que segundo que pasaba se jugaba la vida de mi Noni. En aquella ‘poca el onico que se atrevi¢ a abrir su despacho y recibirme fue el senador Perette. Y mi Noni no esta. Quedo un testimonio que duele pero que servir para condenar a los genocidas, sino ahora a trav’s de la historia. La vida de estos presos, que con una dignidad en la que arriesgan todo, depende del valor del presidente. Pero tambi’n pondr en conocimiento, todo aquellos datos que se quieren borrar del juicio, que culpabilizan a los militares de haber cometido con los prisioneros cr¡menes atroces. Cuando volv¡a en el colectivo 4 que me lleva y trae del Santojani, no pod¡a dejar de recordar a Pirker. Que falta que nos hace Pirker que dio un testimonio honesto y terrible: «con gases lacrim¢genos hubieran podido parar el intento de copamiento.» No se explicaba la ferocidad criminal de los genocidas. Tampoco se investig¢ su muerte. Pirker era descendiente directo de uno de Husares del oltimo rey austr¡aco. En la embajada alemana se le entreg¢ el sable que por derecho le pertenec¡a. Hab¡a quedado hu’rfano desde muy peque_o, primero de madre y luego de padre. Una t¡a lo lleva a vivir con ella, que es la que se hab¡a hecho cargo del negocio de, creo ferreter¡a que ten¡an sus padres. Desgraciadamente cuando Pirker, el oltimo descendiente de la familia, tenia 16 a_os el negocio se incendio y su t¡a, onico familiar, no pudo ser salvada. El ingresa a la escuela Vusetich. Una triste vida con un final dram tico por lo incierto. Todav¡a nos preguntamos c¢mo muri¢ Pirker? Llegu’ justo a tiempo para cambiarme e ir al acto en el Sal¢n Argentino, el acto organizado por Bravo, Elisa Carrio y el entrerriano Zacar¡as. Me olvid’ del pa_uelo y de las fotos de mis siete desaparecidos a los cuales todav¡a no se les ha hecho justicia, pero ellos no corren peligro de vida, tampoco de olvido. (est amaneciendo) y all¡ Bravo hizo un alegato en favor de la libertad de los retenidos prisioneros pol¡ticos. Me conmovi¢ mucho porque yo se como est n y no se si puedo trasmitir todo el sufrimiento que soportan. Mis amigos religiosos americanos me escriben desolados. Ellos estaban en la misa de Romero cuando fue asesinado. Ellos -cuando digo religiosos quiero decir que son sacerdotes y monjas, Carmelitas Pedro y de la Misericordia Betty, de mucho prestigio moral en USA. y en Centroam’rica por su trabajo solidario y de paz. Me gustar¡a que Karlic los conozca. En otro momento hablare de la enorme emoci¢n que me produjo ver un marco de claveles rojos en la fosa de Avellaneda. Y el dolor por su profanaci¢n. Es otro tema. Es otro tema. Ahora quiero insistir en mi pedido de libertad a los presos pol¡ticos al Dr de la Roa. Pido disculpas por mi insistencia, pero es lo onico que a los ciudadanos comunes que queremos seguir creyendo en la existencia de justicia, nos queda. Laura Bonaparte Madre de Plaza de Mayo L¡nea Fundadora.
SITUACIÓN DE LOS PRESOS DE LA TABLADA A 28 DE DICIEMBRE DE 2000
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