Desde que el gobierno británico accediera, en octubre de 1998 a detener a Augusto Pinochet en Londres, el proceso de extradición ha tenido innumerables idas y venidas judiciales. La extradición es reclamada por la justicia española.
Detractores han intentado presionar en favor del proceso. En cambio, los defensores de Pinochet, relacionados con factores internacionales de poder económico y político, han intentado presionar en contra.
En el proceso también cuenta la opinión pública internacional. Muchas personas en el mundo siguen la evolución del caso, confiando en que el paraguas de la impunidad no siga amparando a quienes fueron represores de sus propios pueblos. Pinochet, tiene méritos propios para ser una figura que representa, en sí mismo, la crueldad y la soberbia de las dictaduras latinoamericanas de los años 70 y 80.
Todos estos factores son los que determinan que el Ministro británico Jack Straw demore su decisión final, en su voluntad de no transgredir ningún detalle legal, ni dar la sensaci¢n de apresuramiento. Straw deber decidir si Pinochet regresa a Chile o va a Espa_a para ser juzgado.
Straw har uso de su poder casi discrecional en esta etapa del proceso. Pero sabe que debe ejercer ese poder con fundamentos que no se vuelvan en su contra. Straw afirma que Amnist¡a Internacional y B’lgica «quieren ser mas espa_oles que Espa_a», como si el intento de cerrar el camino de la impunidad del ex dictador fuera una mera cuesti¢n de nacionalidad.
Por otra parte, est claro que el Juez Garz¢n insistir en su recurso y en sus demandas. Otra cosa es que el gobierno espa_ol resuelva no dar curso a la posibilidad de reclamar. El canciller espa_ol, Abel Matutes, insiste en que el gobierno espa_ol no apelar la decisi¢n de liberar a Pinochet por razones humanitarias.
Mientras tanto, en Chile tambi’n se preparan las leyes «a la medida» de la nueva situaci¢n de Pinochet. Es de suponer que a su regreso, no podr¡a continuar ejerciendo como senador vitalicio. En previsi¢n de que eso suceda, el Congreso chileno aprob¢ una reforma que permitir¡a el retiro del Senado, pero sin perder la inmunidad parlamentaria ni la dieta por el cargo. Pinochet es «senador vitalicio» por su condici¢n de expresidente, y conforme el texto de la Constituci¢n que se vot¢ durante su dictadura.
El proyecto de ley aprobado por ambas c maras, establece que los expresidentes que actoen como senadores vitalicios podr n renunciar a su cargo y «mantener la dignidad» de exmandatarios. Los m s optimistas, creen que eso facilitar que el viejo general deje el Senado definitivamente y que m s tarde la justicia pida su desafuero. S¢lo as¡, podr¡a el Juez Juan Guzm n dar curso a las 57 querellas criminales interpuestas contra Pinochet por familiares de sus v¡ctimas. La soluci¢n del enigma, se dar muy pronto, en cuanto Straw haga poblica su decisi¢n y Pinochet regrese nuevamente a Chile. (Cl/QR/Au-Mt/Pl-Dh/ap)
STRAW: UNA DECISIÓN DIFICIL QUE MARCAR- SU FUTURO Y EL DE «EL CONCEPTO DE IMPUNIDAD»
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