En mi condición de esposo de Sara Méndez tengo conocimiento de todos y cada uno de los pasos que se han dado en torno a la búsqueda de Simón desde hace casi 24 años. Otras personas, medios de difusión y organizaciones de Derechos Humanos conocen parcialmente esa historia.
Desde el Semanario «Búsqueda», aún antes de conocerse el resultado negativo de los exámenes de ADN a Gerardo Vázquez, se inició una campaña tendiente a desacreditar la lucha contra la impunidad mediante el mecanismo de responsabilizar a Sara de supuestos y reales perjuicios que la acción del terrorismo de Estado y las conductas posteriores de los poderes públicos uruguayos, han ocasionado a todos los implicados en este caso. Entre ellos, sin ninguna duda, a los integrantes de la familia Vázquez – Morales.
Esa campaña contó posteriormente con el aporte del Dr. Cabarcos y del programa ôAGENDA CONFIDENCIALö de Neber Araújo. En el mencionado programa televisivo se aceptó solamente la presencia del representante de una de las «partes» de este largo litigio judicial, pero no se admiti¢ que la otra «parte» fuera representada por personas que ten¡an suficientes elementos para hacerlo.
Sara se ha negado a estar presente en ese y otros programas, pero ante reiteradas solicitudes, sugiri¢ que, si se tenia real inter’s en tratar el tema con equidad, tanto el escritor Carlos Amor¡n, el abogado Alejandro Artuccio y yo, tenemos suficientes elementos para encarar el tema. Ninguno fue invitado a participar en el programa. La «objetividad» period¡stica del Sr. Araojo s¢lo admite que Sara acepte ir personalmente a su programa. Sara no est dispuesta a aceptar ese «chantaje», y nos parece bien.
Tambi’n Canal 10 puso su contribuci¢n, reiterando una vieja grabaci¢n. Ya en aquellos a_os, cuando fue difundida por primera vez, fue necesario pelear por un espacio para dar la otra versi¢n de los hechos, versi¢n que ahora, por supuesto, no se reiter¢.
Finalmente, «fuentes militares» aportaron supuestas informaciones al semanario «Bosqueda». Muchas no son ciertas. Otras pretenden dar una versi¢n falsa de los hechos, presentando ahora una informaci¢n que han negado ante los estrados judiciales y aon ante las «investigaciones» realizadas por encargo del Dr. Julio Mar¡a Sanguinetti en cumplimiento del Art. 4to. de la Ley de Caducidad.
Por esa raz¢n, como simple ciudadano que conoce determinados hechos y que los puede documentar, quiero recordar a la opini¢n publica algunas cosas que deben tenerse en cuenta a la hora de analizar este tema tan delicado.
Con ello quiero cerrar un cap¡tulo de esta historia que aon est abierta (Sim¢n sigue engrosando la lista de desaparecidos) y en la cual, al igual que ahora, lo que hay que reivindicar es la VERDAD. Lo hago desde una perspectiva muy particular, pues Sara no es s¢lo una madre que busca a su hijo, es tambi’n una luchadora por los derechos humanos, con una participaci¢n muy activa en la recuperaci¢n de varios de los ni_os secuestrados y desaparecidos y en la denuncia de muchos cr¡menes que lamentablemente se han ido confirmando. Esta campa_a, aunque muchos se hagan los desentendidos, busca sobre todo desprestigiar una tarea que se ha efectuado con seriedad y responsabilidad.
LOS HECHOS:
Cuando Sara M’ndez recobra la libertad, en mayo de 1981, comienza la bosqueda de su hijo Sim¢n, pero reclam¢ por ‘l aon desde la c rcel de la dictadura. En 1984 se radica en Buenos Aires y junto con Mauricio Gatti emprende una investigaci¢n a partir de indicios que le suministran las Abuelas de Plaza de Mayo, la que resulta infructuosa.
El 12 de setiembre de 1986 un Juez argentino, decreta la prisi¢n de Gavazzo, Silveira, Cordero y Campos Hermida -todos ellos actuantes en el SID a las ¢rdenes del Teniente Coronel Rodr¡guez Buratti-, por el delito de privaci¢n ileg¡tima de la libertad reiterado en 23 casos, entre los que se encuentran el de ella y su hijo.
El 23 de setiembre de 1986 Argentina solicita la extradici¢n de los militares uruguayos, la que es demorada por el Dr. Sanguinetti en espera de un indulto que finalmente dicta Menem.
A fines de 1986 obtiene una informaci¢n, proveniente de varias fuentes, sobre un ni_o que podr¡a ser Sim¢n viviendo en Montevideo. Entre los muchos elementos e indicios que va recogiendo de ese ni_o, uno de los m s importantes es que es adoptado por una familia que tiene un pariente militar, que posteriormente es identificado como «301», un militar que tuvo importante participaci¢n en el secuestro de Sara y Sim¢n.
Cuando el Dr. Cabarcos dice en el programa del Sr. Araojo, que la familia V zquez-Morales «tiene la desgracia de tener un familiar militar», tratando de demostrar que los indicios que condujeron a Sara a sospechar que Gerardo pod¡a ser Sim¢n, son un simple capricho, omite agregar que ese militar tuvo un importante papel en el secuestro del hijo de Sara M’ndez y en el caso de la nieta de Juan Gelman. +No es ese un indicio relevante? +No fue acaso un indicio fundamental para la ubicaci¢n de otro ni_o uruguayo secuestrado (nos referimos al caso de Julio C’sar D¡El¡a) que su partida de nacimiento fuera firmada por un m’dico que hab¡a tenido activa participaci¢n en un campo clandestino de detenci¢n y en la apropiaci¢n de bebes nacidos en cautiverio? +Acaso en el secuestro en Argentina, posterior traslado a Uruguay y apropiaci¢n de un menor (nos referimos a la nieta de Juan Gelman), no estuvo implicada la misma patota criminal al mando de Rodr¡guez Buratti? +Acaso los ni_os Julien, tambi’n secuestrados por la misma patota, no fueron dejados abandonados y posteriormente legalmente adoptados ?
Luego de un proceso trabajoso de investigaci¢n que dur¢ 10 meses, en los que no apareci¢ ningon elemento que llevara a descartar la informaci¢n recibida, si no que, antes bien, surgieron nuevos indicios que la reafirmaban como posible, por intermedio del Director del colegio al que concurr¡a Gerardo V zquez, en setiembre de 1987, se pone por primera vez a los padres adoptivos del menor en conocimiento del hecho y de los indicios que se ten¡an para presumir que Gerardo pod¡a ser Sim¢n Riquelo.
No es cierto, como dijo el Dr. Cabarcos, que el acercamiento de los directa y humanamente interesados (Sara y Mauricio), se haya producido con posterioridad a una de las tantas intermediaciones que se intentaron para lograr, antes de iniciar las acciones judiciales, dilucidar la identidad de Gerardo con relaci¢n a Sim¢n.
A partir de la negativa que se recibe ante ese intento amistoso, del que fueron testigos tanto el Director del colegio como la Sra. Mariela Salaberry, se realiza un largo comp s de espera.
Se ha manifestado que en dicha reuni¢n, ante la cerrada negativa a la realizaci¢n del examen sangu¡neo, Mauricio Gatti «amenaz¢» al matrimonio al advertirles que no les dejaban otra salida que recurrir a la justicia.
¨Qu’ otra v¡a les quedaba para comprobar o descartar la posibilidad de haber encontrado a Sim¢n? ¨Desde cu ndo la solicitud de que la Justicia intervenga en la soluci¢n de un litigio, donde adem s estaba impl¡cita la eventual ocurrencia de un delito de lesa humanidad, constituye una amenaza en una sociedad democr tica? A la luz de lo que ocurri¢ despu’s, +no fue una sana advertencia que por desgracia fue reiteradamente deso¡da? + Qu’ hubiera pasado, si en el caso de la nieta de Gelman, su familia y ella misma se hubieran negado a la realizaci¢n de las pruebas de identidad ?
Podemos comprender y aventurar hip¢tesis sobre cu les pueden ser los razonamientos que una persona comon puede desarrollar ante una situaci¢n similar. Pero que el Sr. Gianelli, columnista de un medio period¡stico, pretenda enrostrarle a Sara actos de patoterismo, s¢lo puede catalogarse de simple canallada.
No obstante esa supuesta «amenaza», reci’n 20 meses despu’s, luego de dar un prudencial tiempo de espera y de efectuar otras gestiones de acercamiento igualmente frustrantes, en junio de 1989 se presentan acciones judiciales.
Durante dos a_os se esper¢ que se accediera amistosamente y sin conocimiento del menor a que se realizara el examen de histocompatibilidad sangu¡nea. +Ese es el fanatismo que atribuye el columnista de Bosqueda, Sr. Gianelli, a Sara M’ndez ?
No es cierto, entonces, que el primer intento de acercamiento a la familia V zquez se haya realizado por la «v¡a pol¡tica» y no de los directamente interesados.
ttTanto el semanario «Bosqueda» como el Dr. Cabarcos prefieren referirse a una sola de las personas que intent¢ un acercamiento, seguramente porque el mismo est muerto y no puede rebatirles. Es cierto que el hoy fallecido Senador Germ n Araujo realiz¢ intentos de acercamiento a la familia, luego del fracaso de la gesti¢n directa de Sara y Mauricio. Lo hizo, aunque con el conocimiento de Sara y Mauricio, pero no por iniciativa de estos. ttGerm n Araujo conoci¢ por sus medios y no por los de Sara y Mauricio, todos los indicios que llevaron a la ubicaci¢n de ese menor. Igual sucedi¢ con las investigaciones que en virtud del cumplimiento del Art. 4 de la Ley de Caducidad, llev¢ a cabo el INAME, que por otros medios, que no eran los de Sara y Mauricio ni los de Germ n Araujo, tambi’n estaba investigando al mismo menor.
tQuiero, en homenaje a quien mucho hizo por los derechos humanos en nuestro pa¡s, Germ n Araujo, y a un intento de desprestigiar las «acciones pol¡ticas», recordar que mientras el Dr. Sanguinetti y el Dr. Lacalle nada hicieron por resolver ningon caso de desaparici¢n, la acci¢n «politica» de Germ n -en el acierto o en el error-, lo logr¢. Recordemos el caso de Amaral Garc¡a.
t+El haber presentado la causa ante la Justicia, puso a Sara y a Mauricio fuera de los que siempre fueron sus objetivos y sus premisas morales y ‘ticas para tratar este y otros casos de violaciones a los Derechos Humanos? tEl 22 de febrero de 1990, nueve meses despu’s de haber presentado la primera causa judicial, Sara y Mauricio hacen poblica una carta a los responsables del entonces diario de izquierda «LA HORA POPULAR» a ra¡z de una noticia que dicho diario hab¡a publicado, en la que expresaban: «Habiendo tomado conocimiento de lo publicado por ese medio en el d¡a de hoy con referencia al caso de nuestro hijo Sim¢n, estimamos conveniente dirigirles estas l¡neas que esperamos tengan el mismo destaque period¡stico que Uds. dedicaron a lo que es motivo de la presente.
1) El d¡a 7 de julio de 1989 realizamos una conferencia de prensa junto con el Dr. Alejandro Artuccio, a ra¡z de que varios medios de difusi¢n estaban en conocimiento de la denuncia presentada ante un juzgado penal de nuestro pa¡s. En dicha conferencia de prensa marcamos desde el comienzo el motivo que nos llevaba a hacer poblico el hecho -varios medios ten¡an la informaci¢n-, y se_al bamos lo que para nosotros eran par metros de orden moral y ‘tico imprescindibles para el tratamiento de temas como ‘ste. Estaba por medio la salud ps¡quica de un adolescente, entre otras cosas dolorosas de todo este episodio. A pesar de la claridad del comunicado le¡do y repartido a los medios de difusi¢n, en m s de un diario se titul¢ como si hubi’ramos «hallado a Simon»; cuando lo que est bamos pidiendo a la Justicia era la realizaci¢n de un examen hematol¢gico para confirmar la identidad y saber as¡ si hab¡amos encontrado a nuestro hijo.
4) No obstante estas gestiones, comprobamos con asombro e indignaci¢n que de nada sirvieron ya que hoy difunden una informaci¢n sobre supuestos nombres, domicilio y hasta lugar de estudio de quien presumimos se trata de nuestro hijo Sim¢n.
5) Nosotros no alcanzamos a comprender -salvo que olvidemos el medio period¡stico que se trata -, las razones que los llevaron a realizar ese acto de irresponsabilidad.
6) No escapa a nuestra comprensi¢n que esta situaci¢n tambi’n es el resultado de la inoperancia y falta de sensibilidad de integrantes de la justicia uruguaya, que no s¢lo han alargado interminablemente la dilucidaci¢n de este caso sino que adem s no han tenido el valor de llevarlo hasta sus oltimas consecuencias.
7) Finalmente queremos expresar que nunca mencionamos a ese medio los datos filiatorios del citado menor y que es m s aun, siempre que nos lo han solicitado los hemos ocultado dando las explicaciones que vuestro medio no supo entender. Esta preocupaci¢n por salvaguardar la salud ps¡quica del ni_o la mantendremos con la misma firmeza y convicci¢n que nos han guiado en estos 13 a_os de angustiosa bosqueda. Es esa la raz¢n que nos obliga a hacer poblica esta declaraci¢n y la esperanza de que se reflexione sobre el da_o irreparable que se comete cuando se maneja la informaci¢n irresponsablemente». Lo firmaban Sara y Mauricio.
tttEn noviembre de 1989 el Dr. Julio Mar¡a Sanguinetti y el ministro de Defensa, Teniente General (r) Hugo Medina, dictaminan que los hechos denunciados estaban com-prendidos en la Ley de Caducidad.
ttSara no hab¡a presentado una causa penal para que se investigara y penalizara el secuestro de Sim¢n, sino con el objetivo de lograr lo que no se hab¡a logrado amistosamente, que se dilucidara la identidad de una persona que pod¡a ser su hijo.
tDe ah¡ que el Dr. Sanguinetti y el Gral. Medina, a quienes muchos olvidan mencionar a la hora de facturar responsabilidades, por si fueran pocos los indicios agregaron otro m s, y muy fuerte, lo que llev¢ a Sara y a Mauricio a reafirmarse en sus convicciones. Si el gobierno sab¡a que Gerardo no era Sim¢n, +por qu’ incluy¢ su caso en la Ley de Caducidad? Y si no lo sab¡a, +por qu’ no investig¢ o permiti¢ que la justicia lo investigara? La repuesta es muy clara: a Sanguinetti y a los militares poco o nada les importaron los problemas que se generaban; su objetivo era amparar a los militares y que Sim¢n siguiera desaparecido.
ttLa responsabilidad que emana de estos hechos deber¡a motivar que algunos medios supuestamente preocupados por la objetividad period¡stica, los anotaran en las conclusiones livianas que sacan de este caso. Y tambi’n a que algunos integrantes de organizaciones de DD.HH. no admitan que se diga tan gen’rica y ligeramente que hubo errores, en la forma en que Sara llev¢ adelante este cap¡tulo de su bosqueda.
En junio de 1990, esta vez ante un Juzgado de Familia, se ordena la realizaci¢n del examen hematol¢gico, sin embargo los padres adoptivos del menor, se niegan y apelan la decisi¢n. A pesar de que la jueza la confirma, nuevamente los padres adoptivos apelan, esta vez ante el Tribunal de Apelaciones.
Es cierto que todas las sentencias negaron que Sara haya podido probar que Gerardo y Sim¢n eran la misma persona. Tambi’n lo es que la posibilidad de que se realizara el examen de histocompatibilidad planteada judicialmente en m s de cuatro resoluciones de un juez, no fue aceptada. Como tambi’n es cierto que el Fiscal Marcelo Brovia, a quien esperemos que «Bosqueda» no acuse de «fanatismo», con los elementos que se hab¡a permitido poner en juego (entre los que no estaba el examen de sangre) lleg¢ a concluir que «Gerardo V zquez es la misma persona que naci¢ en Buenos Aires el 22 de junio de 1976 e inscripto con el nombre de Sim¢n Riquelo».
Nunca fue el inter’s de Sara M’ndez lograr que una sentencia que no pasara por la prueba verdaderamente eficaz (la de histocompatibilidad sangu¡nea) le cambiara la identidad a Gerardo V zquez. tEn Octubre de 1993 el Tribunal de Apelaciones se expide aceptando la realizaci¢n de la prueba de sangre, pero acota que debe realizarse con el consentimiento del implicado (Gerardo V zquez) y establece que si una de las partes se negase a colaborar, «tal negativa deber¡a ser interpretada (…) como un importante indicio del cual se podr inferir la presunci¢n de verdad respecto de la paternidad imputada…». Gerardo, reitera su negativa.
En julio de 1994 comparece ante el Juzgado el ex soldado Julio C’sar Barboza, quien informa que el pariente politico de Gerardo, el teniente Coronel Rodr¡guez Buratti, en 1976 se desempe_aba en el Departamento III del Servicio de Inteligencia de Defensa, encargado de las acciones y operaciones de traslado al Uruguay de personas secuestradas en Buenos Aires. Que en la sede del SID conoci¢ a Sara M’ndez, y tambi’n a los menores Anatole y Victoria Julien, secuestrados en Argentina y luego abandonados en Valpara¡so (Chile). Tambi’n da cuenta de la presencia de una mujer embarazada, que finalmente result¢ ser la argentina, nuera de Juan Gelman, Mar¡a Claudia Irureta Goyena de Gelman. El 8 de agosto de 1994 concurre a declarar Rodr¡guez Buratti. Dice no conocer a Sara sino por la prensa, desde donde le ha lanzado acusaciones falsas. Se ampara en el secreto militar para no brindar ninguna informaci¢n. Afirma desconocer los traslados de personas desde Bue-nos Aires, as¡ como los hechos ocurridos en la sede del SID detallados por Sara y Barboza. Reconoce su parentesco con la familia V zquez Morales, a quienes dice frecuentar en fiestas familiares. Finalmente, admite que pasaban vacaciones juntos en su casa del balneario La Floresta, contradiciendo lo declarado por los V zquez quienes lo hab¡an negado. A la luz de los oltimos acontecimientos relativos al caso Juan Gelman, es evidente ahora que el mencionado militar prest¢ falso testimonio y obstaculiz¢ la posible averiguaci¢n sobre el paradero y la identidad de Sim¢n. tAhora se empez¢ a tejer una trama en la que, por supuesto, una de las partes no esta vivo para dar su versi¢n (el entonces senador Jos’ Germ n Araojo), al que se le atribuye el intento de «arreglar» los ex menes de sangre para que Gerardo V zquez fuera Sim¢n Riquelo. Por si fueran pocas las alegaciones contenidas en cada uno de los escritos judiciales, est n las declaraciones que a lo largo de todos estos a_os realiz¢ Sara, y que muchos no se toman el trabajo de traerlas hoy, no para defender a Sara M’ndez, sino para defender la verdad.
Vamos a transcribir una, hecha a pocas horas de haber conocido el fallo de la Suprema Corte de Justicia, fallando en contra de sus intereses: » Ni el dictamen de la Suprema Corte de Justicia, ni ningon otro dictamen anterior puede afirmar que Gerardo no es Sim¢n, tampoco yo puedo demostrar fehacientemente que lo es. Tanto los dict menes de la Justicia como mis presunciones – de simple ciudadana – necesitan de la onica prueba de verdad: la prueba de sangre». Mal puede formularse hoy la descabellada hip¢tesis de que Sara habr¡a aceptado que se le atribuyera un hijo sin la prueba que hoy acata sin discusi¢n, aun cuando le significa tener que empezar de nuevo.
tFinalmente, con relaci¢n a una propuesta de Gerardo V zquez de realizarse el examen de sangre, posteriormente a haberse cerrado la v¡a judicial en Uruguay y que segon el Dr. Cabarcos fuera trasmitida en varias oportunidades al entonces abogado de Sara, Dr. Gustavo Puig, y rechazada por ‘sta, tambi’n cabe realizar algunas precisiones.
tEn primera instancia, s¢lo tenemos conocimiento de una propuesta, tramitada con anterioridad a la conclusi¢n de la v¡a judicial. No puedo precisar exactamente la fecha. Lo que s¡ recuerdo son las condiciones que, por supuesto, el Dr. Cabarcos se esfuerza mucho en no detallar. La condici¢n que hizo inaceptable dicha propuesta fue que cualquiera fuera el resultado del examen (positivo o negativo), el mismo deb¡a ser mantenido en secreto, no deb¡a darse a conocimiento poblico.
+A qui’n puede ocurr¡rsele que, por ejemplo, en caso de que fuera positivo, la culminaci¢n de un secuestro y desaparici¢n forzada deb¡a ser ocultada? O en la hip¢tesis contraria, como en realidad hubiera sucedido dado lo que hoy sabemos, +qu’ explicaci¢n se deb¡a dar a la opini¢n publica, a los organismos de DD.HH., para explicar que se abandonaba una pista que por muchos a_os se hab¡a intentado confirmar? La desaparici¢n, como bien lo ha definido el Presidente Jorge Batlle, es un problema de Estado, no solamente de Sara M’ndez. tEl tenor de esta propuesta, que no queremos calificar y que pudo estar cargada de la mejores intenciones, hace aon m s inexplicable el comportamiento de quienes a veces dicen que estaban seguros de que Gerardo no era Sim¢n.
tSolamente la confusi¢n de una familia que efectivamente se vio afectada, no por Sara M’ndez, sino por las consecuencias del terrorismo de Estado, puede provocar que se sostenga, por ejemplo, que fue Sara M’ndez quien rompi¢ el pacto de reserva luego de que Gerardo aceptara ante el Dr. Batlle realizarse el examen de ADN. Fue el propio Dr. Batlle quien inform¢ del hecho, y luego de un intenso asedio de la prensa, Sara se vio obligada a emitir una comunicaci¢n en la cual expresaba y solicitaba:»No hay palabras para transmitir, lo que significa en lo personal, acercarse a una posible resoluci¢n. El saber, definitivamente, si se encontr¢ el hijo buscado o se debe seguir la bosqueda a casi 24 a_os de la desaparici¢n». » …hoy pedimos tengan en cuenta la necesidad de procesar este paso dado, del especial estado de la espera de los resultados de los ex menes a los que nos sometimos». » Pido en especial por la situaci¢n, mucho mas dif¡cil, para quien, espera la posibilidad de conocer su identidad, para que podamos ayudar a que este tiempo de espera refuerce la decisi¢n tomada».
tAlgunas conclusiones para quien quiera entenderlas: 1) Son absolutamente falsas y tendenciosas las afirmaciones de que el caso fue manejado «sin ninguna consideraci¢n para la familia y el propio adolescente».
2) Que no existi¢ ningon manejo «imprudente y prepotente» por parte de Sara ni de los organismos de DD.HH., y menos un supuesto «manejo con objetivos pol¡ticos». 3) Si est asquerosamente cargada de fanatismo la nota del Sr. Gianelli, que pretende, al igual que su Director, mezclar este caso con las acusaciones de lavado de d¢lares o un caso de supuesto manoseo de un docente a alumnas. 4) S¢lo aquel semanario que esconde las revelaciones del Teniente Coronel Rodr¡guez Buratti, hasta ahora celosamente ocultadas, bajo la consabida f¢rmula de «fuentes militares», puede tan livianamente exclamar:
¥Vaya forma de alcanzar la verdad!, ante una serie de f bulas que si en alguna medida existieron, mal pueden atribuirse al resultado de lo que fue y es la pr’dica de Sara M’ndez. 5) Queda tambi’n claro que el Sr Neber Araojo no tuvo ningon inter’s en tratar «objetivamente» el tema.
Raol Olivera
C.I 1.605.589-9
