Para hurgar en esos terrenos hacen falta tablas, figura y una voz representada por algún frontman: Jordi Marangen está en ello, resolviendo con notable alto unos ejercicios estilísticos que uno se imagina suspensos en otros pretendientes (+bordaría Bumbury ôCanción de tres minutosö?). Pero los ejercicios de estilo apenas son nada sin las canciones, que aquí brotan en masivos borbotones de intensidad (ôTatiana¦s songö, ôThe sweetest agonyö) y dosis equilibradas de épica (ôThe place where nobody wants to goö), con la dinamo engrasada y las visceras palpables. Y profundidad, asistida por la pluma firme de la producción de Francisco Albéniz (La Búsqueda), que quizás sea la mayor virtud del debut de estos mallorquines que se consolidan como una banda singular en nuestro panorama.
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