Eran poco menos de la 5 de la mañana (del 11 de septiembre de 1973) cuando sonó el despertador. Mi compañero de camarote saltó de la cama y fue al baño. +l era el tercero en el mando del Grupo y ese día iba a tener una tarea pesada.
Había que ducharse, afeitarse y vestirse lo más rápidamente posible. Esa mañana se habló muy poco. Fue como cuando éramos cadetes de la Escuela de Aviación: todo debía ser muy rápido y en silencio.
Sin duda que el entrenamiento constante rindió sus frutos y nadie perdió el tiempo en nada. A las 5.15 de esa mañana fría ya estábamos tomando el frugal desayuno. No se debe comer mucho por las mañanas cuando hay que subir por sobre los 30.000 pies, so pena de que los intestinos amenacen estallar.
Cuatro Hawker Hunter fueron armados con 32 cohetes Sura cada uno. Al avión del sublíder (el que vuela a la derecha del líder) se le habían adaptado dos modernos lanzadores franceses, los que portaban 18 unidades cada uno. Estos lanzadores estaban recién llegados a Chile, por lo que aon no dispon¡amos de informaci¢n t’cnica completa, pero nuestro ingeniero se las hab¡a arreglado para compatibilizar el soporte del cazabombardero (pil¢n) con el lanzador y lo mismo hab¡a hecho con el conector el’ctrico.
En ese tiempo nuestros aviones volaban permanentemente con la munici¢n a bordo, de manera que no fue necesario bajar los packs de ca_ones para cargarlos. El Hunter era como una pistola a la cual se le puede cambiar el cargador una vez agotado el que est instalado.
A las 06.45 horas del Once los aviones ya estaban listos para ser operados. El personal de vuelo, los armeros, los especialistas de sistemas todos hab¡an trabajado r pidamente y con gran precisi¢n. La primera bandada deb¡a despegar a las 07.30.
Es norma y tradici¢n de las Fuerzas Armadas de nuestra Patria que en combate el Comandante vaya siempre a la cabeza. As¡ que yo fui a la cabeza de mi gente.
Nuestra misi¢n era silenciar seis radioemisoras de Santiago y luego permanecer media hora sobre la ciudad para el caso que se dispusiese otro objetivo por parte del puesto de mando y control, ejercido desde la Academia de Guerra por el propio comandante en jefe.
A las 07.00 reunidos los miembros de la bandada, repasamos las disposiciones, asignaci¢n de blancos y las condiciones meteorol¢gicas.
Santiago estaba cubierto con altos comulos a 20.000 pies y hab¡a otra capa m s baja a unos 8.000. Adem s era factible que encontr semos un poco de neblina en el valle de la gran capital.
Nuestros blancos propiamente tales ser¡an las antenas de las radioemisoras y no las casas donde operaban los transmisores, para evitar muertes y la destrucci¢n del equipo electr¢nico all¡ existente. S¢lo hab¡a que silenciarlas.
Nuestro armamento a usar fue el cohete Sura de 8 cent¡metros de di metro,el cual posee una carga explosiva de una 350 gramos de explosivo; el cohete Sneb de 6 cent¡metros de di metro y el proyectil de 30 mil¡metros que arma a los cuatro ca_ones Aden del avi¢n, proyectil que posee una carga de unos 60 gramos de explosivo. La caja de municiones tiene una capacidad de 200 tiros. Esos ca_ones tienen una cadencia de fuego de 1.400 tiros por minuto, lo que le da al Hawker Hunter la sorprendente cadencia de tiro total de 5.600 proyectiles explosivos por minuto.
A las 7.05 abordamos los aviones, siendo asistidos por los mec nicos de cada aeronave. En nuestras alas estaban instalados los verde oliva cohetes de guerra. Era la primera vez que el Grupo 7 operaba en una misi¢n real de ataque a blancos terrestres.
Los estanques externos estaban a full de combustible, porque deber¡amos permanecer bastante tiempo sobre Santiago despu’s de derribar las antenas.
Esto, que dicho as¡ podr¡a parecer algo bastante rutinario, no lo era,porque las antenas de las radioemisoras son m stiles bastante angostos.
Darles con un cohete, mientras el avi¢n se acerca a 420 ¢ 450 nudos,requiere pilotos de muy alto nivel de entrenamiento y condiciones b sicas sobre lo comon.
Para impactar en un blanco con un cohete se requiere poder poner el avi¢n en una ventana muy estrecha, en que el ngulo de descenso, la velocidad indicada y la distancia al objetivo deben coincidir simult neamente en un mismo momento, en que la peper (punto central de la mira) est fijada en el blanco.
A las 07.10 di la orden de la puesta en marcha de los motores, lo que en este avi¢n es un proceso bastante r pido: no m s de 7 u 8 segundos, para tener la turbina a ralenti.
El despegue se produjo a las 07.20, previa comprobaci¢n de que el indicador de presi¢n hidr ulica del freno izquierdo permanec¡a en cero,lo que normalmente habr¡a significado abortar la misi¢n. Sin embargo,decid¡ seguir adelante y arriesgar problemas para detener el avi¢n de aterrizaje.
Despegamos uno por uno para reunirnos en formaci¢n de combate rumbo a Santiago. Recuerdo, como si fuese hoy, mi coraz¢n galopando como nunca en mi vida. Nada de esto era normal ni previsible…
Tras el despegue, encend¡ y puse el setting de la mira y coloqu’ los circuitos de tiro en posici¢n. Ya los dados estaban echados, y s¢lo un milagro habr¡a podido detener ese ataque.
Doce minutos despu’s del despegue efectu’ mi primer contacto con el puesto de mando , cuando ya la bandada estaba en formaci¢n de combate y volando a 35.000 pies de altura. Nuestra velocidad estaba cercana a los 500 nudos y en mi cabina hab¡a un silencio casi total. S¢lo sent¡a mi coraz¢n dando tumbos, y mis pensamientos rebotando con estruendo por todos lados.
Pocos minutos despu’s arribamos al VOR de Maipo, y sin efectuar el procedimiento standard, inici’ una penetraci¢n r pida rumbo a la Radio Corporaci¢n. Poco antes de ello la formaci¢n se hab¡a reunido, de manera que vol bamos ala con ala.
As¡ bajamos a m s de 15.000 pies por minuto, cruzando la capa de nubes que estaba a 20.000 y seguimos para atravesar otra capa que estaba como a 8.000 pies, en s¢lo pocos segundos. Salimos abajo a 5.000 ¢ 6.000 pies y entonces, sin voz de mando, los aviones de la formaci¢n se abrieron,dirigi’ndose cada uno a su blanco.
El m¡o lo ten¡a al frente y su propia transmisi¢n me guiaba indefectiblemente a ‘l. La radio comp s del avi¢n marcaba hacia mi destino.
Cuando pas’ sobre la estaci¢n, a unos 1.500 pies sobre el terreno, la aguja del equipo dio una vuelta r pida indicando hacia atr s. Era el momento. Debajo estaba la antena de la Corporaci¢n y ese era mi objetivo.
¥Distancia de tiro! Aprieto el disparador y ocho cohetes se alejan de m¡ r pidamente a la base de la antena. La casucha vuela en pedazos sin que yo sienta ruido alguno. La estaci¢n calla casi totalmente.
Levanto la nariz del avi¢n y en segundos estoy a 20.000 pies. Entonces reduzco la potencia al m¡nimo para economizar combustible y entro en contacto con Gato.
-Libra l¡der a Control Gato, la Corporaci¢n ya est totalmente fuera del aire, cambio.
-Recibido Libra l¡der. Libra 2 tambi’n ya bati¢ su blanco. Falta saber del 3 y 4. Deme su posici¢n y altura Libra l¡der, cambio.
-Estoy orbitando sobre el centro a 20.000. ¨Qu’ ha pasado?, cambio.
-La resistencia ha sido casi nula, pero el Presidente todav¡a est en La Moneda. Hay gente disparando desde all¡ y tambi’n desde el techo del edificio del Banco del Estado y de algunos ministerios. Pero eso es asunto de los militares que est n en ese lugar. Los UH-1H (helic¢pteros) del Grupo 10 se encargar n de los que est n en las techumbres.
Por el momento, las poblaciones est n tranquilas y los familiares de los FACH se encuentran sin problemas. Se han emitido tres bandos y la gente ya sabe a qu’ atenerse y qu’ es lo que pasa. En provincias todo est casi normal.
Pienso en nuestros oponentes y siento que deben estar angustiados,algunos aterrorizados y sufriendo. Eso no me gusta. Preferir¡a tener que haber enfrentado a adversarios en el aire. Ah¡ nadie tiene tiempo para asustarse ni sufrir: se derriba al adversario o ‘l nos derriba, pero es un combate casi como el de los caballeros antiguos con sus lanzas,escudos y corceles embisti’ndose limpiamente sin emboscadas ni trampas.
Pero estoy seguro de que esto era necesario. Muy necesario para evitar que la familia chilena tomara las armas y se autodestruyese. Pienso que estamos evitando que gente sin ‘tica ni moral, como son todos los terroristas y guerrilleros del mundo, se adue_asen del pa¡s y asesinasen a miles de inocentes e indefensos, s¢lo por el hecho de ser gente que piensa distinto.
Ya lo hab¡a pronosticado as¡ el Secretario General del Partido Socialista y lo hab¡an escrito en todas las paredes de Chile los del MIR y los otros enfermos, alienados que formaban en las filas de la locura.
