Si actualmente los jóvenes hablan, ven y practican el sexo sin traba alguna, pero no son capaces de hablar con sus padres de esta materia, es que algo está fallando en los programas de educación sexual escolar. Es lo que puede deducirse del libro «El silencio de los adolescentes» que acaba de publicar el catedrático de sociología en Bilbao, Javier Elzo. Parece claro que la comunicación entre padres e hijos es manifiestamente mejorable. Pero no es ésta la única causa de que el sexo sea una materia lamentablemente vedada a la conversación intergeneracional. La sexualidad es vivenciada por los jóvenes de una manera negativa, con lo que se convierte en un punto oscuro que no apetece tratar en una conversación con los padres. Parece evidente que esto no sucedería si los programas de educación sexual no fueran en realidad una mera incitación a la promiscuidad, sino que contuvieran una auténtica educación de la afectividad sexual. De este modo, los jóvenes entenderían como un ideal llegar a ejercer una sexualidad con contenido y les interesar¡a muy mucho la experiencia que sus progenitores pudieran transmitirles al respecto.
Antonio Arjona Mart¡nez
*Informativos.Net no se hace responsable ni comparte necesariamente las opiniones de los lectores.
