Durante el resto de la noche se fueron sucediendo en distintos escenarios y de forma simultánea, las actuaciones de música electrónica y las sesiones de respetados D.j’s especializados en música techno, house y pop, entre los que se encontraban Yasuharu Konishi, ex líder de Pizzicato Five. Otras sesiones destacadas fueron las de Unkle, el alias con el que se conoce el proyecto de James Lavelle, capo del sello Mo’Wax (que bautizó su sesión bajo el título «decks & effects live!» ) y el dúo alemán Le Hamond Inferno (Bungalow) en el escenario principal donde actuasen previamente los grupos nacionales en su faceta pop-rock.
Sr Chinarro: La renovada formación de Sr.Chinarro hizo aparición en el escenario principal con puntualidad británica. Su breve pero intensa actuación, hizo un repaso a su excelente repertorio, con motivo de la reedición de sus cuatro anteriores LP’s a su reciente «La primera opera envasada al vacío» y una recopilación de rarezas e inéditos que acaba de editar su discográfica Acuarela. Podr¡amos resumir su actuaci¢n de soberbia, pero la riqueza de matices que aporta la propuesta de Sr.Chinarro exige incidir con mayor profundidad en los peque_os detalles de su puesta en escena. Como el mismo Antonio Luque se ocup¢ de se_alar al t’cnico de sonido «que subiera las guitarras por el monitor» . Un detalle que refleja el minucioso cuidado al que someten tan personal e intima propuesta: el lamento, el profundo desasosiego y la sencillez de unas letras incisivas y a la vez relevantes como la cotidianedad que se desprende de la interpretaci¢n de Antonio Luque (cuya voz aparentaba estar m s quebrada que nunca). La ingravidez de sus melod¡as son la mejor muestra del desaliento que transpira su mosica y el sentimiento de angustia impenetrable que suscitan sus composiciones, temas que se sucedieron bajo el hilo conductor de un sonido tan austero como fr¡a comenzaba a ser la tarde primaveral. Un b sico y elemental compendio de canciones, marcadas solemnemente mediante la batuta de un tempo inalterable, notable presencia de la oscuridad del bajo y la bater¡a. Inmensas y turbadoras canciones, de un clima sobrecogedor, destinadas a adue_arse del dolor que reside en lo m s profundo de nuestras entra_as.. Mosica, al fin y al cabo, pero tambien poes¡a. La sencillez de unos versos que son canciones; hermosas canciones que evidencian el lirismo tr gico que se desprende de la cotidianedad de los versos hablados al rescatar los recuerdos que alberga nuestra memoria, con una inusitada capacidad para alterar los distintos estados de nimo. Sensaciones que solamente percibieron quienes supieron reconocer el poder de evocaci¢n de la mosica de Sr.Chinarro, injustamente infravalorada por buena parte del poblico asistente. Por su parte, el grupo insignia del sello Astro, los asturianos Manta Ray asistieron a la ciudad condal con fuerzas suficientes para constatar la validez de su propuesta y con los nimos renovados para ofrecernos una de las actuaciones m s impactantes de la tarde-noche. Su potencial estuvo basado en la radicalidad de su puesta en escena que mantuvo la atenci¢n del respetable (cada vez mayor proporcionalmente en nomero y con muestras de inter’s en ascendente evoluci¢n) vertieron un complejo entramado de guitarras cimientando un impenetrable muro de distorsi¢n sobre el cual aplicaron modulaciones varias, salpicando de matices ocultos la creciente y por momentos escalofriante atm¢sfera – con puntuales reminiscencias cinematogr ficas- de una consistencia absoluta. Una impecable traslaci¢n al directo de su repertorio, al cual sumaron algon tema nuevo todav¡a sin edici¢n discogr fica, fue en definitiva de lo mejor que se pudo presenciar sobre el escenario Apolo. En su conjunto, la bater¡a result¢ hipn¢tica, contundente y expresiva, sincronizada a la perfecci¢n, con precisi¢n milim’trica, junto a una instrumentaci¢n siempre a la bosqueda del alcance del cl¡max sonoro. Los asturianos interpretaron temas de «Peque_as Puertas», «Esperanza» y alguna pieza in’dita que remite a la improvisaci¢n. Su mezcla de rock de escuela, noise rock experimental salpicado de apuntes psicodelicos e incluso soul , denota firmes argumentos de evoluci¢n, riesgo y experimentaci¢n que result¢ de lo m s efectiva ante la mirada at¢nita de quien desconoc¡a el alcance de la propuesta. El inquietante y doloroso tramo final de su actuaci¢n, ratific¢ el valor a_adido que implica una cierta inquietud creativa, y la intensidad y el potencial magn’tico de su actuaci¢n les vino a confirmar como la formaci¢n del +g’nero? con uno de los directos m s elaborados y consistentes (por no decir el m s) de nuestro pa¡s. En cambio a Los Planetas hay que darles de comer a parte. Los granadinos, ubicados en lo m s alto de la esfera pop-rock nacional no necesitan presentaci¢n alguna, y el ‘xito cosechado entre el gran poblico, goza de un radio de alcance muy superior a las anteriores formaciones. La fuerza de influencia que ejercen actoa sobre un nutrido y variado elenco generacional: desde el poblico adolescente hasta el m s adulto, pero igualmente identificado con su mosica. En lugar del previsible desfile de conocidas piezas y eficaces himnos indies, el inicio de su actuaci¢n dio lugar a una mayor consistencia mediante un bucle de guitarras y frecuentes loops. M s tarde, su actuaci¢n fue dividida, segon manifest¢ el propio J, en dos fases. La primera de ellas, m s regular tanto por la repercusi¢n de los temas como por el deficiente sonido que afect¢ al grupo durante los primeros compases de su actuaci¢n. Sin ir m s lejos, a J, cantante del grupo no se le pudo entender palabra alguna hasta bien entrada la segunda mitad del concierto, m s en’rgica e incisiva, mediante un enlace cont¡nuo de los himnos generacionales a los que antes hac¡a referencia. Una segunda parte del concierto, donde prevalec¡an los estribillos que han hecho m s famoso al grupo nacional m s representativo del indie por excelencia. As¡ pues interpretaron sus temas m s conocidos como «De Viaje» , «La Copa de Europa», hasta rescatar un antiguo tema «Pegado a ti» que afirmaron no tocaban en directo desde hac¡a mucho tiempo. Todo y as¡, aunque no por ello menos atractiva, el intenso aluvi¢n de guitarras quedaron sobreexpuestas a la variedad de registros vocales de J (su personal manera de interpretar las letras de las canciones) quedando sumergida su voz bajo una manto de distorsi¢n, hasta que hizo acto de una mayor -y necesaria- presencia. Notable alto.
