El hecho que un ser humano progresista se oponga a la expropiación de las tierras de los pueblos indígenas y se manifieste contra la intromisión cultural, es sin dudas una respuesta coherente con el espíritu humanista y el buen sentido de igualdad entre los seres humanos, por cuanto, ignorar las realidades los pueblos indígenas, no sólo es una falta de compromiso social, sino que, también es una complicidad con los que sufren en sus tierras despojados.
Ahora, más allá de defender los derechos de los pueblos indígenas, creo que primero tenemos que determinar las causales del mal, por cuanto, no determinar las causales del mal será contribuir al mal, al no identificar al responsable de los crímenes contra la humanidad. ¿Cómo es posible solucionar un problema sin determinar las causales?
Si nos remontamos al pasado, inmediatamente después del surgimiento del capitalismo, después del descubrimiento de América, todo se tradujo en conquistar territorios y domesticar a los salvajes. En nombre de Dios se mataba y constru¡an imperios sobre los imperios destruidos.
EL capitalismo es el creador del racismo y el capitalismo es responsable de la problem tica ind¡gena que se manifiesta en un movimiento indigenista como una mera corriente de reivindicaciones culturales en Am’rica Latina, y cuenta con una solidaridad espor dica y voluntariosa. Este racismo diversionista consiste en tratar de crear peque_as islas o peque_as republicas independientes en el imperio de la lucha por la justicia, y no es m s que un escapismo pol¡tico, negando al culpable de los problemas y que es el capitalismo desenfrenado.
El racismo y la miseria contra los pueblos ind¡genas de Am’rica latina son componentes del r’gimen capitalista de producci¢n y un s¡ntoma de la explotaci¢n del hombre por el hombre, as¡ como en todas las sociedades divididas en clases.
No es extra_o que al indio norteamericano se le declarara como una raza inferior y con esta maniobra ser justificara su exterminio, como tambi’n se estableciera una influencia en toda Am’rica en torno a la situaci¢n de los ind¡genas. Este problema que a muchos nos impacta, tambi’n fue tocado por Carlos Marx en el primer tomo de El Capital.
«Aquellos hombres, virtuosos intachables del protestantismo, a los puritanos de la Nueva Inglaterra, otorgaron en 1703, por acuerdo de la Assembly, un premio de 40 libras esterlinas por cada escalpo de indio y por cada piel roja apresado; en 1720, el premio era de 100 libras por escalpo, en 1774, despu’s de declarar en rebeld¡a a la rama de Massachussets Bay, los premios eran los siguientes. 100 libras esterlinas de nuevo cu_o; por cada hombre apresado, 105 libras; por cada mujer y cada ni_o, 55 libras; y por cada escalpo de mujer o ni_o, 50 libras!»
Ahora, despu’s de esta sangrienta historia, la pregunta que tenemos que hacernos es muy simple: ¨C¢mo terminar con la destrucci¢n que sufren los pueblos ind¡genas? Sin dudas que la respuesta es muy clara. Tenemos que levantarnos todos contra el sistema de opresi¢n responsable de este crimen y juntos, luchar para exterminarlo y para que nunca m s vuelva ocurrir. Tenemos que destruir estas expresiones capitalistas y establecer una sociedad justa, donde todo ser humano tenga el derecho a ser persona, en una franca posici¢n antiimperialista.
La situaci¢n ind¡gena ha sido tomada en muchos momentos de la historia de Am’rica, al grado que, en que 1879 se llev¢, empujados por los capitalistas ingleses y de los Estados Unidos, a Chile, Pero y Bolivia a la Guerra del Pac¡fico. Aqu¡ se esgrimieron miles de razones, y una de ellas, muy importante, fue la restauraci¢n del imperio inc sico. Claro que esta artima_a fue tomada con el fin de llevar a todos los indios a morir por los intereses capitalista, donde las transnacionales se peleaban la hegemon¡a del derecho a la explotaci¢n de los diferentes territorios. No es extra_o que el istmo americano fuese destruido y transformado en moltiples naciones, tituladas Republicas Bananas, Aqu¡, cada transnacional decidi¢ tener su propio pa¡s. Es as¡ como han dividido el continente en Repoblicas Esta_o, Repoblicas Cobre, Repoblicas Madera, Repoblicas Uvas, Repoblicas Vino, Repoblicas Pescados, Repoblicas Electricidad, Repoblicas Bananas y otras tantas repoblicas materia prima y administradas por un banco internacional.
La lucha ind¡genas, desde el polo sur al polo norte, pas¢ por las mismas t cticas de control y apaciguamientos. Pese a que existieron moltiples intentos de controlar a los ind¡genas, en el sur de Chile, la guerra de desgaste impon¡a la necesidad de establecer un modo de apaciguamiento que permitiera el desarrollo de las nuevas clases sociales, que lentamente cambiaban las sandalias por finos calzados y tules de Francia y, que ve¡an la necesidad de extender sus fronteras para poder comercializar y explotar los ricos territorios.
Es as¡, que entre los intentos de sometimiento mediante la v¡a del parlamento, que era un modo de dialogo que trataba de convencer mediante la raz¢n, por sobre la v¡a de la fuerza, especialmente el parlamento de 1726, el que arrojo resultados parciales y que solo beneficiaban al invasor.
Fue en 1793, cuando se celebr¢ en Chile el tratado de Quilin y Negrete que se establece el apaciguamiento de los indios, un tratado que m s tarde los llevar¡a casi al la extinci¢n. Aqu¡ se reonen a parlamentar los blancos y los indios, logr ndose pactar una paz que conclu¡a con la asignaci¢n de territorios a los ind¡genas en la llamada Araucan¡a. Aqu¡ podr¡an vivir y mantener sus sistemas de gobiernos, los que se sosten¡an bajo una sociedad de cooperativismo y donde nadie era propietario de la tierra, es decir un socialismo primitivo.
Las mismas astucias se celebran en los Estados Unidos, durante la misma ‘poca, despu’s que P¢ntiac, el gran capit n guerrero encabezara a los ottawas en la guerra india de 1763.
Durante la guerra del 1763, P¢ntiac barri¢ los estado de Tennessee y Pennsylvania, pasando por la l¡nea del r¡o Ohio hasta sitiar el Fuerte Pit (Fort Pit). Aqu¡, durante esta batalla decisiva, se produce la primera guerra bacteriol¢gica que conoce la humanidad. Los capitalistas deciden, al verse amenazados, tirar fresadas infectadas con la viruela a los indios que se encontraban fuera del Fuerte y de esta manera, bajo el fri¢ invierno, logra destruir las fuerzas revolucionarias. ¥As¡ pas¢!. Los indios sufren el desgaste producto de la contaminaci¢n y los ingleses terminas masacrando como bestias a los indios; P¢ntiac se pierde entre los bosques occidentales del estado de Illinois hasta ser, m s tarde, asesinado en 1769.
Cuando se establece en 1776 la paz con los Indios en Chile, esto implic¢ un desarmen y tregua para el capitalismo, el que volvi¢ a arremeter contra los ind¡genas, desplaz ndolos a los territorios m s inh¢spitos del pa¡s, ubicados en las selvas del sur, que los ingleses y los espa_oles se bat¡an en conquistar para la corona de las emergentes transnacionales. Este mismo episodio fue establecido en los Estados unidos, durante el gobierno de Andrew Jackson, quien, mediante la ley del 10 de marzo de 1830 que autoriza desplazar a los indios en tierras al oeste del r¡o Mississippi. Tales pr cticas fueron silenciosamente llevadas a cabo por los ingleses y los franceses en Canad , y con la ayuda del protestantismo y del catolicismo. Ahora, no es extra_o que en Chile, en la actualidad, se vuelva hablar de desplazar a los indios a la IX regi¢n mientras se les niega el derecho a la tierra, y sobre sus territorios, se construyan represas hidroel’ctricas que borraran sus vestigios culturales.
Cuando hablamos de las luchas de liberaci¢n en Am’rica latina, hablamos de la independencia de nuestras naciones y con ellas, de la independencia de los diferentes grupos y etnias, como tambi’n, el reconocimiento a las lenguas y la necesidad de rescatarlas de la destrucci¢n capitalista.
Ahora, tenemos que dejar en claro, que antes que existiera el «Apartheid» en -frica, ya exist¡a en Am’rica el sistema de segregaci¢n humana, expresi¢n que se ha ido repitiendo a trav’s de los a_os y que los europeos hace poco vivieron con la segunda guerra mundial.
Frente a esta problem tica de los indios, Jos’ Mart¡, en un articulo publicado en La Naci¢n de Buenos Aires, se refiere el 4 de diciembre de 1885: «Lo apresan en un espacio estrecho, donde se revuelve entre sus compa_eros acorralados, con todo el horizonte lleno de traficantes que le venden cachivaches relucientes y armas y bebidas.»
Acaso esto no lo conocemos en Europa contra los jud¡os, donde el capitalismo en su gran crisis, cre¢ esta guerra que llev¢ a grandes multitudes a la muerte y en beneficio del capital. Acaso este apartheid de los negros en Sud frica y los ghettos de los jud¡os en la Europa fascista, las reducciones ind¡genas en Am’rica latina y la segregaci¢n de los palestinos no tienen algo en comon? Sin dudas que la respuesta es el imperialismo capitalista.
Ahora, estos mismos criminales sostenedores del capitalismo y que llevan a las naciones a las guerras raciales cuando ven amenazados sus derechos a la explotaci¢n, son los primeros en hablar de derechos humanos cuando ven la posibilidad de debilitar a las fuerzas que se oponen a sus pr cticas de odio, con el fin de que estas fuerzas sociales no adquieran alguna ventaja anticapitalista. Estas manifestaciones indigenistas del capitalismo, las vimos en Nicaragua, donde los capitalistas reclamaron ante las Naciones Unidas el derecho de los indios misquitos.
Fue muy curiosa la operaci¢n de los «green-go» de los Estados Unidos, como tambi’n, de otros que cayeron en el juego. Bajo esta operaci¢n, estaban a punto de lanzarse a la guerra en beneficio de los derechos de estas minor¡as misquitas, que hasta esa fecha, ellos nunca hab¡an tomado en consideraci¢n, pero, en esos momentos, les eran de gran utilidad en la lucha contra el «Comunismo». Finalmente, cuando las razones eran demasiado burdas y era imposible demostrar lo contrario de los que dec¡an y peor, cuando esta manifestaci¢n humanista daba pretexto para agitar la situaci¢n ind¡gena en los mismos Estados Unidos, los pol¡ticos estadounidenses, con su cristianismo protestante, decidieron comprar a los mestizos y a los mercenarios blancos para llevarlos a una miserable guerra de hermanos contra hermanos, todo esto con el fin de defender el derecho de las trasnacionales a explotar un territorio y a su gente.
Han pasado los a_os y la naci¢n defensora de los derechos de los indios misquitos, la que un d¡a estuvo a punto de ir a la guerra para defender los derechos de estas minor¡as, hoy, cuando los indios misquitos se mueren de hambre y enfermedades, como todos los indios del continente, nadie, ni los m s grande humanistas del capitalismo hablan sobre ellos. ¥Que curioso!
Ahora, el mismo caso lo vemos en Colombia, donde el capitalismo se disputa un f’rtil territorio, rico en recursos naturales. Aqu¡, el capitalismo con su gran influencia del d¢lar actoa en beneficio de las minor¡as negras, mientras mantienen sus bantustanes a los indios de los estados del norte y todav¡a reclaman sus derechos, sin que nadie los escuche. EL capitalismo, a trav’s de las ONG, bajo el eslogan del «Civilismo», invierte grandes sumas de dinero en la penetraci¢n ideol¢gica de las minor¡as negras, todo con el fin de contribuir a establecer un muro contra el avance del «comunismo» y en clara defensa, al mismo estilo de ayer, de un desenfrenado capitalismo que no hesita en matar a los ni_os sin casas, que duermen en las calles de Cali, s¢lo por el hecho de afear el rostro de las calles y los barrios elegantes.
La situaci¢n de las minor¡as en Colombia y los ind¡genas en Nicaragua, es la misma y es la misma historia de siempre.
¨Pero, como es posible que hoy hablen de los derechos ind¡genas en Colombia, cuando en Guatemala, que es una naci¢n con el 90% ind¡gena es gobernada por un 10% de blancos? +Acaso nadie se ha dado cuenta de esta realidad? ¨Porqu’ nadie reclama por los m s de 300.000 (trescientos mil) indios muertos en la reciente sublevaci¢n? Pues bien, los campeones del tiro a mansalva decidieron silenciar el asunto al otorgarle el Premio N¢bel de la paz, a una india, la que ser¡a obligada a silenciar a su propia gente al llamar a la lucha pacifista y al di logo. Los di logos no son m s que treguas que se toma el capitalismo con el fin de arremeter, posteriormente, con mas fuerza.
La pregunta que asalta a mis sentidos es: ¨Porqu’ Colombia? Bien, esto me huele a Misquito.
En la medida que avancemos en nuestra lucha en pos de un movimiento amplio que permita defender sincronizadamente los intereses de los despose¡dos, en franca lucha por la libertad, avanzaremos en nuestra lucha contra la segregaci¢n racial, el apartheid latinoamericano y las nuevos bantustanes del capitalismo, como tambi’n, en lo fundamental, en pos de la independencia incondicional de los pueblos ind¡genas y otros pueblos, no como una caridad social-marxista o caridad social cristina, conocida como indigenismo, sino como una forma de lucha antiimperialista. De la misma forma como luchamos por la independencia del pueblo palestino, sin ser palestinistas; de la forma que defendemos la independecia cubana, sin ser cubanistas; de la misma forma en que estamos contra la cruenta guerra impuesta al pueblo colombiano, sin ser colombianistas. Hoy tenemos que luchar por las naciones ind¡genas, sin ser indigenistas, sino por reconocer el leg¡timo derecho a la autodeterminaci¢n de los pueblos, tomando en cuenta que nuestro enemigo es el imperialismo, el que siempre se preocupa de crearnos un adversario interno y hoy, el indigenismo no es m s que un «Caballo de Troya» que trata de dictar a los pueblos ind¡genas, con asistencia de las ONG, el camino a la libertad.
(Poema, fragmento XXXV)*
¥Oh P¢ntiac!
¥Labriego de nieve y barro!
Mira lo que han hecho con nuestras manos,
los mismos que borran tu imagen
con la mec nica desdentada de la rueda
y hoy, apresurados,
estatuas sin pupilas te levantan.
H’roe dormido
en el mito de un coagulo
Ahora,
General descalzo,
despu’s de los residuo de los incendios,
desde m s all de la arquitectura del polvo;
aquellos que prohibieron tus ojos y hoy
niegan nuestro amanecer,
te traen, arrastrando como a un trofeo,
al rect ngulo de la derrota.
¥P¢ntiac!
¥P¢ntiac!
Desciende los pelda_os del humo,
trae hasta la fisura de la espiga
el agua de nuestros caudales que mueren,
y el fuego de las almas que se secaron
de tanto esperar con los dedos rotos
el prodigio de la libertad.
¥Oh esp¡ritu de una cuerda rota!
Mu’stranos tu garganta
y h cenos cantar.
Fundido hermano de la nieve;
surco horizontal de flechas en el ‘ter.
¥Oh maestro m¡o!
Guerrero transparente;
prior del viento, del agua
y del que sufre en su tierra, despojado;
pabell¢n del cielo que duerme
en las fauces de un profundo armario
de fr giles l grimas amarillas;
amanecer de polen y desolaci¢n
en el abismo et’reo del ojo;
heredero absoluto de nuestro imperio
derramado en las suspendidas norias
del firmamento majestuoso.
¨D¢nde est s?
Estirpe de piedra y fuego;
sapiencia mutilada en las enciclopedias;
instructor callado de la liturgia
de nuestros dioses desaparecidos.
¨D¢nde est s?
Al indio heredero de la tierra
hija del marfil espiral de la patata,
que estableci¢ la magia de un parlamento oral
con las almas de nuestros tambores,
le desvanecieron el rostro con un artefacto
y luego, en la esclavitud de nuestras tierras,
lo sangraron de nuestro l’xico americano.
¥Oh silabario de libertad,
que duerme
entre los estantes vitalicio de las cenizas!
+En qu’ subrepticio fue enredada tu dentadura?
¨D¢nde fue inventado tu nombre insonoro?
¨Qui’n te castig¢ en el olvido?
¥Flecha de nieve!
Yo viajo a las arterias del olvido
al holocausto bendito de Am’rica
y pido perd¢n por el silencio sonoro
de las sangradas naciones latinas,
que en la servidumbre a tu verdugo,
olvidaron el nombre de tus capitanes.
Estrellado asistente de las cascadas,
mira tu boca que roda en la huella
de una espada_a de hojas secas
y asciende a nuestro ma¡z
a fraguar tu diente fracturado.
¨D¢nde est s?
+En qu’ tumulto te crucificaron?
¥Oh fundido esp¡ritu del hielo
que danza en el colmillo del azufre!
Parlamentario del humo en las hogueras
desatadas en las sumergidas praderas de la noche;
tus manos hilando la formaci¢n helada del cuarzo
sobre la calma invernal de los lagos polares,
volver a los bosques del sur,
descender a los metales sangrientos
de nuestras entumidas profundidades;
ascender las crestas de nuestras capitan¡as andinas,
subir al tacto de nuestros pechos vac¡os,
al aire, al oc’ano robado,
para compartir el paralelo que existe
entre nosotros y los p jaros.
¥P¢ntiac!
¥P¢ntiac!
Trae, maestro m¡o,
hasta clandestinidad de nuestro tacto,
la autodeterminaci¢n de las naciones latinas.
¨D¢nde est s?
¨D¢nde, d¢nde?
Es hora de despertar, mi general
que alguien lo espera,
y entre las sombras de Am’rica,
quiere volar como un p jaro.
