Algunos dicen que para activarse en otros espacios, otros que para reflexionar sobre lo acontecido y lo que podría pasar, otros se van a insistirle compasión y amparo a Dios y otros dejan correr a la suerte lo que decidan las estrellas, o lo que es lo mismo, la contienda electoral: para idear actividades de apoyo y solidaridad con la causa -dicen unos-, para delinear una estrategia política más efectiva -dicen otros-. Tal vez…
Por lo general -nos dicen- la desobediencia civil no es lo único que se puede hacer: podemos hacer marchas, piquetes, enviar cartas al presidente y a los congresistas, conciertos y vigilias, rezar o cantar protesta, pintar las calles o tirar pancartas, entre tantas otras cosas. A fin de cuentas, todo tienen cabida en esta lucha; todo se vale (si se hace en paz -nos recuerdan-). Bien. Pero más de un año va desde que se inició esta fase de la lucha. Sesenta le precedieron. Y harto es sabido que tras el discurso de la estrategia política se acomodan muchos; que tras el reclamo de flexibilidad y paciencia se cuela la cobard¡a; que tras la exigencia de civilidad y prudencia se hace espacio la hipocres¡a…
Jos’ Mart¡
