Sobre la Avenida de Mayo se había dispuesto un sistema de parlantes para seguir los detalles de esta jornada trascendental.
En tanto en la Cámara de Diputados la Asamblea Legislativa – conformada por los diputados y senadores nacionales – se aprestaba a recibir el juramento del Presidente y Vice electos el 24 de octubre pasado. Integrantes de las delegaciones extranjeras; familiares y amigos de los futuros Ministros e invitados colmaban los palcos de la Cámara baja. Le cupo a Raúl Alfonsín izar la enseña nacional recibiendo una de las mayores ovaciones escuchadas en el recinto.
Fernando De la Rúa luego de prestar juramento por Dios, la Patria y los Santos Evangelios se convertía en el cuadragésimo segundo Presidente de la Argentina. Carlos «Chacho» Alvarez lo hacía por Dios y la Patria y ya era vicepresidente.
En su primera alocución el titular del Ejecutivo criticó a la administración menemista. Destacó que su tarea no ser la de emprolijar un modelo instando a luchar por un pa¡s distinto. Remarc¢ que la transparencia, la honestidad, la austeridad, la batalla constante contra la corrupci¢n, la fuerte convicci¢n de servir a la gente y no a servirse de ella o a grupos privilegiados ser n el horizonte de su administraci¢n. Arranc¢ aplausos de los asistentes al sostener que quienes se hayan apartado o se aparten de estas normas tan elementales para un gobernante o un funcionario deber n responder ante la Justicia. Con firmeza recalc¢ que «el primer deber es decirnos la verdad, con honradez y con respeto, y decirle al pueblo las cosas como son«. Les record¢ a los legisladores peronistas que asume la Presidencia de la Naci¢n sin que se haya aprobado el presupuesto para el pr¢ximo a_o . Valor¢ el crecimiento global que ostent¢ el gobierno saliente como asimismo la estabilidad monetaria producto de la convertibilidad – baluarte menemista que implement¢ el ex Ministro de Econom¡a Cavallo cuando en 1991 fij¢ la paridad cambiaria; un peso igual a un d¢lar – resaltando que debi¢ haber entregado el pa¡s a su sucesor con sus cuentas ordenadas. El Presidente, haciendo gala de una energ¡a nada habitual en su car cter, dijo que la administraci¢n de Menem deja una situaci¢n de extrema gravedad en lo concerniente al d’ficit fiscal que orilla los 10.000 millones de pesos. Sin mencionar las medidas que implementar su gobierno De la Roa lleg¢ al meollo del tema econ¢mico. Precis¢ que es menester sanear las cuentas solicitando un esfuerzo adicional de los ciudadanos, anticipando que el mayor peso no recaer sobre los que menos tienen.
Combatir la evasi¢n impositiva, la corrupci¢n, el desempleo, el d’ficit habitacional, la implementaci¢n de planes de asistencia para los sectores m s pobres de la sociedad argentina fueron los ejes del discurso presidencial. Apel¢ por oltimo a » la patri¢tica decisi¢n de ser un gran pa¡s, donde la honestidad, el trabajo y la paz sean los fundamentos de nuestra vida como Naci¢n«
El clima , una euforia medida, que se vivi¢ en las calles fue concordante con la personalidad del nuevo jefe del Estado. En las distintas esquinas de la c’ntrica avenida simpatizantes de la Alianza aguardaron el paso del Cadillac negro descapotable que trasladaba a Fernando De la Roa y a su esposa, In’s Pertin’, hacia la Casa de Gobierno. Predominaron las banderas rojas y blancas radicales que eran agitadas por quienes se sumaron a una improvisada marcha detr s del veh¡culo presidencial. Entre el poblico predominaban hombres y mujeres de edad avanzada. Una lluvia de papelitos que eran arrojados de los edificios se sum¢ al festejo. El traspaso presidencial no gener¢ gran entusiasmo lo cual qued¢ evidenciado en la escasa concurrencia de poblico.
En la Casa de Gobierno se llev¢ a cabo el oltimo movimiento en el tablero del ajedrez pol¡tico El presidente saliente le entreg¢ a su sucesor los atributos correspondientes: la banda presidencial y el bast¢n de mando. Quienes poblaban la Plaza de Mayo prorrumpieron en v¡tores para De la Roa y abucheos para Menem cuando la voz de la locutora oficial dio por concluida la ceremonia.
Quien diez a_os atr s llegaba rodeado del fervor popular ahora era acompa_ado por tan s¢lo 300 adherentes a su movimiento.
Minutos despu’s los integrantes del nuevo gobierno rodeados por sus colaboradores y familiares se asomaron al balc¢n principal de la sede gubernamental. Para deleite de sus adherentes el flamante presidente agradeci¢ su presencia con una exhortaci¢n: «vamos ahora a hacer con fe y en paz el futuro para todos los argentinos«. Se hab¡a concretado el sue_o de quien en su juventud se afili¢ al radicalismo. Ser Presidente de la Naci¢n.
SUEíO CONCRETADO
177
anterior
