El 30 de agosto, cuando el presidente estadounidense Bill Clinton se pasee por las calles de Cartagena, no habrá ningún niño indigente que haga desagradable su recorrido. Por disposiciones del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, alrededor de 300 niños indigentes estarán en las afueras de la ciudad durante su visita.
Tal vez no haya por qué sorprenderse: así es la niñez colombiana. Aparece y desaparece de la esfera pública como si nada. La noticia de los seis niños de Pueblo Rico, víctimas de las balas del Ejército, los ponen de nuevo en el estrado público. Quién sabe por cuánto tiempo más.
Las cifras, si es que un número puede llegar a medir la magnitud de la tragedia, son contundentes: el año pasado, más de 460 niños murieron en medio del conflicto armado. De los niños que militan con un fusil en las filas de la guerrilla, al 33 por ciento les parecieron bonitos los uniformes y las armas. El otro 33 por ciento llegó huyendo de hogares que los maltrataban y de condiciones extremas de pobreza. Otro 16% le gust¢ la guerrilla porque creci¢ vi’ndola.
Los que alcanzaron a huir del conflicto armado, llegan a las calles de las grandes ciudades huyendo de las masacres. Son el mill¢n de ni_os y ni_as desplazados que deambulan por las calles incomodando a los grandes personajes.
No hay escapatoria. Ni siquiera para quienes tienen la fortuna de tener una casa, ir a la escuela, comer y vestir. Estos son ni_os que no pueden salir a jugar en los parques, encerrados en sus casas aterrorizados ante el secuestro. Segon la Fundaci¢n Pa¡s Libre, en este a_o han sido denunciados 106 secuestros de menores de edad.
Segon el oltimo informe de Unicef, «los conflictos del siglo 20 han destruido todas las teor¡as de los historiadores que defin¡an el combate como una forma disciplinada de los Estados soberanos. La mayor¡a de los conflictos de hoy ocurren dentro de los l¡mites de los pa¡ses, y el 90% de las v¡ctimas son civiles, especialmente ni_os y mujeres».
Nuestros ni_os cambiaron sus juegos por unos m s sangrientos, en los que «guerrilleros» y «paramilitares» se enfrentan con armas de mentiras. O con armas de verdad. Aprendiendo de nosotros, los m s mayores, que no hacemos m s que tomar lados en una guerra a la que deber¡amos oponernos en lugar de seguirle el juego, metidos en medio de un conflicto que se ensa_a, cada vez m s, contra la ni_ez colombiana. (Co/QR/Ni/Cs-Ri-Dh/pt).
Ana Luc¡a Gonz lez
