En el transcurso del debate, sobre el presunto cohecho, el peronista Antonio Cafiero reveló que tenía ôla certeza de que hubo sobornosö para que fuera aprobada la ley laboral, aclarando que no poseía pruebas. Agregó que la sospecha ya estaba instalada en la sociedad.
Acto seguido, el aliancista Leopoldo Moreau, acusó a su predecesor, de ser un ôirresponsableö y de haber sido la ôfuente de informaciónö del periodista Joaquín Morales Solá. Recordemos que este periodista fue quien -el 25 de junio- editorializó en el matutino La Nación que dos funcionarios de la administración delarruista habían ôpagado favores políticosö en virtud de que el referido proyecto fue aprobado.
Flamarique, luego de observar por televisión las alternativas de la sesión, ingresó al recinto a las 23 y 30.
Demostrando ser un esgrimista de la política, lanzó su primer estocada a los senadores.
ôSi hay un senador de este cuerpo que haya hablado conmigo o con algún funcionario de este Gobierno de alguna transacci¢n horrorosa para votar esta ley y deteriorar las instituciones de la Naci¢n, que me lo diga en la cara», desafi¢ el Ministro.
Si alguno de los miembros de la C mara, sorprendidos por la presencia del funcionario, se sinti¢ aludido prefiri¢ llamarse a silencio.
Ante la pregunta del peronista Daniel Varizat, sobre el libelo que circul¢ en el mbito del Senado, a modo de catapulta, que involucraba a los sospechados -senadores e integrantes de la administraci¢n nacional- Flamarique fue contundente en su calificaci¢n.
«Quiero manifestar frente a la basura que dice all¡, que yo nunca he participado de ninguna reuni¢n con el Presidente y los senadores Alasino y Tell, como dice ah¡. No hay pruebas porque nunca existi¢ eso».
En otro de los tramos de su alocuci¢n, que tuvo la similitud de una interpelaci¢n, el funcionario -visiblemente molesto- precis¢ que «no s¢lo vengo a defender la ley que vot¢ el Senado, sino el proceso pol¡tico por el cual se lleg¢ a votar esta ley», a_adiendo que la reforma laboral se hab¡a debatido «en una negociaci¢n abierta, de 120 d¡as, clara y a la luz del d¡a».
Una y otra vez reiter¢ que Argentina precisaba «aclarar y dejar absolutamente finiquitado este asunto».
Por oltimo, y cuando el cansancio iba venciendo la resistencia de los senadores y del Ministro, el funcionario indic¢ que se pon¡a a disposici¢n de los legisladores para colaborar en la investigaci¢n de las denuncias sobre el cohecho. Eran las 2 y 30 de la madrugada.
Una extensa jornada en el Parlamento llegaba a su fin.
A partir de ahora, todas las denuncias ingresar n en otro tiempo: el de la Justicia.
Alberto Bastia
Jefe Corresponsal¡as Informativos.Net en Am’rica Latina
