Me ha parecido de gran interés lo dicho por Justo Aznar en un medio de comunicación. En efecto, frica se muere por el SIDA. Son muchas las voces que se levantan para alertarnos de que Africa está muriendo por el sida. Pero cada una de esas voces es necesaria ante uno de los más graves problemas sanitarios, incluso sociales, a los que hoy nos enfrentamos. Los datos son escalofriantes. No vamos a enumerarlos exhaustivamente, pues sin duda esto rebasaría las posibilidades de un artículo breve como éste. Sólo unos botones de muestra. En 7 países africanos, uno de cada cinco adultos padece el sida. En Botswana el 36% de los adultos está infectado. En Sudáfrica, una de cada cuatro mujeres de edad comprendida entre los 20 y 30 años es VIH positiva. Finalmente, desde el inicio de la epidemia más de 12 millones de niños han quedado huérfanos por causa del sida. Como se comprueba, la situación no puede ser más grave.
+Y qué se puede hacer? Sin duda, como se acaba de reconocer en la XIII Conferencia Internacional sobre el Sida, celebrada en Durban (Sur frica) se requieren con urgencia dos tipos de medidas: la primera, que los pa¡ses ricos aporten los fondos necesarios para tratar a los actuales enfermos de sida, y la segunda, potenciar de una forma mucho m s efectiva la prevenci¢n de nuevos contagios. Ambas son abordables, aunque se necesita un decidido esfuerzo para que puedan ser otiles. En esta ocasi¢n, voy a referirme solamente a la primera.
Con relaci¢n al tratamiento de los actuales enfermos de sida, el problema es los elevados costes del mismo. En efecto, si en 7 pa¡ses de aquel continente el 20% de los adultos padece el sida, y suponiendo que esos 7 pa¡ses puedan tener una poblaci¢n total aproximada de 50 millones, existir n alrededor de 10 millones de pacientes con sida en ellos. Dado que el tratamiento de un paciente cuesta alrededor de un mill¢n de pesetas anuales, significa que para poder tratar a estos pacientes se requerir¡an aproximadamente 10 billones de pesetas anuales.
Sin duda, una important¡sima cantidad, que es absolutamente imposible cubrir por los propios recursos econ¢micos de esos pa¡ses, de ah¡ que la mayor¡a de los enfermos de sida est’n muriendo en Africa sin ser tratados, y de ah¡ la absoluta necesidad de que los pa¡ses occidentales tomemos conciencia de algo que s¢lo ellos pueden resolver: el que los enfermos africanos de sida puedan ser tratados, y que esta enfermedad, mortal para ellos, pueda pasar a ser una enfermedad cr¢nica, como ocurre en los pa¡ses occidentales. Es indudable que son cantidades econ¢micas importantes, pero tambi’n es indudable que son cantidades que no superan el 1% del producto interior bruto de los pa¡ses desarrollados. De todas formas, son cifras econ¢micas que no pueden ser abordadas individualmente por los ciudadanos preocupados por el problema, ni incluso por las ONG que se relacionan con este tema, s¢lo pueden ser aportadas por los gobiernos occidentales, por los Estados o los organismos econ¢micos paragubernamentales. Por lo tanto, ellos tienen la palabra.
Otra medida que puede aplicarse es que las grandes firmas farmac’uticas rebajen los precios de los medicamentos relacionados con el sida, para que de esta forma los tratamientos sean m s asequibles. Algunas firmas ya lo est n haciendo, pero esa actitud debe generalizarse para que realmente sea eficaz, cosa que por ahora no est ocurriendo.
Africa muere por el sida y los pa¡ses ricos podemos ser meros espectadores de esa tragedia o podemos contribuir eficazmente a solucionarla. La decisi¢n es nuestra, mejor dicho, de nuestros gobernantes.
Camilo Amaro Alonso
Sevilla
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