Es la tercera vez que se produce un gran gesto de reconciliación en este Año Jubilar. El primer domingo de cuaresma el Papa pidió perdón por los pecados pasados y presentes de los cristianos y animó a perdonar. Poco después quiso subrayar la parte que toca al antisemitismo, en el Memorial del Holocausto en Israel, durante su peregrinación a Tierra Santa. Dos gestos difíciles, como difícil es reconocer las propias culpas. Pero más difícil todavía, a mi juicio, es lo que hicieron con Juan Pablo II los representantes de treinta confesiones cristianas el pasado 7 de mayo en el Coliseo romano: conmemorar a los cristianos del siglo veinte que perdieron su vida por odio a la fe, no para restregarlos contra sus asesinos, sino para perdonarles. Los historiadores calculan unos veintiséis millones de mártires, el doble que en los diecinueve siglos anteriores juntos. Esto cuesta aún más. Pues, si hoy día no está de moda reconocer nada de nada, mucho menos, perdonar. Hasta se hace alarde de espíritu de venganza. Por eso, pienso que estos gestos tienen gran importancia. Y deber¡an sentar un precedente que nos sirviera a cada uno para imitar ese ejemplo en los mbitos en que nos movemos. ¨Qui’n no tiene cosas de que arrepentirse? ¨Qui’n no tiene algo que perdonar?
Juan Manuel Molina Vald’s
