¿Por qué unas mujeres con endometriosis padecen dolores intensos mientras otras, con lesiones aparentemente similares, apenas presentan molestias? El tamaño y la cantidad de esas lesiones no siempre explican la diferencia. Un estudio publicado en Nature Communications aborda esta cuestión desde la organización microscópica del tejido: dónde se encuentran sus células y qué señales podrían intercambiar. El trabajo identifica características compartidas entre lesiones ováricas y peritoneales, con especial atención a la proximidad entre componentes nerviosos e inmunitarios.
La enfermedad afecta aproximadamente a 190 millones de mujeres en edad reproductiva, según la Organización Mundial de la Salud. Se caracteriza por la presencia de tejido similar al revestimiento interior del útero fuera de este órgano, especialmente en los ovarios y en el peritoneo, la membrana que recubre la cavidad abdominal. Puede provocar dolor pélvico y problemas de fertilidad, aunque sus manifestaciones varían entre las personas afectadas.
Para examinar las lesiones, los investigadores utilizaron transcriptómica espacial, una técnica que permite estudiar la actividad de los genes conservando la información sobre su ubicación en el tejido. El análisis incluyó cuatro lesiones ováricas y cuatro peritoneales superficiales, divididas digitalmente en aproximadamente 2,62 millones de pequeñas regiones de ocho micrómetros de lado. Cada micrómetro equivale a una milésima de milímetro. Esa resolución permitió relacionar las señales genéticas con lugares concretos de las muestras; mediante técnicas complementarias de identificación de moléculas y proteínas, el equipo pudo caracterizar también sus distintos componentes.
El mapa mostró una organización en torno a las glándulas epiteliales, con una disposición semejante a anillos concéntricos. Alrededor aparecían dos capas con células que contribuyen a sostener la estructura del tejido, acompañadas de vasos sanguíneos, vasos linfáticos y células inmunitarias. El patrón se repetía tanto en las lesiones del ovario como en las del peritoneo.
La localización de las células nerviosas permitió explorar su posible relación con el dolor. En aproximadamente el 18 % de las regiones clasificadas como neuronales se identificaron señales genéticas compatibles con nociceptores, las neuronas relacionadas con la percepción de estímulos dolorosos. Cerca del 40 % mostraba señales de mecanorreceptores, especializados en detectar estímulos físicos como la presión o el estiramiento.
Estos porcentajes son estimaciones basadas en actividad genética, no un recuento directo de neuronas.
En sus proximidades se localizaron macrófagos y mastocitos, células del sistema inmunitario que participan en la respuesta inflamatoria. Al analizar las moléculas que pueden intervenir en la comunicación celular, los investigadores encontraron indicios de un posible intercambio de señales entre los componentes nerviosos e inmunitarios. Esa relación ofrece una vía para seguir investigando cómo se produce el dolor asociado a la enfermedad, sin que la cercanía observada permita, por sí sola, establecer qué mecanismos lo causan o explicar las diferencias entre pacientes.
El trabajo examinó también los folículos ováricos, las estructuras donde maduran los óvulos. Los más próximos a las lesiones presentaban menor actividad del gen de la hormona antimülleriana, relacionada con la reserva ovárica. La observación plantea la posibilidad de que el entorno de las lesiones altere el funcionamiento de los folículos cercanos, pero no demuestra una relación causal ni permite concluir que los óvulos hayan perdido calidad.
La aportación del mapa consiste en precisar la ubicación de posibles participantes en estos procesos y señalar relaciones que merecen estudiarse. No identifica una causa definitiva del dolor ni acredita un tratamiento concreto. La experiencia de quienes conviven con la enfermedad sigue siendo otra parte esencial de su comprensión: la actriz y directora Lena Dunham relató en Vogue el esfuerzo que le había supuesto conseguir que se reconociera su dolor.
Artículo redactado con asistencia de IA (Ref. APA: OpenAI. (2026). ChatGPT (versión no especificada, 3 de noviembre)).
Ref. https://theconversation.com/el-nuevo-mapa-del-dolor-de-la-endometriosis-293847
