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Canciones con un grado notable de interiorismo, que saben a poesía de cuaderno íntimo dibujadas con la voz severa de Carlos Andreu GASCA. Muchas veces trazando círculos que son magia pura («Nunca vas a volver», «Pensando en ningún lugar»,…), GASCA han acertado de lleno con un disco que apenas comunica a la primera pero que con cada escucha multiplica su valía, penetrando con sutilidad en el oyente con esa melancolía pegajosa y esmerada, haciendose un hueco perdurable en la memoria del buen aficionado al pop. Un disco sobrio mucho más maduro de lo esperado, pero con una vagón de canciones para emocionar. Lo dicho: alivia.
