Por menos, igualmente engañosa, al ser formulada como ôprimer pasoö en modificaciones a las restricciones y recortes democráticos, para acercarnos a una justicia que, antes, sometida a la ôservilletaö(listado de los jueces federales, que según el ex Ministro del Interior Carlos Corach respondían al gobierno), ahora, la arroja al canasto. La mutación que, sin medir ni temer a requerimientos de adaptaciones al poder político, pinta configurarse como ôindependienteö y ôajustarse a derechoö, es además de utópica -en un estado de clases opresoras y en un ômodeloö que no puede sostenerse sin impunidad y corrupción- un peligroso error si la idea cuaja, en los sectores verdaderamente democráticos de la población. Máxime cuando la manipulación y el escamoteo para la estimulación de una nueva confianza en jueces y gobernantes, está sembrada por todos los medios de comunicación del régimen; incluidos los periodistas de opinión de Página 12 y el perio-humorista Jorge Lanata. O sea el descreimiento popular, la amargura por la desocupaci¢n y la pobreza, que conviven junto al enriquecimiento legal o il¡cito impune, encontrar¡an en la detenci¢n de Menem, dentro de un palacete y junto a una ex miss mundo, un punto de transformaci¢n, abriendo nuevas esperanzas con «festicholas» populares incluidas, que promueven comunicadores «progres» y tontos influenciables y sin norte.
Con repercusi¢n popular puramente pasiva y medi tica, m s all de la acci¢n destemplada de grupos de derecha e izquierda, lo cierto es que Menem fue preso e introducido en una causa penal que lo ha colocado en el lugar de sus pares «neoliberales» y corruptos del continente de la oltima d’cada: Andr’s P’rez, Collor de Melo, Salinas de Gortari y Alberto Fujimori. Prisi¢n que derriti¢, adem s, su afamado olfato pol¡tico, trastoc ndolo en la conducta de un incauto provinciano y cholulo, que igual que el General Galtieri, confi¢ en que le servir¡an de colch¢n e impunidad, al menos, sus a_os de servicio al imperio, cuyos figuras, de hipocres¡a «descarnada», se preguntar n hoy +qui’n es ‘ste?.O mucho m s siniestro, el «pato de la boda», de una maniobra pol¡tica puntual.
La causa de la venta de armas a pa¡ses vedados por la OEA para este fin, Ecuador y Croacia (hecho que a dado lugar al conocido y viejo argumento de la moral capitalista en materia de venta de armas: «si no se las vend¡amos nosotros se las vend¡an otros») es una m s, de las tantas llevadas a cabo por su entorno que «robaba para la corona» y no puede explicarse s¢lo con la utilizaci¢n del cansado argumento de la «cortina de humo». Argumento parcialmente innegable, porque la detenci¢n de Menem se produce mientras el gobierno lleva a cabo, en alta intensidad, los mismos delitos por los cuales Menem hoy ser¡a juzgado, si el juicio(en una situaci¢n pol¡tica diametralmente opuesta) fuera llevado a cabo por el pueblo. Por ejemplo: Fernando De la Rua y su Ministro de Econom¡a -que deber¡a al menos estar procesado, por los decretos firmados junto a Menem- han logrado un megacanje para estirar la inevitable cesaci¢n de pagos del pa¡s, pagando mas altos impuestos y comisiones (+?) a los bancos acreedores; o el O.K del gobierno al capital espa_ol, para culminar el aterrizaje de Aerol¡neas, despu’s de la privatizaci¢n, corrupci¢n, endeudamiento y vaciamiento, con una quiebra suave o una venta conveniente. S¢lo esos dos motivos, en la forma y en el contenido, constituyen una panoplia de delitos, que llevar¡an, desde el punto de vista de las leyes actuales, de por vida a la c rcel a los dos personajes m ximos y devaluados del gobierno actual.
Entonces para ver el +por qu’? del encarcelamiento de Menem, es necesario observar en qu’ momento se produce y preguntarse +c¢mo y qui’n?, lo llevan a cabo.
S¢lo la crisis irrefrenable de la econom¡a, sobrepujada por el fracaso de Domingo Cavallo, m s la cercan¡a electoral unida a la necesidad de aprovechar la bronca y las necesidades populares y colocar a las movilizaciones como base de maniobras de los choques interburgueses e interimperialistas, llevan, cada vez con m s asiduidad, a poner en juego, peligrosos elementos pol¡ticos: apoyos provinciales y municipales a movilizaciones de desocupados, utilizaci¢n de la Seguridad como arma de prestigio electoral y justificaci¢n de los asesinatos policiales (no muy dif¡cil, porque la oltima campa_a electoral de Carlos Ruckauf se bas¢, ante la temerosa clase media, en promesas de «mano dura» con los desesperados, mientras De la Roa en un spot televisivo se paseaba con un grupo comando armado).
La imposibilidad de resoluci¢n de la depresi¢n econ¢mica, con el ya abortado proyecto inicial de Cavallo, tama_o naufragio, puede explicar, que el ejecutivo se permita avanzar con la detenci¢n de Menem, cuya causa, incre¡blemente y sin soluci¢n, incluye al propio Ministro de Econom¡a actual, principal figura de poder del gabinete. Explica, adem s, en que no se detengan en golpear a una columna de la gobernabilidad del r’gimen, como el Partido Justicialista y a dos vicepresidentes de Menem, que no podr n aunque quieran, quedarse afuera, si esto prospera, del rebote judicial y pol¡tico sobre causas que puedan devenir.
Esto, a pesar de que la forma como se hace el juicio al ex presidente es direcionalmente parcial, porque toca una sola de las decenas de denuncias llevadas a cabo por corrupci¢n a sus funcionarios, que se sostuvieron en el aval presidencial y la impunidad jur¡dica que respaldaron, enriqueci’ndose, los jueces Federales y la Corte Suprema menemista.
Vale decir que, pol¡tica y judicialmente, s¢lo se puede esperar que la detenci¢n de Menem sea un tema de la negociaci¢n de «gobernabilidad», entre los partidos del r’gimen, si es que no importando el riesgo de suicidarse y suicidar al justicialismo, por electoralismo desenfrenado, los dos ex vicepresidentes no se avienen a la negociaci¢n, que trata de imponer el gobierno e impulsa De la Roa, Cavallo, los acreedores externos por un lado y la UIA, Eduardo Duhalde, Ruckauf, la iglesia y la burocracia sindical por otro. O que, por el contrario, el af n de triunfo electoral de De la Roa lo lleve a perder el hilo hist¢rico del radicalismo «posgorila»,el cuidado y el acuerdo con el peronismo, sintetizado por Ricardo Balb¡n como la Hora de los Pueblos y por Raol Alfons¡n como el Pacto de Olivos.
La libertad del ex presidente depende menos de los abogados y de negar su culpabilidad que de los lineamientos que adopte el partido que preside. Depende mucho m s que el justicialismo llegue a la mesa de negociaciones, dejando de lado el reclamo «golpista», puramente electoral de Rruckauf, de adelanto de elecciones y camine a un pacto de gobernabilidad.
Sin darle mayor peso a declaraciones recientes, como las de ministro del interior Ram¢n Mestre (que ya han sido desmentidas, aunque seguramente lanzadas) que posibilitan un futuro indulto, la libertad de Menem depende de la disposici¢n del Justicialismo y de Duhalde y Ruckauf, a colocarse «dentro del plato» del r’gimen, encuadrando la compulsa electoral. Ser¡a equivocado creer que el acto llevado a cabo semanas atr s en el Congreso, con bombos y platillos de «fe peronista» por el apoyo irrestricto a Menem, ante la proximidad de su juzgamiento, haya quedado atr s. El justicialismo sabe que un golpe a su cabeza, a su oltimo presidente, es un golpe definitivo a todos y en particular a los gobernadores actuales, ex funcionarios y a sus cabezas visibles. La distancia que, quisieran y afirman tener, Duhalde y Ruckauf con la detenci¢n de Menem, es nada m s que una pose medi tica y electoral, la «procesi¢n va por dentro» y se preparan a negociar -como lo ha afirmado el propio Duhalde al salir la semana pasada de una reuni¢n con el presidente – e incluir la situaci¢n de Menem en el convenio. Jugar con fuego, como el mismo Menem lo pudo hacer con Alfons¡n, ni la situaci¢n del continente ni la crisis del pa¡s, ni la del PJ, hoy permiten tal audacia populista.
Los acuerdos de gobernabilidad se centran, para el gobierno, en sacar a los gobernadores de provincia y en especial a Ruckauf del coqueteo con los piqueteros y en la aceptaci¢n de mayores ajustes y bajas salariales y esperar para la reactivaci¢n. Acuerdos y no disputas sobre seguridad, mayor represi¢n y control social armado.
Incluye, sin duda, el acuerdo (por el papel que la Alianza le ha otorgando a un resurgimiento pol¡tico de la FF.AA, por el rol del fiscal de la causa, Carlos Stornelli, vinculado a elementos procesistas y por la detenci¢n del General Mart¡n Balza, quien tuvo choques con ese sector militar), una definici¢n por un papel pol¡tico m s fuerte de las FF.AA, lo que agrega la labor por una r pida «reconciliaci¢n», dejando de lado juicios y militares detenidos, probablemente incluyendo, entre estos, a Mohamed Seineld¡n, que ha intervenido en la causa de las armas de manera notoria.
Es simplemente quim’rico que, ahora, disfrazados de «patriotas», Duhalde y Ruckauf, apoyados por la CGT de Hugo Moyano, rompan el tablero de la gobernabilidad, m s all del que requieren las necesidades electorales(las famosas mentiras preelectorales) lo que implicar¡a colocarse en el terreno del choque abierto con el imperialismo. A pesar de la ventaja que otorga el handicap, de la orfandad de propuesta pol¡tica propia de los explotados, no est en el programa de estos grupos re_ir como clase, con el imperialismo. S¢lo bravuconadas medi ticas, para que la UIA y sectores empresariales del agro, negocien en mejores condiciones.
Los realineamientos que se impulsan por los «nacionales y populares» del PJ no pueden superar los l¡mites que el imperialismo impone, esto es extensible tambi’n a otros dirigentes menores que, buscando nuevas expresiones pol¡ticas, se sustentan en las patronales afectadas en el oltimo per¡odo, como el ARI (Republica de Iguales) y el Polo Social.
S¢lo la unidad pol¡tica antiimperialista, plural y de masas, y la movilizaci¢n popular con el objetivo estrat’gico de la derrota del imperio y los explotadores, puede, con esta condici¢n, poner en marcha al pa¡s y a su econom¡a, basando su funcionamiento en una democracia nueva, asamblearia y directa y de contenido obrero y popular.
Osvaldo Gonz lez, 8/6/01
