Consumir colágeno no significa que esta proteína se incorpore directamente a la piel o a las articulaciones. Esa distinción resulta fundamental para valorar las propiedades atribuidas al caldo de huesos y a los suplementos, dos productos que han ganado popularidad con promesas de rejuvenecimiento y mejora de la salud ósea y articular. Según explica Antonio Zoido, profesor de la Universidad Europea de Andalucía, la evidencia disponible exige diferenciar su aportación nutricional de unos efectos que no siempre están demostrados.
Durante la digestión, el colágeno se descompone principalmente en aminoácidos que el organismo utiliza según sus necesidades. Su consumo, por tanto, no asegura una mayor producción en un tejido concreto. Esto no resta importancia a su función: el colágeno representa aproximadamente un tercio de las proteínas del cuerpo y proporciona resistencia, firmeza y flexibilidad a estructuras como la piel, los huesos, los cartílagos, los tendones y los ligamentos.
Su renovación es continua, aunque se produce a ritmos distintos en cada tejido. Con la edad disminuye la capacidad para sintetizarlo, un proceso que también puede verse acelerado por la exposición solar, el tabaco o una alimentación inadecuada.
En el caso del caldo de huesos, su popularidad como fuente natural de colágeno no equivale a una eficacia rejuvenecedora demostrada. «Actualmente no existen ensayos clínicos controlados en humanos, de calidad, que demuestren que su consumo mejora la piel, la densidad ósea o el dolor articular», afirma Antonio Zoido.
La composición del caldo tampoco es uniforme. La cantidad de aminoácidos relacionados con la formación de colágeno varía considerablemente según la preparación y suele ser inferior a las dosis empleadas en los estudios sobre suplementación. Su aportación mineral es limitada: según los datos recogidos en la nota, una ración proporciona menos del 5 % de las necesidades diarias de calcio y magnesio.
Eso no impide que tenga un lugar en una alimentación saludable. El docente destaca su carácter tradicional y reconfortante, su contribución a la hidratación y su aporte de algo de proteína. También señala que puede resultar útil para personas mayores con poco apetito o durante una convalecencia.
Suplementos: resultados distintos para la piel y las articulaciones
Los suplementos de colágeno hidrolizado cuentan con más investigaciones que el caldo de huesos, pero sus resultados requieren cautela. Algunos trabajos han observado mejoras moderadas en la hidratación y la elasticidad de la piel después de varias semanas de consumo.
Sin embargo, la información facilitada por la Universidad Europea de Andalucía recoge un metaanálisis publicado en 2025, con 23 ensayos y cerca de 1.500 participantes, en el que esos beneficios desaparecían al considerar únicamente los estudios de mayor calidad o aquellos sin financiación de la industria.
En salud articular, Zoido describe resultados algo más favorables. Algunas investigaciones apuntan a una pequeña reducción del dolor y la rigidez en personas con artrosis, aunque la respuesta varía entre pacientes y muchos estudios tienen una duración limitada. «Puede ayudar a algunas personas a notar menos molestias, pero no regenera el cartílago», advierte el especialista.
El profesor subraya dos limitaciones relevantes para interpretar estas investigaciones: la mayoría de los estudios duran seis meses o menos y muchos están financiados por fabricantes. Por ello, insiste en examinar la calidad de la evidencia antes de atribuir beneficios a un suplemento.
La dieta y los hábitos también cuentan
La producción natural de colágeno depende de distintos nutrientes. La vitamina C es imprescindible para su formación, mientras que el zinc, el cobre, el hierro y las proteínas participan en procesos relacionados con su síntesis y mantenimiento. El experto recomienda valorar el conjunto de la alimentación, evitando centrar la atención exclusivamente en un producto o nutriente.
También intervienen los hábitos cotidianos. Según explica, la radiación ultravioleta acelera la degradación del colágeno cutáneo, mientras que el tabaco, el sedentarismo, el estrés crónico y la falta de sueño pueden perjudicar su mantenimiento. Una dieta variada, el ejercicio adaptado y la protección solar contribuyen al cuidado de los tejidos.
Respecto al consumo, Zoido aconseja revisar la sal de los caldos comerciales, especialmente en personas con hipertensión o enfermedad renal, y comprobar el origen y la calidad de los suplementos ante posibles alergias o interacciones con otros componentes. Recomienda asimismo que las embarazadas, las personas con enfermedades renales y quienes toman varios medicamentos consulten previamente con un profesional sanitario.
Su valoración sitúa estos productos dentro de la alimentación y los cuidados generales: ni el caldo de huesos ni los suplementos sustituyen una dieta equilibrada, la actividad física, el descanso y la protección frente al sol y al tabaco.
Artículo e imagen redactado con asistencia de IA (Ref. APA: OpenAI. (2026). ChatGPT (versión no especificada, 16 de octubre)).
