Me parece contradictorio que el ex abad de Monserrat sostenga que muchas enseñanzas de la Iglesia en materia sexual no son aceptables porque están dichas ½por personas célibes que no tienen experiencia en el matrimonio y que exigen a los otros de forma incomprensible aquellos pesos que ellos no llevan+. Entonces, +por qué él, sin estar casado, se atreve a pontificar sobre estos temas y se atribuye mayor autoridad que la del magisterio eclesiástico?
Añadiría tres reflexiones más: 1¬) el magisterio de la Iglesia no enseña su experiencia sobre el sexo, sino que afirma limitarse a transmitir las enseñanzas reveladas por Dios, quien de sexo algo debe saber, puesto que lo ha creado; 2¬) un célibe que sea director espiritual puede conocer los avatares de la vida matrimonial -por los miles de esposos que atiende en su vida- con mayor amplitud y hondura que un casado, que sólo tiene su experiencia y, a lo más, la de unos pocos amigos; y 3¬) +cómo no va a tener autoridad moral para exhortar -a los casados que deban espaciar los nacimientos- a vivir unos d¡as la continencia, quien se sacrifica por practicarla todos los d¡as y sabe que ‘sta es posible por amor? Un c’libe por motivos nobles no es un solter¢n ego¡sta ni un reprimido. Puede experimentar el amor humano y la paternidad o maternidad tanto o m s que un casado.
Mar¡a T. Valls Verneda
