El año pasado Bikini Atoll sorprendían con un álbum de debut, “Moratoria” (Bella Union/ Sinnamon Records, 04), de inusual madurez en el que recogían la tradición del mejor rock de guitarras en canciones en las que conjugaban a la perfección melodía y distorsión. Un año más tarde el cuarteto inglés regresa con un segundo álbum grabado en Chicago y producido por el gurú Steve Albini (Nirvana, PJ Harvey, Low, Pixies) con el que consolidan y depuran su propuesta. Once cortes directos al estómago en el que la influencia americana de su sonido se hace más palpable y en el que las canciones se muestran desnudas para lograr la máxima intensidad.
Formados a principios de 2000, Bikini Atoll lo forman John Gideon (guitarra, voz y auténtico ideólogo de la banda), Bastian Juel (bajo, voz), Viva (piano, sintetizadores y voz) y Ché Albrighton (batería). El grupo toma su nombre de unas islas del pacífico que fueron utilizadas a mediados de los 50 como banco de pruebas para ensayos nucleares. Viendo las fotografías de las explosiones Gideon quedó impresionado por la belleza de algo tan mortífero y decidió que ese podía ser el nombre perfecto para su banda.
Cinco años más tarde, con un disco unánimemente aclamado por la crítica y varias giras a sus espaldas, Bikini Atoll publican un segundo álbum en el que, sin renunciar a la identidad de su sonido, se han replanteado algunos de sus postulados tanto a la hora de componer como a la de enfrentarse al estudio de grabación. Tras ver un musical en Copenhague con música de Tom Waits y Robert Wilson, Gideon quedó impresionado por el poder que puede tener una canción simple y hermosa. Un cambio de perspectiva que le llevó a componer ‘Silver Moon’, tema que resume la apuesta por la austeridad de la banda y que en cierta forma articula todo el espíritu del álbum. También a la hora de grabar, Bikini Atoll han hecho de la inmediatez su bandera grabando la mayor parte de los temas en directo y prescindiendo de los gadgets y artificios de estudio. La idea del grupo era lograr que al escuchar el disco literalmente lograras visualizar a la banda tocando. Con la inestimable ayuda de Albini, sin duda uno de los más reputados productores de la última década, lo han conseguido ¿El resultado? Un disco crudo y directo, oscuro y hermoso. Un disco valiente en el que las canciones son las únicas protagonistas.
