Ardiente, apasionado, P.J. HARVEY imprime ese carácter suyo tan expresivo, esa forma de cantar única entre la rabia y el desgarro, pero también sin olvidarse del terciopelo y la seda. Teatral, pero sin llegar al nivel de «To Bring You My Love», visceral, pero sin alcanzar los extremismos de «Rid Of Me», esté álbum bien podría pertenecer al 94, a una media ponderada de quizá sus más reconocibles obras maestras. Resultado, otra más: intermedia, entre dos mundos, entre dos razones, entre la ciudad (Nueva York) y el mar (el de su localidad de origen, Dorset). ¿Canciones? Del filo en la apertura con «Big Exit» hasta el cierre íntimo de «Horses in my dreams » y «We float»; de la accesibilidad sugerente de «Good fortune» al golpe directo de «Kamikaze»; de la explosión de «This is love» a la furtiva amenaza de «The whores hustle and the hustlers whore». Grande, tan grande que ni Thom Yorke quiso perderselo: «This mess we*re in». De nuevo, a sus pies. t
