Al observar la celebración en las Cortes de las bodas de plata de nuestra actual monarquía, me fijé en dos detalles que quiero comentar. El primero es que allí estaba al completo la familia real: una familia que en estos 25 años, tan turbulentos para tantos matrimonios y familias españolas y para tantas casas reales de otros países, no ha dado ni un escándalo ni una mala nota. Supongo que habrán tenido dificultades, que no faltan en ningún hogar. Pero su grandeza está en haber sabido afrontarlas y resolverlas con acierto y dignidad. Y tengo para mí que, sin desmerecer a nadie, la pieza clave de este buen tono, ha sido la Reina. Por eso me agradó -y éste era el segundo detalle que observé- que las exigencias de espacio y protocolo ocasionaran que el centro geométrico de la mesa presidencial del hemiciclo lo ocupara doña Sofía, en homenaje imprevisto a la valiosísima y callada labor de esta culta, prudente y generosa mujer, a quien le sienta que ni pintado su tratamiento de Señora. El Rey fue quien habl¢. Pero all¡ estaba ella a su lado, acogedora y afable, discreta y elegante como siempre, imprimiendo ese tono de excelencia del que tan necesitada est hoy d¡a nuestra cutre sociedad. Es indudable que don Juan Carlos ha tenido el gran m’rito de ser prudente y rodearse de buenos consejeros. Pero pienso que no es menos cierto que ha tenido la gran suerte de haberse casado con do_a Sof¡a. Suerte que, segon ha revelado una reciente encuesta, tanto agradecemos la mayor¡a de los espa_oles. Y eso, que de joven iba uno para republicano …
Marcos Guti’rrez Sanju n
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