El eje Habana-Caracas-FARC no es más que una invención del Pentágono surgida de su creciente preocupación por el curso de los acontecimientos políticos tanto en Venezuela como en Colombia. De Cuba puede decirse que es para Washington una persistente piedra en el zapato. Todos conocemos el origen de su ojeriza y rabia contra la mayor de las Antillas: la isla nunca quiso convertirse en la 51 estrella de la Unión, vieja ambición expansionista de los yanquis; se mantiene firme en su opción por el socialismo, y a pesar del asedio y el bloqueo, ni se doblega ni se rinde.
La Venezuela de hoy pugna por retomar la senda del Libertador. El proceso liderado por el Presidente Hugo Chávez, rico en perspectivas hacia adentro y hacia fuera, ha encendido al mismo tiempo las alarmas de la Casa Blanca y una luz de esperanza bolivariana en América Latina. Sin duda Venezuela sabrá jugar el papel que la historia de la libertad americana le tiene reservado.
Colombia es lucha popular en ascenso, forcejeo bolivariano por el cambio de sistema. Es espacio de soluci¢n pol¡tica, si los que detentan el poder as¡ lo quieren, pero en su defecto puede ser tambi’n de confluencia futura entre alzamiento armado e insurrecci¢n hacia un nuevo Estado: el de la democracia verdadera, la paz, la justicia social, la soberan¡a y la unidad latinoamericana. As¡ lo percibe el Pent gono al estimar que de no darse una intervenci¢n m s vigorosa de los Estados Unidos en pocos a_os las FARC habr n tomado el poder en Colombia.
Pero ‘ste desenlace, como en Vietnam, no lo podr atajar la intervenci¢n. All los B52 bombardearon d¡a y noche, metro a metro el territorio, pero ni las bombas ni la acci¢n criminal de los invasores fueron suficientes para destruir la f’rrea motivaci¢n pol¡tica de los vietnamitas.
Aqu¡ podr n desembarcar a sus Marines, incrementar la represi¢n como lo dispone el Plan Colombia, podr n recurrir a la inteligencia t’cnica de sus Awacs y sat’lites y disparar sus misiles, pero jam s lograr n destruir la decisi¢n irrevocable de todo un pueblo que se cans¢ de soportar tanta injusticia, tanta miseria producida por la pol¡tica neoliberal, tanto saqueo de sus riquezas naturales y que est resuelto a luchar, m s que ninguno, por su segunda y definitiva independencia.
El conflicto colombiano tiene la caracter¡stica de la complejidad. No lo va a definir un enfrentamiento de aparatos militares, el choque de 30 mil o 40 mil guerrilleros y milicianos de Bol¡var contra 350 mil efectivos de las fuerzas represivas del Estado apoyadas por los gringos. No. Esto lo define el pueblo insurreccionado en las calles orientado por la guerrilla; el bloqueo combativo de las v¡as y arterias nacionales por los campesinos, los milicianos y los guerrilleros; la resuelta pelea del pueblo en las barricadas y el avance incontenible de la insurgencia hacia los centros del poder. Bajo esta ¢ptica es claro que no puede haber empate militar sino triunfo de la estrategia popular.
A esta certeza se suma la vinculaci¢n a la causa de las mayor¡as, m s temprano que tarde, de miles y miles de oficiales, suboficiales, soldados y polic¡as que no quieren seguir siendo el sost’n en el poder de unas castas pol¡ticas corruptas y podridas que nunca han tenido noci¢n de patria; militares que se hastiaron de ser ciegos instrumentos del paramilitarismo de Estado auspiciado por la CIA; militares y polic¡as patriotas, que creen en la vigencia del pensamiento social, antiimperialista y de unidad latinoamericana del Libertador Sim¢n Bol¡var.
Son todos estos hechos, sus potencialidades y las din micas que pueden desencadenar, lo que realmente preocupa a la Casa Blanca. No es solamente Colombia, Cuba y Venezuela, es tambi’n Ecuador que lucha contra las pol¡ticas desalmadas del Fondo Monetario Internacional; es Pero que no soporta mas al tirano que dispensa hambre y desempleo; y es tambi’n Bolivia que no quiere m s al B nzer propulsor de las pol¡ticas neoliberales que han convertido al pa¡s hermano en territorio de privatizaciones y de pobreza extrema. En otras palabras, la gran preocupaci¢n de Washington, es Bol¡var.
Por Iv n M rquez
Miembro del Secretariado de las FARC-EP
