El reciente episodio en el que murieron seis niños en medio de un presunto combate entre el Ejército de Colombia y la guerrilla, en la medida que avanzan las investigaciones judiciales adquiere más semblante de despropósito garrafal que de desenlace de guerra forzoso.
El pasado martes 15 de agosto una patrulla del Ejército abrió fuego sobre un grupo de 30 escolares que iniciaba un día de campo en las afueras de Pueblo Rico, Departamento de Antioquia.
Las descargas de fusil, hechas a unos 60 metros de distancia, les quitaron la vida a seis menores y dejaron heridos de gravedad a otros cuatro. El comandante de la Cuarta Brigada, general Eduardo Herrera Verbel, sostiene que sus hombres fueron agredidos por una banda del Ejército de Liberación Nacional, ELN, que utilizó como escudo al grupo de colegiales.
Sin embargo, jóvenes sobrevivientes, maestros, un concejal de Pueblo Rico y campesinos del lugar donde cayeron muertos los niños alegan que en ningún momento vieron guerrilleros durante los 15 minutos que llevaba la caminata infantil, ni percibieron nada que pudieran asociar con un ataque rebelde.
El suceso juega aon m s en perjuicio del Ej’rcito porque en el sitio rural en el que murieron los ni_os no hay obst culos vegetales o de otro tipo que le hubieran impedido a la patrulla ver a los escolares, ni exist¡an condiciones de visibilidad deficientes como para aducir una confusi¢n. La embestida ocurri¢ a plena luz del d¡a: 9 y 15 minutos de la ma_ana.
Los maestros que guiaban a los peque_os afirman que al o¡r los primeros disparos prorrumpieron en gritos: «No disparen, son ni_os». Pero el fuego continu¢. Los estudiantes avanzaban en una fila india que encabezaban una ni_a de siete a_os y un ni_o de cinco. Entre todos cargaban ollas con carnes y papas para cocer en una hoguera a la hora del almuerzo.
Los maestros dicen que al o¡r sus gritos los militares contestaron, tambi’n a voces, mientras segu¡an disparando: «Aqu¡ hay infiltrados de la guerrilla». Las balas de fusil que manaban de los ca_ones de la patrulla iban tumbando a los ni_os que intentaban apartarse del camino en busca de refugio.
Fueron cayendo Alejandra Arboleda Roa, de 10 a_os y su hermana menor Paula Andrea Arboleda Roa, de ocho a_os. Luego siguieron, Gustavo Adolfo Isaza, David Ram¡rez L¢pez, Marcela S nchez y Harold Tabares, de nueve, 10, seis y siete a_os, respectivamente.
El concejal municipal Hernando Higuita, esposo de la maestra Lucy V’lez, afirma que vio el ataque y dice que grit¢: «¨Cu les infiltrados? ¥Mu’strenlos! +No ven que son ni_os?». Higuita sostiene que ha sido amenazado de muerte por contradecir las versiones militares.
En la tarde del viernes, el comandante del ej’rcito nacional, general Jorge Enrique Mora Rangel, viaj¢ desde Bogot a la zona de la tragedia y respald¢ oficialmente la acci¢n militar: «Se present¢ el enfrentamiento y desafortunadamente los guerrilleros estaban metidos en el sitio donde estaban movi’ndose unos ni_os», declar¢.
Las palabras del oficial contrastan con las de una ni_a sobreviviente: «Mi hermanito fue el primero que se muri¢. El se estaba tomando un jugo y le dieron un tiro en el coraz¢n. Todos salimos corriendo y yo me tir’ al suelo y esper’ hasta que se acab¢ la balacera. Todos los que nos disparaban eran soldados. Yo le dije a uno de ellos que me ayudara, que me iban a matar».
Por su parte, el ministro de Defensa colombiano, Fernando Ram¡rez, advirti¢ que aunque existe la posibilidad de un «error humano» en la muerte de los menores, el hecho no es un tema de violaci¢n de derechos humanos. Ram¡rez, en una rueda de prensa en la noche del viernes, declar¢ que «queda por determinar si ese error era evitable o no».
Cinco suboficiales fueron relevados y 36 soldados quedaron suspendidos hasta que termine una investigaci¢n. (Co/NH/Mt/Vi-Dh/mc)
Gonzalo Guillen.
NADIE CREE LA VERSIÓN DE LOS MILITARES SOBRE LOS NIíOS MUERTOS EN COLOMBIA
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