El caso de la muchacha gitana rumana de 12 años que ha sido forzada a cohabitar con un chico de 14, a quien sus padres habían entregado en matrimonio, plantea un problema serio a los defensores del relativismo cultural. Si todas las culturas son igualmente válidas y no existen unos derechos naturales objetivos que puedan ser comúnmente entendidos y exigidos, no tenemos en España ningún derecho a prohibir esas costumbres gitanas, por más que nos parezcan aberrantes y contraríen nuestra tradición jurídica. Pero si ese atentado contra la libertad sexual contraría un derecho natural, entonces esa costumbre es injusta y debe ser perseguida. No estamos ante una cuestión de legítimo pluralismo en asuntos igualmente válidos (que si el velo o el no velo de los islámicos, o cosas así), sino ante algo objetivamente injusto. Como es igualmente injusta la ablación del clítoris en las niñas, u otras prácticas comúnmente aceptadas en otras culturas. No todo es igualmente válido. Hay una verdad moral objetiva que funda los derechos humanos de todos los hombres. Que la conciencia ‘tica de un colectivo se ofusque -como pas¢ a los nazis con los jud¡os, o a muchos de nuestros contempor neos con el aborto- no significa que no exista la verdad, sino que ese colectivo necesita ser curado de su ceguera.
Mar¡a A. Alarc¢n Ros
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