En el estado de Chiapas, el Banco Rural del Istmo (Banrural) inició procesos penales contra campesinos que no pudieron pagar los créditos otorgados para la siembra de diversos productos. Así, 22 de ellos fueron detenidos por cientos de policías federales fuertemente armados, quienes los llevaron al penal de Cerro Hueco, acusados de diversos delitos. Se les notificó que de no liquidar sus adeudos el banco se quedara con sus tierras.
Bajo el argumento de que desde hace dos años se venció el crédito de entre 100 y 200 mil campesinos de Chiapas, quienes acumulan una cartera vencida de poco más de 50 millones de dólares, Banrural demandó penalmente a los labriegos.
Los campesinos de la comunidad Jericó, municipio de Villa Corzo, fueron citados por Banrural para, según se les señaló en la invitación, «llegar a un acuerdo que permita la liquidación del crédito pendiente».
Al llegar al lugar de la cita, en el municipio vecino de Villa Flores, fueron cercados por una centena de polic¡as judiciales, quienes portando armas de alto poder los obligaron a subir a una camioneta para trasladarlos directamente al penal de Cerro Hueco, en la capital del estado.
Posteriormente, en un operativo que incluy¢ el cierre provisional de las calles por donde pasar¡an «los delincuentes», fueron llevados al juzgado federal, en donde se les notific¢ la orden de aprehensi¢n en su contra por el delito de «abuso de autoridad y los que resulten».
Durante la audiencia ante el juez primero de distrito, el tambi’n detenido Romeo V zquez Grajales, comisario ejidal de la comunidad Jeric¢, explic¢ que el cr’dito en favor de los campesinos del lugar fue entregado durante 1998, y consta de entre 500 y 3,500 d¢lares por persona, segon las hect reas a sembrar.
El compromiso de los ejidatarios fue sembrar ma-z, venderlo al banco como forma de liquidaci¢n del cr’dito y obtener un excedente como ganancia. Sin embargo, dijo, ese a_o las lluvias se atrasaron, y cuando al fin llegaron, la cosecha ya se hab¡a perdido.
En otros casos, dijo, fueron tan imprevistas y torrenciales que en vez de acabar con la sequ-a provocaron inundaciones «y se pudri¢ el ma¡z. «Este a_o tambi’n nos fue mal, no obtuvimos buena cosecha y nos volvimos a atrasar con el pago. Dijimos que est bamos dispuestos a cubrir el cr’dito, pero ya hab¡a subido al triple por los intereses, y ya no ten¡amos c¢mo. Ahora nos dicen que si no pagamos nos van a embargar la tierra, y es lo onico que tenemos para vivir». (Mx/QR/Pno-Em/Pe-Dh/mc)
