La decisión del ministro del interior británico de considerar que el general Augusto Pinochet no está en condiciones de ir a juicio por razones de salud es un golpe para los familiares de sus víctimas y para las organizaciones de derechos humanos.
La colonia chilena en Londres expresaba con una espontánea manifestación su indignación por este final no previsto luego de haber superado paso a paso innumerables obstáculos jurídicos, políticos y diplomáticos para conseguir la extradición solicitada por el juez Garzón.
Los partidarios del ex dictador reciben con prudente alegría el posible final de 15 meses de juicios, alegaciones, recursos, casi todos perdidos ante los tribunales británicos.
Saben que el probable regreso a Chile de «su general» no borra la responsabilidad de su dictadura en los delitos que se le imputan. Por el contrario, en su día se hizo lugar a la extradición y a que fuera juzgado. Son conscientes de que si vuelve será por un acto de compasión del ministro ingl’s, a quien en su d¡a descalificaron por su pasado izquierdista.
Si Pinochet vuelve, no es porque no sea culpable, sino por «razones humanitarias». Razones que ‘l y sus c¢mplices nunca tuvieron con sus v¡ctimas.
Los que s¡ tienen razones para festejar, son los gobiernos de Chile, de Espa_a y del propio Reino Unido. Para el primero, porque a pocos d¡as de la segunda vuelta electoral, la decisi¢n de Straw es una victoria de la tenacidad de su gesti¢n diplom tica.
El gobierno de la Concertaci¢n siempre insisti¢ en que Pinochet deb¡a ser juzgado en Chile, y que por ello exig¡a su regreso al pa¡s. Espa_a y el Reino Unido se sacan de encima un problema espinoso de dif¡cil resoluci¢n. Por su parte, los familiares de las v¡ctimas, miembros de organismos de derechos humanos y los ciudadanos del mundo que quieren que la Justicia no tenga fronteras ni reconozca privilegios, creen que el proceso iniciado por el Juez Garz¢n permiti¢ muchos avances. Pero lamentan que sea la Biolog¡a y no la Justicia la que una cierre este cap¡tulo casi final del caso «Pinochet».
No ser el oltimo, porque su regreso a Chile, en alguna medida, ser «el pasado que vuelve». Y la magnitud del da_o, el dolor y la humillaci¢n que su dictadura caus¢ a millones de chilenos, hace imposible el olvido. Y no pocos esperan que ahora, el juez chileno Juan Guzm n pueda llevar adelante el proceso iniciado contra el ex dictador.
Ya se alzan voces, recordando a todos los pol¡ticos, del gobierno y de la oposici¢n de derecha, que ellos reclamaban la vuelta de Pinochet a Chile argumentando que all¡ se daban plenas condiciones para juzgarlo.
Si mantienen su palabra, lo primero que tendr n que hacer es facilitar que ningon fuero especial permita al «senador vitalicio» evitar tambi’n los tribunales de su pa¡s. A Joaqu¡n Lav¡n, delf¡n pinochetista y candidato presidencial, se le complican seriamente los oltimos d¡as de la campa_a electoral. Y sea cual sea su resultado, muchos le recordar n sus afirmaciones durante los m¡tines.
Entre ella se recuerda: «La v¡a humanitaria es en Inglaterra. Ac las acciones judiciales tienen que seguir su curso. En Chile toda persona est sometida al accionar de los tribunales de justicia, est’ sano o enfermo».
Y algo mas: el C¢digo Penal de Chile, prev’ eximentes de responsabilidad penal a los menores de edad, a los locos, y a aquel que por cualquier causa independiente de su voluntad, se halle privado totalmente de raz¢n». No parece que el ex dictador se encuentre comprendido en alguna de estas situaciones. (Cl/QR/Pf-Au-Po/Pl-Dh/mc)
EL REGRESO DE PINOCHET SERÍA INTERPRETADO COMO UNA VICTORIA DE LA TENACIDAD DIPLOMÁTICA DEL GOBIERNO CHILENO
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