La física trata de presenarnos desnudas las estructuras de nuestro entorno. Las demostraciones físicas, de momento, son aún bastante pobres. Los físicos y los teólogos no nos resuelven las dudas; sólo nos garantizan que éstas se encuadran en un método para evitar volvernos locos. Los físicos saben diferenciar el humo, del vapor; los teólogos discriminan el éxtasis místico de un anacoreta por si se debe al extravío febril de un cuerpo falto de un buen caldo de pollo.
No existen pruebas para muchos razonamientos físicos; y aún más: otros razonamientos matemáticos parten de supuestos creíbles.
El científico acaricia muchas soluciones correctas a problemas que no alcanza a justificar. Los biólogos, más lo físicos partiendo del átomo pueden llegar a explicar el hombre como máquina, pero no al hombre racional. Tratar de explicar científicamente cualquier fenómeno de nuestra realidad es una insensatez.
El pensamiento humano carece de leyes que deban ser obedecidas. Afortunadamente los humanos somos imprevisibles en nuestras decisiones; s¢lo un ciberfascista tratar¡a de acomodar el pensamiento a unos supuestos l¢gicos domesticables, y previsibles.
Los cient¡ficos que consideran la conciencia como algo sobrenatural est n definiendo lo sobrenatural; son ellos quienes empiezan a creer en algo m s all de lo que pueden medir.
Quienes consideran que todo puede medirse y razonarse cient¡ficamente se tornan tediosos. Incapaces de entrar en el mundo de la religi¢n; cierran sus puertas a actividades comunes de la mente humana: enamorarse o tener hijos, les est vedado.
El f¡sico Athur Eddintong (1882-1944) sol¡a decir que «es m s f cil que un camello pase por el ojo de una aguja, a que un cient¡fico atraviese una puerta m s grande que el port¢n de un granero «. Lo m s prudente que puede hacer un cient¡fico es comportarse como un hombre normal y entrar sin m s, sin esperar a que quede demostrado el sentido que tome la entrop¡a del Universo.
Los f¡sicos cu nticos saben que existen realidades que se escapan de la f¡sica, que el coraz¢n tiene razones que la raz¢n no entiende.
Juan Manuel Molina Vald’s
