El testimonio de la sobreviviente del centro clandestino de detención que funcionó en la unidad del Ejército en Los Polvorines.
Aurelia Tejerina de de la Rosa es sobreviviente de El Cilindro, el centro clandestino de detención que funcionó en el Batallón de Municiones 601 de Los Polvorines en tiempos del dictadura militar.
Ella vive en Pablo Nogués, y testimonió ante la Conadep hace más de quince años. Fue secuestrada una noche de fines de abril de 1978, quince días después que su marido, Jesús Lautaro de la Rosa, fuera llevado por un grupo de tareas para nunca más aparecer.
El 27 de julio de 1976 había sido secuestrado su cuñado Gerardo César de la Rosa, y el 29 de marzo de 1977 desapareció su hermano Juan Domingo Tejerina Colombres, quien vivía en Moreno y habría sido visto en la ESMA.
Sus vecinos fueron testigos del secuestro por parte de militares y personas vestidas de civil, cuando fue sacada de su casa encapuchada, subida a una camioneta y perderse en la noche.
CCD (centro clandestino de detenci¢n
La noche del secuestro, Aurelia Tejerina fue subida a una camioneta y, segon su testimonio en la Conadep, recuerda perfectamente el recorrido, que le permite concluir que fue alojada en el Batall¢n de Municiones.
Ante la Conadep, cuyos folios firma de pu_o y letra, describe las maniobras que realiza el rodado para llegar al lugar, que se encontraba a pocas cuadras de su casa.
«Deduce que era la calle Salta por el ruido de una alcantarilla que siempre est con agua. Cruza las v¡as del ferrocarril Belgrano que inmediatamente dobla a la derecha. Despu’s de un breve trayecto doblan a la derecha, cruzan por segunda vez la v¡a y siente una campanilla y la voz de una persona que dice «¥Alto!, +qui’n es?». La respuesta fue: «Capit n Griego o Gringo» (no recuerda). Escuch¢ ladridos de perros (esto se ve desde el tren). Sigue un trayecto corto y la bajan.
Camina unos pasos, pasa por una puerta corrediza (que ve desde adentro) color marr¢n, baja unos cuatro escalones y la depositan en el piso, sobre una colchoneta.
Ante la misma comisi¢n describi¢ el lugar. «Cuando no sinti¢ m s ruidos de botas se levant¢ la capucha y vio un recinto muy grande, con techo de chapa a dos aguas, con un cilindro de hierro de 0,80 cent¡metros de altura, del cual sal¡an cadenas, en forma radiada.
La longitud de cada cadena no pudo observarlas, pero pudo ver hasta 10 metros. En dichas cadenas se encontraban engrillada una persona cada metro, en dos sentidos».
Despu’s de estar varias horas confirm¢ su conclusi¢n desde el ba_o del lugar donde estaba detenida, que se encontraba fuera del recinto antes descrito. «Desde all¡ pudo ver a trav’s de unos ventanales la ruta 197, donde vio pasar el colectivo 365, el F.C. Belgrano, una cancha de fotbol con conscriptos jugando, una laguna, galpones, colectivo verde».
La libertad
Al describir la situaci¢n que se viv¡a en el centro clandestino de detenci¢n record¢ que ella se encontraba sobre una colchoneta color verde, desde donde sent¡a gritos de terror. «Cuando la llevaron a declarar le sacaron las vendas de los ojos y vio que hab¡a mucha gente encapuchada declarando en un pasillo largo y que hab¡a escritorios. Le preguntaron en qu’ trabajaba su esposo (hab¡a sido secuestrado); en qu’ andaba su hermano y le dijeron que no busque a su marido porque estaba muerto, que si no los delataba, la soltaban a la noche».
M s adelante explica que «la llevaron adentro, y o¡a pedir socorro, llamen a un m’dico, agua, comida. Sent¡a pasos de botas, un golpe y se callaban las mujeres y hombres. O¡a gritos de ni_os.
Cuando lleg¢ la noche (23 o 23:30) se levant¢ la capucha y vio atemorizada cantidad de gente, «a los que a unos le faltaba el pie, otros los brazos, ojos morados, manos, en el piso hab¡a sangre; al lado suyo hab¡a una mujer embarazada de 22 o 23 a_os que la llevaron y no la trajeron. Atr s de sus espaldas hab¡a ni_os de 2 o 3 a_os que lloraban».
Relat¢ que fue sacada del lugar «esa misma noche, a las 2 o 3 de la ma_ana, sinti¢ botas (ten¡a un nomero que cree era el 345), le pusieron un saco y la llevaron entre dos hombres hasta un coche color azul. La dieron varias vueltas, la dejaron en la ruta, en San Mart¡n, en una zanja, que hab¡a unos tubos. Se sac¢ la cinta adhesiva que le cubr¡a los ojos y vio el Falcon color azul que se alejaba».
Ante la Conadep, a mediados de los 80, explic¢ que «cambi¢ de domicilio y nunca m s fue molestada». En cuanto a su testimonio «es la primera vez que la realiza porque ten¡a miedo en su persona, por haber sido amenazada».
Nuevos testimonios
Actualmente la mujer vive en la misma casa de donde la secuestraron y recibe un sueldo del municipio de Malvinas Argentinas, a trav’s de uno de los planes sociales de la Provincia. La llevaron a limpiar el batall¢n el a_o pasado, pero se puso a llorar y se descompuso al recordar su cautiverio.
La comisi¢n de la memoria, a trav’s de funcionarios municipales, la entrevist¢ durante el mes de enero, pero hasta el momento nunca se dio a conocer poblicamente su testimonio.
Hubo profesores de la UNGS que conoc¡an el caso e incluso se entrevistaron con la mujer, pero nunca lo dieron a conocer al poblico ni propusieron de manera firme evitar la destrucci¢n de las posibles pruebas que aon se conservaban en el batall¢n hasta la semana pasada.
No se descarta que existan otros testimonios, entre ellos el que figura en el informe «Nunca M s», donde una persona reconoce el lugar pues encuentra una frase que hab¡a escrito mientras estuvo all¡ y que dec¡a : «Dios m¡o ayodame». (Ar/YZ/Ong-Mj-Ci/Dh-Vi/ap)
Red Solidaria por los Derechos Humanos.
