Vladimiro Montesinos se fue de Perú tal y como llegó al poder: en la semiclandestinidad. Este capitán retirado, ex reo por delitos de falsedad y desobediencia, ex agente de la CIA y flamante ex jefe del Servicio de Inteligencia Nacional, SIN, deja de ser un peligro para la recuperación democrática del Perú.
La primera reacción de muchos peruanos y de la comunidad internacional es de comprensible indignación: íCómo es posible que se pueda consagrar la impunidad de esta manera!. íCómo es posible que se desvirtúe la figura del asilo político para acoger a un personaje acusado de los peores delitos comunes!. íY encima el gobierno de Fujimori le brinda protección, se presta para subirlo a un avión y pide, finalmente, en nombre del país, que Panamá le brinde asilo! No puede sonar más convincente.
Las necesidades más urgentes del país apuntan, sin embargo, en otra dirección. Lo vital en este momento es desmantelar la naturaleza del régimen encabezado por Alberto Fujimori. Lejos de ser una repoblica parlamentaria, es m s bien un gobierno autoritario con fuerte presencia militar, desde el autogolpe de 1992. La apresurada partida de Montesinos aleja cualquier conjetura de golpe de Estado. Los oficiales afines, los uniformados amigos pierden as¡ el sost’n que los manten¡a unidos. La desbandada es inminente.
Tambi’n se satisface, de hecho, una de las exigencias de la oposici¢n: que Montesinos fuera destituido de cualquier cargo poblico. Si a todo ello le sumamos la voluntad expresa de terminar con el Servicio de Inteligencia Nacional en un plazo de 15 d¡as, est n sentadas las bases para avanzar decididamente por el pedregoso camino de la reconstrucci¢n democr tica.
Sin Vladimiro Montesinos el aire es m s respirable en Pero. Pero las necesidades de hoy no nos deben hacer olvidar las justicias de ma_ana.
Montesinos es sospechoso no solamente de actos de corrupci¢n y chantaje pol¡tico. En primer lugar, su nombre est unido a la creaci¢n de escuadrones de la muerte; y en segundo, como director del SIN, es responsable de las muchas violaciones a los derechos humanos cometidas por esa instituci¢n. El caso m s conocido es el asesinato, en 1992, de nueve estudiantes y un profesor de la Universidad de la Cantuta, a manos de miembros de la inteligencia del ej’rcito que acusaron a sus v¡ctimas de «terroristas».
El que se le brinde asilo en Panam u otro pa¡s no significa que, consolidada la democracia peruana, no se solicite su extradici¢n para que rinda cuenta de sus actos. Habr muchos que querr n que no vuelva a Lima. Principalmente aquellos que han sido sus «compinches y c¢mplices» durante esta pasada d’cada; que saben que Montesinos puede abrir la boca y desenmascarar a muchos.
El presidente Fujimori ha intentado tomar la mayor distancia posible de su mejor amigo al anunciar la celebraci¢n de nuevas elecciones, pero a nadie se le puede escapar el hecho palpable de que Vladimiro Montesinos ha sido el encargado de realizar el trabajo sucio del gobierno; con su protecci¢n, su orientaci¢n y su apoyo econ¢mico; con ¢rdenes emanadas directamente de presidente a protegido.
Se calcula que el exdirector del SIN manejaba un presupuesto de alrededor de 600 millones de d¢lares. +Tiene alguien duda todav¡a de la magnitud de la inversi¢n para perseguir y vigilar a la oposici¢n pol¡tica, a la prensa, a todo aquel que fuese sospechoso de disidencia? Y pensar que la mayor parte del oficialismo latinoamericano llamaba a eso una democracia.
Montesinos, el intrigante, ha sido neutralizado. Esperemos que el gobierno y la oposici¢n no tengan ahora mayores obst culos para confeccionar el calendario de la democratizaci¢n. (Pe/YZ/Pf/Ppc/mc)
Jos’ Zepeda
