Mientras miles de panameños protestaban por la pobreza, las duras condiciones en las que viven y la falta de trabajo, la Presidenta Mireya Moscoso cumplía uno de sus sueños más anhelados: conocer personalmente al Papa Juan Pablo II.
Pero lo prolongado de las protestas, las decenas de heridos por la policía, el reclamo de otros sectores sociales hicieron que la mandataria regrese al país e intente aplacar los ánimos.
Moscoso se trasladó a la provincia de Bocas del Toro y se reunió con sus ministros, autoridades locales y líderes populares e indígenas para poner fin a las protestas. Aunque los manifestantes desalojaron la pista del aeropuerto de la provincia, aún mantienen el bloqueo de las carreteras que unen a Bocas del Toro con el resto del país.
Los pobladores demandan al menos la instalación de una planta de agua potable, más personal en los hospitales y una reforma educativa que considere a los niños y niñas como sujetos y no objetos en el proceso educativo. (Pa/LY/Au-Po/Cs/mc)
