«Estoy aquí con ustedes gracias a la respuesta del doctor Luis Carlos Villegas a un llamado que le hice cuando solicité intervenir, en nombre del sector que represento, en un espacio tan fundamental para pensar y debatir la viabilidad económica y social de nuestro país.
Luis Carlos Villegas comprendió rápidamente mis razones. El, cuando lideró uno de los procesos de reconstrucción más valientes y hermosos que haya vivido el país en su historia, comprobó por qué la cultura, más allá de las artes y las letras con la que generalmente se le asocia, representa la verdadera dimensión de la creatividad y la solidaridad.
En tiempos como éstos, para millares y millares de colombianos, la cultura representa la única alternativa posible para sustentar la voluntad de construir la nación libre y en paz que tanto anhelamos.
Hoy vengo a hablarles de cultura, pero también de industria. Vengo a hablarles de las industrias culturales colombianas y compartir por primera vez los resultados de la fase inicial de la investigaci¢n sobre econom¡a y cultura que el Ministerio de Cultura y el Convenio Andr’s Bello decidieron emprender con el prop¢sito de comprobar el alto potencial que tiene la cultura para contribuir al desempe_o econ¢mico nacional.
Esta investigaci¢n, que presentar’ en la pr¢xima Cumbre Iberoamericana de Cultura, en Lima, Pero, ha sido valorada por el Banco Interamericano de Desarrollo y por organismos relacionados afines, como la investigaci¢n m s importante que sobre el tema se haya realizado en Am’rica Latina y El Caribe. Hoy, la investigaci¢n es modelo para pa¡ses como M’xico y Argentina y todos los pa¡ses andinos.
Cuando escuchen sus resultados comprender n el por qu’ de mi presencia en esta clausura sobre todo por qu’ es absolutamente leg¡timo que en ella est’ representada la cultura.
Pero, +de que hablamos cuando hablamos de industrias culturales? Las industrias culturales producen mucho m s que un conjunto de bienes y servicios, como el libro, el cine, la mosica o los medios de comunicaci¢n.
Producen significados, hacen circular historias, disparan los sue_os, movilizan las identidades, generan conocimiento.
Las industrias culturales nos mantienen en contacto, ahora que todo parece oponerse a que lo hagamos. Cuando nuestras carreteras est n amenazadas por el miedo que infunden los violentos, las industrias culturales logran comunicarnos y enriquecernos con la riqueza de nuestra diversidad.
Por las industrias culturales, pasa Carlos Vives cantando la colombia vallenata, Juanes interpretando el sentir de la Colombia contempor nea o Shakira record ndonos por qu’ cuando se dice Colombia se dice tambi’n magia.
Por las industrias culturales pasa el pa¡s de regiones cont ndose en Caf’ o el pa¡s urbano ri’ndose de s¡ mismo en Betty la Fea.
Pasa el pa¡s de Gabo, el pa¡s de Mutis y el de las nuevas generaciones de escritores colombianos que se abren paso en Am’rica Latina y Europa. Pasa el pa¡s de Botero y el pa¡s de la mejor radio y de las mejores telenovelas que se puedan producir hoy en el mundo.
Pasa el pa¡s de ‘La Pena M xima’, el de ‘La Virgen de los Sicarios’, o el de ‘La Vendedora de rosas’ que la maleta del cine colombiano del Ministerio de Cultura ha querido poner a andar por todos los municipios de Colombia donde nunca antes se ha visto cine.
Por las industrias culturales pasa la naci¢n que los violentos no dejan pasar. Ellas nos tienden puentes y nos recuerdan que Colombia no es ese peque_o territorio por donde nos da miedo salir por temor a perder la libertad o la vida, sino un gran universo m¡tico. Un universo donde todo lo imposible puede ser posible.
Pero, como era mi intenci¢n, hablemos de industria y de algunas cifras que decidimos salir a buscar con la certeza de que s¢lo ellas podr¡an darnos los argumentos para comprobar por qu’, hoy, la cultura es parte esencial de nuestro desarrollo.
En 1999, mientras la econom¡a nacional decrec¡a en un 4.2%, el sector de las industrias culturales present¢ una tasa de crecimiento real cercana al 20%.
Hoy, la cultura tiende a situarse en el primer plano de la econom¡a mundial.
Para 17 pa¡ses del mundo, la cultura es el primer rengl¢n aportante al producto interno bruto.
En los Estados Unidos, las industrias culturales y del entretenimiento fueron las de mayor crecimiento en la d’cada de los noventa, con un gasto anual por parte de los consumidores de m s de 480.000 millones de d¢lares.
El sector espec¡ficamente cultural representa m s del 6% del PIB de este pa¡s. No es extra_o que en este contexto algunos empresarios anoten que «la industria del entretenimiento es la fuerza impulsora de las nuevas tecnolog¡as, como antes lo fue la defensa».
De otra parte, en pa¡ses europeos como Suecia y Espa_a calculan que el aporte de estas industrias a sus econom¡as es 6.5% y 4.4% respectivamente.
Acerc ndonos al contexto latinoamericano, encontramos que esta regi¢n, ya en 1980 exportaba bienes culturales por valor de 342 millones de d¢lares e importaba por valor de 1.747 millones. Las importaciones en esa ‘poca representaban el 4.5% del total mundial.
Investigaciones recientes estiman que en Argentina el aporte al PIB de las industrias culturales est alrededor del 4%, en Chile del 2.8% y en Venezuela del 2.6%.
En Colombia, la investigaci¢n del Ministerio y el Convenio Andr’s Bello arroj¢ cifras de aporte al PIB de las industrias culturales como la editorial, la fonogr fica y la audiovisual de 2.44% para 1997, 2.58 para 1998 y 2.81 para 1999. Cifras importantes, si se comparan, por ejemplo, con el aporte de las actividades de Electricidad y Gas que en 1998 representaron el 3% del PIB.
En 1998, teniendo en cuenta s¢lo algunas industrias, Colombia export¢ bienes culturales por un monto de 157 millones de d¢lares e import¢ por valor de 137 millones, obteniendo una balanza comercial positiva de 20 millones de d¢lares, producto principalmente de la las exportaciones de la industria editorial, una de las m s fuertes en el pa¡s y que ha contado con ayuda estatal a trav’s de la Ley del Libro.
Para 1999, las industrias culturales colombianas facturaron m s de 1.500 millones de d¢lares y se estima que actualmente generan un poco m s de 550.000 empleos, que refieren, aproximadamente, el 3.41% de la poblaci¢n ocupada del pa¡s.
Con relaci¢n a los problemas que afrontan las industrias culturales, sin lugar a dudas, el fen¢meno de la pirater¡a es un de los m s graves. Se calcula que las p’rdidas por pirater¡a, para el a_o 1999 fueron de 106 millones de d¢lares, de los cuales 60 millones corresponden a la industria fonogr fica, 40 a la industria audiovisual como consecuencia del robo de las se_ales satelitales y la pirater¡a de videos y 6 millones a la industria editorial.
Otro factor que nos preocupa, tiene que ver con los altos niveles de concentraci¢n de la oferta y la dificultad de amplios sectores de la poblaci¢n para obtener acceso a los bienes y servicios culturales. En el caso de los libros, s¢lo Bogot y Medell¡n se reparten el 60% de las ventas en el pa¡s y dentro de este porcentaje Medell¡n s¢lo representa una quinta parte, les siguen Barranquilla y Cali con un 8% y en un porcentaje muy inferior Bucaramanga y el resto de ciudades del territorio nacional.
Hay una gran masa de poblaci¢n del pa¡s que no tiene acceso a la oferta de bienes y servicios culturales. Hay millares y millares de colombianos que no saben hasta ahora qu’ es una librer¡a, que no han experimentado qu’ es comprar un libro por el s¢lo placer de leerlo, o que jam s han visto una pantalla de cine.
Ahora, que estamos gestionando la inclusi¢n de las mipymes culturales en las l¡neas de apoyo del Gobierno a estas empresas, consideramos fundamental estimular aquellas iniciativas que contribuyan a la ampliaci¢n de la oferta de bienes y servicios culturales en Colombia, de manera que esta trascienda la frontera de las pocas ciudades donde habitualmente circula y que se establezcan nuevos circuitos de distribuci¢n interregional.
De igual manera, los medios para producir bienes y servicios culturales y hacerlos competitivos en el mercado global son aon el privilegio de unos cuantos. Nuestra investigaci¢n aon no ha abordado procesos de econom¡a informal, como los que giran alrededor del vallenato en el Caribe o de la champeta en los barrios populares de Cartagena o de variedad de grupos de teatro y mosicos, sin embargo no hace falta para advertir su enorme riqueza y la urgente necesidad de atenderla integralmente.
Finalmente, deseo aprovechar este encuentro para invitarlos a invertir en cultura, y para hacer de sus propias industrias, si no proyectos culturales, s¡ medios que los hagan posibles.
Estoy segura, que cuando se interroguen sobre el significado que tiene la cultura y miren lo que ella ha representado para sus vidas y para la construcci¢n de todo lo bueno que imaginan para este pa¡s, encontrar n que ella ha sido y seguir siendo, como lo es en este momento, lo onico que nos mantiene vivos, firmes y en pie y con ganas de seguir so_ando».
HAY UNA GRAN MASA DE POBLACIÓN DEL PA-S QUE NO TIENE ACCESO A LA OFERTA DE BIENES Y SERVICIOS CULTURALES, MORALES LÓPEZ
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