Según el último informe de la Asociación de Mujeres Víctimas de Agresiones Sexuales (AMUVI), durante 1999 se atendieron 176 víctimas en Andalucía, de las que el 51% eran menores de 18 años y el 63% habían sido agredidas en el entorno familiar. Este índice puede ser mucho mayor por la tendencia a tapar los abusos producidos en el entorno doméstico. Pienso que este lamentable aumento del índice de incestos pone de manifiesto el preocupante modo en que el enrarecimiento sexual reinante está afectando al núcleo más básico de la convivencia familiar. No sólo está anulando el respeto entre las parejas y la duración del afecto conyugal, sino también el afecto paterno y materno y el afecto entre hermanos. Los animales se sienten atraídos sexualmente por sus crías y hermanos adultos porque no existe entre ellos un afecto familiar consistente que bloquee, respecto de ellos, su interés sexual. En cambio, cuando los lazos familiares humanos funcionan, el amor paterno-materno, el amor filial y el amor fraterno convierten a los hijos, a los padres y a los hermanos en sexualmente insignificantes.
Mar¡a Angeles Ogayar Lozano
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