El ex General paraguayo Lino Oviedo, nunca ocultó su ambición de poder. Desde su activa participación en el derrocamiento de la extensa dictadura del general Alfredo Stroessner, de una o otra forma, ha estado presente en la política de su país.
Admirador de Pinochet y amante de uniformes y fanfarrias, Oviedo procuró encarnar la figura de un caudillo paternalista al estilo de los años 50 o 60. Su pertenencia al arma de caballería, y su baja estatura, le valieron el nombre de «el jinete bonsái».
Su contacto con los hombres de campo su dominio del idioma guaraní y su discurso populista, fueron elementos sobre los cuales forjó esa imagen.
El pueblo paraguayo, prácticamente no ha tenido posibilidades de vivir en democracia en el último medio siglo. Quizás ese dato histórico explique la supervivencia de un personaje anacrónico en la realidad latinoamericana.
El partido Colorado del General Stroessner, ha teñido con su color político casi todas las posibilidades reales de gobernar. El resto de las opciones nunca lograron vertebrar un partido con arraigo y fuerza importante en todo el pa¡s.
«Colorado» fue el general Rodr¡guez, sucesor de Stroessner. «Colorado» el siguiente Presidente , el civil Wasmosy. El actual gobernante Gonz lez Macchi, el propio Oviedo y muchos de sus rivales pol¡ticos, tambi’n son «Colorados».
Al ex general Oviedo le imputan vinculaciones con los traficantes de droga y con el contrabando en gran escala. Tambi’n le adjudican negocios il¡citos con obras poblicas.
En el a_o 96, al fracasar su primer intento de golpe militar fue condenado a 10 a_os de prisi¢n. Un cambio presidencial le permiti¢ recuperar la libertad por un dudoso indulto. Pero 3 a_os m s tarde, en marzo del 99, le se_alaron como responsable del asesinato del Vicepresidente Luis Mar¡a Arga_a.
Debi¢ salir del pa¡s y buscar la protecci¢n del entonces Presidente argentino, Carlos Menem. Durante su refugio el inquieto general no dej¢ de dar problemas a su protector. No solo manten¡a reuniones con sus partidarios civiles y militares que viajaban para verle. Tambi’n se preocupaba de participar a los periodistas de sus andanzas conspirativas. Al producirse el relevo de Menem por Fernando de la Roa, Oviedo volvi¢ a fugarse. Previamente un cirujano pl stico de Buenos Aires le hizo una cirug¡a facial y un implante de cabello.
Desde entonces no ha tenido apariciones poblicas. Pero ha lanzado mensajes a los medios, proclamando que se encontraba en territorio paraguayo. Su intenci¢n manifiesta ha sido desestabilizar al gobierno paraguayo y mantener alertas a sus partidarios.
La dif¡cil situaci¢n econ¢mica y social del pa¡s, ha sido la excusa que ha utilizado Oviedo para este nuevo intento golpista. Los sublevados no le mencionaron.
Prefirieron definirse como un movimiento nacionalista y utilizar el nombre de Fulgencio Yebro, un pr¢cer de la guerra por la independencia en el siglo diecinueve.
Pero su intenci¢n y su c lculo van en sentido contrario al de la historia. No hay margen para que un fascista admirador de Pinochet, pueda hoy acceder a un gobierno por medio de la fuerza. Ni siquiera en Paraguay, donde se han padecido tantos a_os de dictadura brutal. Ese pueblo laborioso y dulce sigue con su esperanza puesta en una justicia social que no termina de llegar. (Py/QR/Mt/Pp/ap)
Carlos Iaquinandi Castro
LINO OVIEDO NUNCA OCULTÓ SUS ANSIAS DE PODER
183
