Pasado un año de la detención de Pinochet en Londres, la defensa parece haber agotado sus argumentos. Todos los esfuerzos apuntan ahora a presentar al «senador vitalicio» como un anciano enfermo y deprimido. Y cuando eso ocurre en Londres, la memoria de los sobrevivientes sigue desgranando, en Madrid, la verdad histórica sobre el mismo personaje.
En Santiago, los nostálgicos de Pinochet renuevan sus amenazas de muerte contra diputados y militantes socialistas o comunistas. Mientras esto ocurre, hay quienes se preguntan dónde estaban en 1973 quienes hoy esgrimen «razones humanitarias» para el exdictador.
Se comenta en Londres que la defensa de Augusto Pinochet podría demorar la presentación de su apelación a la sentencia que aprobó la extradición del exdictador chileno, el pasado 8 de octubre.
El anuncio inicial de que la presentación de la apelación se haría el lunes 18, habría tenido el propósito de presionar al gobierno chileno para que presente la petición de liberaci¢n de Pinochet por «razones humanitarias» Una vez que el juez Ronald Bartle anunci¢ que procede la extradici¢n del exdictador a Espa_a, la defensa de Pinochet parece haber agotado sus posibilidades jur¡dicas. Con poca confianza apunta sus expectativas a que el Ministro brit nico Jack Straw disponga el regreso de Pinochet a Chile.
Mientras tanto, Gladys Mar¡n, candidata presidencial del Partido Comunista chileno a las pr¢ximas elecciones se preguntaba en Santiago: ¨Porqu’ los que piden piedad por Pinochet, no han pedido piedad, verdad y justicia por los millones de chilenos que sufrieron violaciones de derechos humanos ?
Durante la dictadura, varios de sus familiares y amigos fueron secuestrados, asesinados o nunca aparecieron. Esta mujer vivi¢ 12 a_os en la clandestinidad en su pa¡s, sin siquiera ver a sus hijos y familiares.
En Madrid, dos de los cuatro sobrevivientes de la ocupaci¢n militar del Palacio de la Moneda en Santiago, en setiembre de 1973, han relatado el terror vivido. Describieron c¢mo fueron maltratados los detenidos que se hallaban en el suelo y con las manos atadas con alambres de poas.
Uno de los m s enardecidos y que pateaba a los detenidos y amenazaba con fusilarlos a todos, era el propio Pinochet. El mismo personaje que sus partidarios muestran ahora como un anciano enfermo, necesitado de la compasi¢n del Ministro brit nico de Interior. Uno de los dos testigos, Pablo Cepeda, escolta personal de Salvador Allende, dijo que Pinochet no puede esconderse tras la mentira de que ‘l no se enter¢ de nada.
Explic¢ que tanto ‘l como Manuel Cort’s viajaron a Madrid para declarar ante el juez Baltasar Garz¢n, porque est n convencidos que nunca habr un juicio justo para Pinochet en Chile. (Cl/QR/Mt/Am-Pl/ap)
PINOCHET ACORRALADO: LOS TESTIGOS YA NO TIENEN MIEDO A HABLAR
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