Porque cada canción de estos dieciséis rastros no son más que capsulas atemporales de un sonido determinado, el que Luque ha logrado en cada una de sus distintas reencarnaciones, manejando un universo variable sobre siempre el mismo eje: virando, cambiando sobre la misma esencia, la suya propia. En definitiva, las diferencias entre ôSr. Chinarroö (94) y ôLa Primera Ópera Envasada Al Vacíoö (01) son las mismas que dejan entreverse al escuchar ôCascaras de naranjasö e ôIdiotaö, descartes que el tiempo no ha convertido en saldos y que gracias a este recopilatorio encuentran el justo recuerdo. Mención especial merecen las versiones: aún recreando las partituras de Los Planetas, Aviador Dro, Joy Division o Radio Futura, Antonio Luque sigue sus propios renglones, ignora dictados y prosigue ceremonioso su propia liturgia. Habrá que escarbar muy hondo para hallar creador tan singular: aquí encontrarás las tangentes de su obra, que deberían actuar como torbellinos engullidores para los ignotos en su magisterio y de complemento para fans. Que los hay y se merecen este regalo.
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