La fruición con que la gente del PP se está lanzando a las mismas, como si se tiraran a una piscina fresquita en verano, algo tiene que ver con todo aquello. No debemos olvidar que una de las bestias negras contra las que el fascismo español había montado aquella militarada era el vasquismo, acompañado como no podía ser de otra manera por el catalanismo. Ahora, usando las urnas como martillo exterminador, el PP pretende aniquilar el sentimiento vasquista, o nacionalista vasco como ôellosö predican sin ser capaces de diferenciar una cosa de la otra û son demasiado primarios para tener en cuenta tamaña sutileza û, y hacer que aquello vuelvan a ser las españolísimas ôProvincias vascongadasö, aquel lugar donde en algunos valles se hablaba una jerga pintoresca, el ôvascuenceö, como nos enseñaron en la escuela cuando el franquismo tenía aun pocos años de vigencia. Su candidato, Mayor Oreja, ya se ve oficiando de ôlehendakariö, lo que no deja de constituir un sarcasmo vista la falta de una perspectiva mínimamente respetuosa con el hecho diferencial vasco de quien aun es Ministro del Interior del Gobierno de Madrid – por lo menos aun lo es mientras escribo estas l¡neas – y no deja de hacer constantes demostraciones de su falta de sensibilidad hacia este hecho. La verdad – todo hay que decirlo, en este caso con toda la humildad del mundo – es que este se_or, cuando fue nombrado para el cargo que ha estado ocupando desde el a_o 1996, a mi me parec¡a de lo mejorcito que ten¡an los «peperos»; uno de los que ven¡an a demostrar en la pr ctica, junto con alguna que otra «rara avis» como Ruiz Gallard¢n o Pimentel – por poner un par de ejemplos -, el giro al centro del que tanto alardeaba Aznar como propio de su partido, bien el contrario de otra gente, compa_eros suyos de gobierno, como -lvarez Cascos, Mariscal de Gante, Aguirre, Tocino, etc. Pero con el tiempo y una ca_a el buen se_or – es un decir – se ha encargado de hacerme tragar gaznate abajo esta opini¢n m¡a, a base de haberse convertido, juntamente con su pintoresco l¡der, en el principal abanderado y propagandista de la «Espa_a Una».
No parece que est’n por la misma labor los socialistas vascos, aunque en su seno no se note demasiado la presencia de los restos de aquella «Euskadiko Ezquerra», que en sus buenos tiempos hab¡a liderado Bandr’s, en sus inicios con m s de una concomitancia con los «poli-milis» de ETA (organizaci¢n distinta de ETA-militar que es la que no se disolvi¢ y aun sigue matando). Desde el punto de vista de eso del centralismo, parecen m s alineados con sus colegas del centro y el sur que no con los de Catalunya – donde la sensibilidad catalanista nunca ha dejado de tener protagonismo, ni que comparta mesa con otras sensibilidades -, pero en cambio parece que apuestan por reconducir el tema del gobierno aut¢nomo, no en un sentido netamente centralista como los del PP sino en otro de ra¡z autonomista «constitucional», para entendernos, aunque muy y muy alejada del soberanismo de los partidos nacionalistas, pero precisamente con estos oltimos como futuros socios. Un gobierno plural en m s de un sentido, que creo que representar¡a bastante bien lo que es realmente el Pa¡s Vasco.
Me preocupa el hecho de que los bestias de ETA les hagan el favor a los del PP de darles suficiente margen de maniobra como para hacer y deshacer. No quiero decir que ganen, que sinceramente no lo creo, pero s¡ que est’n en una posici¢n capaz de mantener en crisis permanente a las instituciones vascas de autogobierno. De hecho, los onicos beneficiarios de tal situaci¢n ser¡an sin duda los nacionalistas radicales, que tendr¡an as¡ el caldo de cultivo perfecto para adoctrinar a los m s j¢venes en la bondad del: «no hay otro remedio, ya pod’is ver que eso de la democracia es malo para el Pa¡s Vasco, s¢lo hay que ver como lo manejan todo los enemigos de la patria vasca». A ratos tengo la sensaci¢n de que los fascistas de ETA tratan precisamente de llevar las cosas hacia estos andurriales, dentro de aquella estrategia tan trillada del «como peor, mejor», que de tanto en tanto enarbolan los m s radicales, m s, cuanto m s partidarios sean de formulaciones m s caducadas que un yoghurt del verano pasado – de ra¡z marxista-leninista – como los etarras y batasunos.
Jordi Portell
