El pasado 3 de abril fue asesinado a mansalva el periodista haitiano Jean Léopold Dominique, director de Radio Haití Inter, cuando entraba al edificio de la emisora que dirigía. El «gigante» de la radiodifusión haitiana, de 69 años y toda una vida de entrega profesional y militante antidictatorial, recibió varios proyectiles en el vientre, en el cuello y en la cabeza, muriendo casi instantáneamente al llegar al hospital.
Aunque sus asesinos no fueron detenidos, las hipótesis más serias en Haití, lo consideran un crimen político. Nadie duda, en todo caso, que el asesinato de Jean Dominique de 69 años, verdadero referente del periodismo haitiano, constituye una agresión directa contra todo el periodismo continental.
Palabras de la hija de Jean Dominique:
½ Me desperté esta mañana comprendiendo la dimensión enorme de lo que había pasado. Más allá de mi pérdida personal, más allá de mi dolor, más allá de la muerte de mi padre, el lunes 3 de abril del 2000, Jean Léopold Dominique ha muerto. Y el onico portavoz de los sin voz, el onico portavoz de los d’biles de este pa¡s, ha sido condenado al silencio. S¡!
Hace cuarenta a_os, el 28 de julio de 1958, Philippe Dominique muri¢ con las armas en las manos para que este pa¡s, al fin, conozca la paz, el amor, y que los pobres tuvieran derecho a la ciudadan¡a. Philippe Dominique muri¢ y el bien que hizo fue enterrado con ‘l. Cuarenta a_os m s tarde, su hermano Jean L’opold Dominique muere con las armas en la mano, en el camino para realizar su tarea de periodista.
Cuando Francois Duvalier muri¢ en 1971, hubi’ramos podido creer que el mal que hab¡a hecho, hab¡a sido finalmente enterrado y desaparec¡a de una vez por todas de la superficie haitiana .
Veintinueve a_os m s tarde, constatamos que no fue el caso. El mal que ‘l hab¡a hecho est siempre vivo y mata a Jean L’opold Dominique. M s all de los asesinos de mi padre, m s all de la mano ejecutora, es el mal que implant¢ en este pa¡s el indigno dictador, veintinueve a_os m s tarde, el que mat¢ a mi padre hoy. De la misma manera que si ‘l mismo (Duvalier) hubiera apretado el gatillo.
En la literatura de Shakespeare, Marco-Antonio, en el m s c’lebre discurso despu’s del asesinato de Julio C’sar habla al pueblo reunido en el Foro y les dice…Amigos romanos, compatriotas, escochenme!…El mal que hacen los hombres vive despu’s de ellos; el bien es muchas veces enterrado con los huesos….
…Mi padre ha muerto. Y la oltima vez que me habl¢, me dijo que estaba leyendo a Shakespeare y que este texto le daba coraje para luchar.
Hoy, el habr¡a comprendido este texto y yo siento el gran vac¡o que crea su muerte.
El mal que hacen los hombres vive despu’s de ellos; el bien es muchas veces enterrado con sus huesos. Cu n justa me parece esta frase de Shakespeare. El bien que ha hecho mi padre podr¡a sintetizarse en una palabra: la verdad. ¨Dejaremos nosotros que hoy el bien que ha hecho mi padre sea enterrado con sus huesos? La sangre del justo hace florecer la tierra donde cae.
Dolores Dominique-Neptune
5 de abril de 2000
