Rodrigo Morales Salas permanece detenido en el Módulo «C» de la Penitenciaría de Santiago desde hace más de tres meses, junto a nacotraficantes, estafadores y ex agentes de la CNI, luego de ser vuelto a capturar por Carabineros del GOPE y DIPOLCAR en un operativo el 30 de octubre del año pasado, mientras caminaba con su hijo de 11 años. Detenido con su hijo, Rodrigo Salvador, en la esquina de Los Presidentes con Américo Vespucio, ambos fueron trasladados a la 43¬ Comisaría. El niño fue interrogado por efectivos de la DIPOLCAR sobre las supuestas actividades «subversivas» de su padre, permaneciendo más de 4 horas en manos de la policía, lo que le causó un schok emocional del que aún no se recupera. Está siendo atendido profesionalmente por el CINTRAS.
Rodrigo Morales permanecía en la clandestinidad desde marzo de 1994. La madrugada del 19 de marzo de ese año se fugó de la cárcel de Santo Domingo, lugar al que habían sido trasladados los últimos presos políticos de la dictadura para ser indultados o conmutadas sus penas por el «extra_amiento». El d¡a antes de entregar el mando a Frei Ruiz-Tagle, el Presidente Aylwin firm¢ los oltimos indultos a condici¢n de que los presos pol¡ticos salieran «voluntariamente» fuera de Chile rumbo a pa¡ses europeos que los acogieron como refugiados pol¡ticos. Rodrigo Morales se neg¢ a pedir el indulto en esas condiciones humillantes, su situaci¢n judicial era complicada pues enfrentaba, adem s de los procesos en la Segunda Fiscal¡a Militar, un requerimiento presentado por el Ministerio del Interior en contra del FPMR, lo que imped¡a que fuera indultado mientras se mantuviera ese recurso. Consideraba injusto pedir perd¢n por luchar en contra de la dictadura, no era probable que fuera indultado ! y, adem s, se arriesgaba a ser «extra_ado» perdiendo el contacto con su familia y su hijo, en ese entonces de seis a_os. Por estos motivos prefiri¢ fugarse a pesar de la precariedad de medios y solidaridad con que contaba, descolg ndose del tercer piso de la C rcel de Santo Domingo para ocultarse en la clandestinidad. Lo logr¢ por cinco a_os.
Se le acusa de pertenecer al FPMR y de alcanzar la jefatura de la zona suroriente, participando en el secuestro del coronel de Ej’rcito Carlos Carre_o (Operaci¢n Pr¡ncipe) el a_o 1987. El proceso por esta causa, conocida como «Caso Carre_o», fue instruido por la Segunda Fiscal¡a Militar para investigar el secuestro, pero adem s se extendi¢ a determinar las infracciones a la Ley Antiterrorista y la Ley de Control de Armas y Explosivos.
En primera instancia el fiscal militar pedía para Rodrigo Morales una condena de m s de 26 a_os: 13 a_os por secuestro terrorista, 8 a_os por asociaci¢n il¡cita terrorista, 5 a_os y 1 d¡a por maltrato de obra a carabinero en servicio causando lesiones graves y 61 d¡as por maltrato a carabinero sin causar lesiones. La sentencia de segunda instancia, con fecha 31 de julio de 1991, redujo la pena a 15 a_os y 1 d¡a por todos los delitos, siendo absuelto de la asociaci¢n il¡cita.
La misma Segunda Fiscal¡a inici¢ un nuevo proceso por infracci¢n a la Ley Antiterrorista y Ley de Control de Armas. A petici¢n de la defensa, encabezada por el abogado Hugo Guti’rrez del CODEPU, el «nuevo proceso» fue finalmente trasladado a la Corte de Apelaciones de Santiago, pero la Corte Suprema design¢ al Ministro en Visita Extraordinaria Sergio Valenzuela Pati_o (padre de un ex agente de la CNI), quien le conden¢ a cuatro penas de 541 d¡as cada una por porte ilegal de armas, tenencia ilegal de armas, tenencia de explosivos y transporte de explosivos. Sin embargo, termin¢ absolvi’ndolo de la asociaci¢n il¡cita por segunda vez, lo que demuestra el doble procesamiento a que son sometidos los presos pol¡ticos que son condenados por las Fiscal¡as Militares.
Un a_o despu’s de la fuga de Rodrigo Morales, el gobierno levant¢ el requerimiento en su contra, las torturas a las que fue sometido por la DIPOLCAR fueron comprobadas. Rodrigo Morales se encuentra hoy cumpliendo estas condenas por delitos cometidos en dictadura a la espera del indulto presidencial, el que fue presentado ante el Ministerio de Justicia por el CODEPU a fines de enero. En la Penitenciar¡a nos manifest¢: «Como preso pol¡tico de la dictadura me corresponde el beneficio de las Leyes Cumplido. Me encuentro en calidad de reo rematado y existe la posibilidad de obtener la prescripci¢n de los delitos ya que no es l¢gico que sea la onica persona que cumpla condena por supuestos delitos que fueron en s momento indultados por Aylwin. Fueron acciones en contra de la dictadura por las cuales nadie est cumpliendo hoy ninguna pena. No puedo ser yo quien cumpla con c rcel por hechos que fueron justos y que ayudaron a que la dictadura dejara el poder que ejerc¡a reprimiendo, to! rturando, asesinando y desapareciendo a la poblaci¢n».
¨Has recibido la solidaridad de organismos de Derechos Humanos en cuanto a tu petici¢n de indulto. Es un camino viable a pesar de la situaci¢n pol¡tica que enfrentamos?
«El indulto es una alternativa viable. No estoy implicado en lo que se denomin¢ «hechos de sangre», por lo que me corresponde el beneficio en el pa¡s. El a_o 1990, cuando fui detenido por primera vez por la DIPOLCAR, fui sometido a torturas, lo que fue comprobado por la Corte de Apelaciones, y que signific¢ que fuera levantado, en 1995, el requerimiento del Ministerio del Interior que pesaba en mi contra. He recibido la solidaridad de diversos organismos de Derechos Humanos como la ODEP, CINTRAS, Agrupaci¢n de Familiares de Ejecutados Pol¡ticos, Agrupaci¢n Nacional de Ex Presos Pol¡ticos. El Padre Alfonso Baeza de la Pastoral Social est al tanto de mi situaci¢n, lo mismo Amnist¡a Internacional y Human Rights Watch. No soy el onico preso pol¡tico de la dictadura en esta situaci¢n, Sergio Olivares V squez se encuentra detenido en Valpara¡so y Abraham Larrea Zamorano se encuentra en la C rcel de Alta seguridad, condenados por hechos en contra de la dictadura. Es una situaci¢n di! f¡cil por la situaci¢n pol¡tica que enfrentamos, pero espero que el indulto haga justicia en mi situaci¢n y en la de los dem s compa_eros. Es un acto de justicia…».
por Arnaldo P’rez Guerra
