Ese hombre nació en la ciudad de Rosario, Argentina, en noviembre de 1928. Desde pequeño fue un ávido lector. Su hogar era el de una familia de la burguesía argentina. Sus padres, tal como la gran mayoría, habrán pensado en que su hijo sería un futuro profesional. Sueño truncado. En su Rosario natal comenzó la práctica del rugby a pesar de el asma que lo aquejaba. Era un joven al que lo preocupaban las desigualdades que veía en su ciudad. Quienes recuerdan sus años mozos destacan que el compromiso político ya anidaba en su mente. Emigró luego a la provincia de Córdoba donde comenzó sus estudios de medicina.
Corría la década del 50. Juan Domingo Perón gobernaba Argentina. Opositor acérrimo al gobierno, tomó contacto ûen la facultad- con otros jóvenes que pensaban que el peronismo frenaba el desarrollo del movimiento obrero. Tras haber meditado que la medicina no era su futuro, decidió emprender su primer viaje. Lo hizo en compañía de dos compañeros de estudio. Su primer destino americano fue Guatemala. La Guatemala que gobernaba Jacobo Arbenz, un pol¡tico que contaba con el respaldo popular y que hab¡a decidido oponerse a que Estados Unidos dirigiera los destinos econ¢micos de su patria. Pero los Estados Unidos y la United Fruit, empresa comercializadora del banano guatemalteco se confabularon y un golpe de Estado derroc¢ al presidente Arbenz.
Este hombre del que hablamos fue testigo del quiebre institucional que d’cadas despu’s se convertir¡a en moneda casi corriente en Am’rica Latina. De all¡ parti¢ a M’xico. En tierras aztecas conoci¢ a quien ser¡a uno de los 84 integrantes del «Granma» que desde la Sierra Maestra entrar¡an triunfantes -el 1 de enero de 1959- en La Habana. Ya en Cuba ocup¢ la cartera de Industria. Inquieto como era no se imaginaba terminar sus d¡as sentado detr s de un escritorio. Su esp¡ritu revolucionario lo llev¢ a tierras africanas, Angola fue el sitio escogido. Y de all¡ a Bolivia no pas¢ mucho tiempo.
Nuevamente en el continente sudamericano -en 1967- organiz¢, junto a un grupo de cubanos y bolivianos lo que pens¢ ser¡a el incipiente ej’rcito revolucionario americano. Intent¢ incorporar a los campesinos bolivianos a sus huestes, pero ‘stos lo vieron como un extraterrestre.
En tanto, el Ej’rcito boliviano -asesorado por los boinas verdes estadounidenses- fueron asest ndole constantes estocadas al grupo guerrillero. Sin el respaldo que esperaba recibir del campesinado, diezmadas sus fuerzas, el cerco se iba cerrando. En el oltimo combate contra el Ej’rcito fueron muertos la mayor¡a de sus compa_eros y ‘l recibi¢ varias heridas en su esquel’tico cuerpo. En lo que hab¡a sido una escuela, en el pueblo de Vallegrande un teniente cumpli¢ con el pedido que le hab¡a exigido. Sonaron varios disparos. Y ese hombre que so_¢ en su juventud con un mundo sin explotados ni explotadores qued¢ tendido sobre una pared.
Hoy la imagen de Ernesto «Che» Guevara, con su larga cabellera y espesa barba se ve estampada en sudaderas, pancartas, l minas y todo el marketing que pueda imaginarse.
A 33 a_os de su asesinato, sus restos descansan en su Cuba adoptiva. Mucho se ha escrito, y se lo seguir haciendo sobre este hombre que hoy podr¡a ser un noble y venerable anciano.
Alberto Bastia
Jefe Corresponsal¡as Informativos.Net en Am’rica Latina
