La afirmación de que el espacio de libertad humana se limita automáticamente con la existencia de otras individuos, para mí es absurda; si así fuera, la condición ideal para la libertad humana sería una existencia sin semejantes; esto está por completa fuera de la realidad, y, sobre todo, el acto supremo de la libertad -el amor- sería incompatible con ese concepto de libertad.
El hombre que entendiese su propia libertad como soberanía absoluta frente a cualquier sistema, orden y ley se haría un dictador intolerable para todos sus semejantes.
Al señalar esto A. Bensch me viene a la cabeza como los seres humanos más bien practicamos otro límite, que puede ser ese «no quieras para los demás lo que no quieras para ti», o tal vez «trata a los demás como quieras que te traten».
Maria José Gutiérrez Sanjuán
Granada
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