Es ético atacar el mal en su raíz antes que éste pueda ser algo irreparable. Sin embargo, aquí arriba, lejos de la gente, aislado del temor y de los odios desatados de toda índole, me siento triste por mi Patria.
Una operación de cáncer requiere cortar y mutilar mucho. Extirpar el mal. ¿Cuánto será necesario cortar ahora y qué tal lo hará el cirujano? Me preocupa la respuesta, aunque pienso que los mandos institucionales tienen experiencia para hacer lo estrictamente necesario y correcto.
Tengo la perspectiva exacta desde lo alto a bordo de mi avión, y la lucha que veo abajo me parece dramática para la historia nacional. Creo que dejará una profunda huella en el chileno. Ojalá no lleguemos nuevamente una situación en que los corazones llenos de odio y aquellos que explotan el odio sean los que tomen el mando, porque entonces, o los chilenos tomarán las armas para matarse unos a otros, o habrá otro Libra dando por aquí vueltas y haciéndose las mismas preguntas.
-Libra l¡der, este es Gato, pase con Los Cerrillos y aterrice ah¡,cambio.
-Recibido, Gato, paso con Cerrillos, cambio y fuera.
Poco despu’s de las 10 de la ma_ana ya iba despegando rumbo a Concepci¢n y pude comprobar que, fuera de los dos o tres incendios en el Cord¢n Cerrilos, no se ve¡an m s signos de destrucci¢n en todo el sector Sur de Santiago.
Como siempre, encumbr’ mi avi¢n por sobre los 30.000 pies y trate de evadirme un poco de los sucesos del d¡a que, lo quisiera o no, me ten¡an un poco «bajoneado».
Creo que para la mayor¡a de los uniformados no debe haber sido motivador combatir contra compatriotas. No lo fue en 1891 y no lo fue en 1973.
Menos aon teniendo conciencia, como yo la ten¡a entonces y lo compruebo hoy, que a la vuelta de unos 10 o 20 a_os, los tiburones volver¡an a ensuciar la Patria.
El vuelo a Concepci¢n, como de costumbre, fue muy corto. Mientras estaba sobre Constituci¢n me llam¢ Gato para informarme que el comandante en jefe (Leigh) hab¡a dispuesto el ataque a La Moneda y a la casa de Tom s Moro, que era la presidencia normal del Presidente Allende y donde funcionaba una escuela de guerrilleros.
Poco despu’s de aterrizar en Concepci¢n se realiz¢ la IP con los pilotos que conformaban la bandada de ataque de cuatro Hawker Hunter.
Uno de los pilotos, un oficial muy profesional y de probado criterio, me dijo que pensaba que se deber¡an emplear cohetes y no bombas contra la sede presidencial, dada la proximidad de edificios altos en el rea c’ntrica. Estuve de acuerdo con ‘l, porque si se lanzaban bombas la destrucci¢n ser¡a total y las esquirlas alcanzar¡an a todos los edificios cercanos, por lo que la posibilidad de muchos muertos y heridos era muy factible.
Como la raz¢n para tal ataque era convencer al Presidente que toda la resistencia era inotil y no la destrucci¢n total de La Moneda, entonces los cohetes plantear¡an una soluci¢n menos complicada y destructiva, y sin arriesgar vidas humanas.
Entonces concord’ con lo planificado, decisi¢n que involucraba el uso del Sura P-3 que era un arma antiblindaje y que, por lo tanto, ser¡a capaz de perforar las gruesas paredes del edificio.
Dos aviones atacar¡an La Moneda y los otros dos, Tom s Moro. Se fijaron los ejes de ataque a cada blanco.br> El ataque a La Moneda ser¡a de norte a sur y el de Tom s Moro de oeste a este. Este oltimo objetivo ten¡a la particularidad de que inmediatamente detr s de la casa hab¡a un colegio de monjas, por lo que habr¡a que extremar las precauciones.
Quiz s con un avi¢n contra Tom s Moro habr¡a bastado, pero la orden era asegurar los blancos. En esta bandada se incluy¢ a un oficial del Grupo 9, lo que constituy¢ un error nuestro, dado que se trataba de un oficial muy joven y con poca experiencia para identificar blancos dentro de la gran ciudad, lo que despu’s nos trajo problemas.
Los cuatro Hawker Hunter despegaron poco antes de las 11 horas. Al pasar sobre Constituci¢n nuevamente vino el contacto con el puesto de mando y control. En este punto Gato orden¢ apurar el ataque.
El mando quer¡a que la situaci¢n se despejara lo antes posible.
Justo a las 11.20 se hizo una pasada de estabilizaci¢n sobre La Moneda y luego, virando a la izquierda en 180 grados. Los dos Hawker Hunter se alejan a tres kil¢metros al norte para tomar el eje de ataque a 3.000 pies sobre el objetivo.
Ambos aviones se separaron un kil¢metro, para atacar individualmente.
El Avi¢n 1 efectu¢ el primer ataque pocos minutos antes de las 11.30. Los cohetes fueron lanzados desde casi al pasar sobre la Estaci¢n Mapocho y la poca gente que hab¡a ah¡ sinti¢ dos explosiones: la primera como producto del paso de la velocidad del sonido de los cohetes, y la segunda, por la explosi¢n misma de ellos en el blanco.
Esta primera incursi¢n dio contra el frontis norte de la sede de Gobierno, destruyendo la gran puerta y las dependencias que estaban en los costados. Como los Sura P-3 atravesaron las paredes y la puerta, y despu’s explosaron, la destrucci¢n interior fue muy grande, pero ninguna esquirla sali¢.
Segundos despu’s atac¢ el Avi¢n 2, que lo hizo con mayor ngulo, por lo que sus cohetes entraron por el techo. El incendio fue instant neo.
Los Hawker Hunter efectuaron una nueva corrida, esta vez contra el segundo cuerpo del edificio, el que queda entre el patio de los naranjos y el de los ca_ones. En este ataque lo hicieron nuevamente con mayor ngulo, impactando ese sector en la parte alta del edificio. Los cohetes explosaron en el interior y provocaron nuevos incendios, con total precisi¢n en los blancos.
En la tercera pasada, uno de los cohetes rebot¢ en una de las g rgolas del techo y sigui¢ su trayectoria hasta pegar en una oficina del segundo piso de la Canciller¡a. Era una dependencia donde normalmente deben haber trabajado secretarias, porque hab¡a varias m quinas de escribir, las que quedaron totalmente destruidas al igual que la totalidad del mobiliario.
Los aparatos hicieron una oltima pasada con cohetes y luego otra empleando los cuatro ca_ones de 30 mm cuyos impactos -como comprobar¡a diez d¡as despu’s- no hicieron ningon da_o extra a La Moneda.
A estas alturas el Palacio de Gobierno ard¡a totalmente, pero ni siquiera los autom¢viles que estaban estacionados frente a ella recibieron m s da_o que el provocado por los pedazos de muralla que saltaron con los impactos.
Ningon edificio de las cercan¡as, ni sus moradores, result¢ alcanzado.
Si se hubiesen empleado bombas, la destrucci¢n habr¡a sido impresionante.
Las esquirlas alcanzar¡an a todos los edificios de los alrededores,incluido el Hotel Carrera. Habr¡a sido una destrucci¢n que no guardaba relaci¢n con los objetivos que se quer¡a alcanzar, y los muertos y heridos se constituir¡an en una carga negra a acarrear por siempre.
La Moneda fue quemada por los incendios, pero no muri¢ nadie productos de este ataque a’reo. Parece incre¡ble, pero as¡ aconteci¢, porque nuestra misi¢n no fue, en ningon momento, matar gente. Si por el contrario nos hubiese correspondido enfrentar grupos de gente y puntos fuertes de resistencia al ataque, la mortandad habr¡a sido como las que hemos visto en Yugoslavia y otros puntos del orbe.
S¢lo operaron dos aviones contra La Moneda y no se usaron bombas, como en su momento afirmaron los periodistas, tanto en el extranjero como en nuestro pa¡s. Adem s los Hawker Hunter fueron operados por pilotos chilenos, de la Fuerza A’rea de Chile, y sin asistencia extranjera alguna.
En ningon momento hubo m s de cuatro aviones sobre Santiago o sus alrededores.
Terminado el ataque a La Moneda, los dos aviones fueron despachados por el puesto de mando a Concepci¢n, donde aterrizaron a las 12.10 horas.
Haciendo una revisi¢n de lo ocurrido, uno de los pilotos, muy emocionado,me dijo que le hab¡a impresionado enormemente encontrar la bandera chilena en la mira de su Hunter. Ah¡ estaba la respuesta a mis aprensiones, pero este oficial estaba consciente de que todos cumplimos con nuestro deber ese d¡a, sabiendo lo necesario que era, pero con el sentimiento hasta cierto punto traum tico de tener que actuar contra nuestra propia tierra.
Simult neamente con el ataque al Palacio de Gobierno, los otros dos Hawker Hunter de la bandada, al mando de un oficial del Grupo 7, se dirigieron hacia el sector alto de Santiago para atacar la residencia de Tom s Moro. Se informaba que hab¡an GAP y extremistas resistiendo a fuerzas del Ej’rcito. La operaci¢n a’rea ten¡a por finalidad obligar a esa gente a deponer las armas.
Hab¡a sido incluido como nomero dos de ese elemento un piloto del Grupo 9, que como ya lo expusiera, se trataba de un oficial joven y con poca experiencia en la ubicaci¢n de lugares en Santiago.
El ataque se inici¢ a la misma hora con una pasada de bajo nivel sobre la casa en forma individual y sucesiva, para lo cual los dos Hawker Hunter,previa orden del l¡der, se separaron segundos despu’s.
A partir de ese momento, el Avi¢n 2 perdi¢ de vista a su l¡der y, por lo tanto, no logr¢ ubicar bien cu l era la casa de Tom s Moro,confundi’ndola posteriormente con el hospital FACH, que en esos a_os era much¡simo m s peque_o que hoy.
Debido a ello efectu¢ el primer lanzamiento de cuatro cohetes contra ese edificio, lo que afortunadamente llev¢ a cabo con muy poco ngulo,provocando que los dos explosaran contra grandes rboles que entonces hab¡a frente al inmueble mismo, y de rebote a una citroneta. Los otros dos dieron en el segundo piso del recinto asistencial, causando grandes da_os, pero sin que resultase nadie herido por estar las dependencias desocupadas ese d¡a.
Casi inmediatamente, control Gato llam¢ al joven piloto y le orden¢ suspender el ataque porque de otra manera se habr¡an registrado lamentables consecuencias.
En el intertanto, el l¡der efectu¢ cuatro pasadas rasantes con cohetes contra la residencia, destrozando completamente esa propiedad y a un autom¢vil que estaba dentro del terreno, al costado sur de la edificaci¢n.
La gente que estaba parapetada all¡ huy¢ por la muralla trasera hacia el colegio de monjas. M s tarde, la propiedad fue allanada por fuerzas de la Escuela Militar, encontr ndose un verdadero arsenal y una provisi¢n de otras cosas.
En el ataque, como en los anteriores, no se produjeron bajas de ningon tipo, lo que a no dudar fue una gran suerte. Tampoco result¢ da_ada la propiedad privada de los alrededores ni el colegio que estaba detr s de la casa del Presidente. En la residencia de Tom s Moro no hubo incendios que arrasaran con todo, pero dentro de ella la destrucci¢n fue total.
S¢lo se salv¢ lo que estaba en los subterr neos.
Los aviones retornaron como a la 01.15 p.m. a Concepci¢n, despu’s de aterrizar en Los Cerrillos para repostar.
El Hawker Hunter del l¡der ten¡a una peque_a perforaci¢n en uno de los estanques suplementarios, como consecuencia de un disparo efectuado por uno de los defensores de Tom s Moro durante la pasada baja inicial. La aeronave fue reparada en Los Cerrillos antes del regreso a Concepci¢n.
En Concepci¢n nos reunimos, y se efectu¢ una prolija revisi¢n de lo obrado y el porqu’ de los errores.
Esa ma_ana, a partir de las 08.00 a.m. tambi’n se efectuaron los vuelos rasantes solicitados por la Base Naval de Talcahuano en diversos lugares de la zona por casi una hora y media, sin que se registrase ningon incidente.
Poco antes de las dos de la tarde llevamos a cabo una peque_a celebraci¢n con motivo del cumplea_os de uno de mis oficiales. En ella dije algunas palabras para el homenajeado, pero no pude referirme a lo acontecido esa ma_ana, haciendo hincapi’ que lo obrado era como haber sido designados para limpiar «los jardines», como designan los marinos a los WC.
Tener que tirar contra el suelo patrio es eso o peor. Hoy mis muchachos lo saben y, tambi’n, que cada vez que vuelvan a ser ensuciados los ba_os,las Fuerzas Armadas volver n a limpiar todo.
EL 11 DE SEPTIEMBRE, MINUTO A MINUTO
-04:50 Suena el despertador. Mario L¢pez (Libra) y el Grupo 7 que comanda se levantan sin mediar muchas palabras entre ellos. Se duchan,afeitan y visten r pidamente. En menos de media hora, ya estaban sentados tomando desayuno. -07:00 El Grupo analiza los objetivos que deber n atacar y cargan los aviones con el armamento requerido, en el que destacan los cohetes Sura y Sneb. La caracter¡sticas t’cnicas del Hawker Hunter permiten asemejarlo a una pistola a la que se le puede cambiar el cargador, una vez desocupado.
-07:05 Los pilotos abordan los aviones. Era la primera misi¢n real para el Grupo 7. Los estanques de combustible se llenaron a full, ya que deb¡an permanecer bastante tiempo sobre Santiago.
-07:20 Tras todas las revisiones de rigor y el visto bueno de los mec nicos, se produce el despegue de las naves desde Concepci¢n. En el aire se forman para el combate. «Recuerdo como si fuese hoy, mi coraz¢n galopando como nunca en mi vida», escribe el actual general (R) L¢pez.
-07:50 El Hawker Hunter de Libra inicia sus ataques sobre la antena de radio Corporaci¢n, la que destruye en dos pasadas.
-08:10 Libra comunica a Gato, su puesto de control, que cumpli¢ exitosamente la tarea. Le comunican que el pa¡s ya est enterado de lo que pasa, por lo que la gente «sabe a qu’ atenerse». Tambi’n le informan que la situaci¢n se encuentra bajo control, aunque en La Moneda la resistencia continoa, pero que-por el momento- «es asunto de los militares que est n en el lugar». Gato informa que debe destruirse otra antena de radio, Recabarren, lo que es comunicado a Libra. El piloto realiza su tarea tambi’n en dos pasadas.
-09:00 Tras cumplir sus misiones, Libra sube a 20.000 pies. Gato le ordena que si no existen nuevos objetivos, deber aterrizar en Cerrillos.
Desde all¡ observa la inexistencia de personas en las calles, salvo en el centro de Santiago. Especialmente en la zona de La Moneda.
-09:20 Libra desciende en Cerrillos. All¡ lo recibe el general Osvaldo Latorre, designado al mando del aeropuerto, a quien le informa de lo realizado.
-09:50 De regreso a Concepci¢n, el puesto de mando informa que el Comandante en Jefe de la Aviaci¢n, general Gustavo Leigh, dispuso el ataque a La Moneda y a la casa presidencial de Tom s Moro.
-10:20 Nuevamente en Concepci¢n, el grupo 7 organiza los objetivos de la segunda tarea. Se concluye que el uso de cohetes contra La Moneda disminuye el mbito de destrucci¢n material y la posibilidad de herir a personas inocentes.
-10:50 Los aviones se dirigen a Santiago. Dos se encargar n del palacio de gobierno y otros dos de la casa presidencial. La incursi¢n a La Moneda se har de norte a sur. Gato ordena apurar la misi¢n.
-11:30 Los Hawker Hunter toman el eje de ataque hacia el edificio de Gobierno. Uno de ellos lanza su primer cargamento desde la estaci¢n Mapocho, cruzando las gruesas paredes del palacio y la puerta central,explotando en el interior del palacio. La destrucci¢n es grande. Segundos despu’s se produce el segundo ataque, desde un ngulo mejor, el que origina un incendio de proporciones. En total, fueron cuatro pasadas que destruyeron totalmente los flancos norte y sur de La Moneda, con detallada exactitud. «Los aviones fueron operados por pilotos chilenos de la Fuerza A’rea y sin asistencia extranjera alguna», recalca Libra.
-12:10 Los Hawker Hunter que atacaron la Moneda aterrizan en Concepci¢n. Uno de los pilotos, emocionado, comenta a Libra el dif¡cil momento que vivi¢ cuando en su punto de mira divis¢ la bandera chilena.
Los aviones que destruyeron la casa de Tom s Moro regresaron a las 01:15 pm, tras aterrizar primero en Cerrillos.
