El próximo 8 de marzo, primer día internacional de las mujeres del siglo XXI, se realizará, en diversos puntos del planeta, el lanzamiento de la «Marcha mundial de las mujeres», movilización masiva que hasta el 17 de octubre, se propone poner sobre el tapete iniciativas de solución a dos problemas cruciales que atañen a las mujeres: la pobreza y la violencia.
En México, en Ginebra, en Washington, en Dakar, en todas partes, se celebrarán simultáneamente, el 8 de marzo, acciones simbólicas tendientes a subrayar que la violencia y la pobreza, por más complejas que parezcan, tienen solución, pues, como subrayan las convocantes a la marcha, se trata de modificar los enfoques hasta aquí planteados, ubicando al centro de las soluciones la redistribución de la riqueza y el respeto a la integridad de las mujeres.
Desde este 8 de marzo «pacíficas, pero con determinación, las mujeres marcharán juntas para encaminar hacia los gobiernos y organismos internacionales, sus reivindicaciones» que tienen que ver con hechos concretos que suceden en todas partes.
En materia de trabajo y salarios, por ejemplo, la masificaci¢n del trabajo femenino, est acompa_ada, en el siglo XXI, de una creciente precariedad de las condiciones laborales: la subcontrataci¢n, la maquila, el trabajo informal, el trabajo a domicilio, el tiempo parcial y otras modalidades, redundan en renovar las condiciones de discriminaci¢n y relegaci¢n salarial. Sin olvidar que, adem s, el trabajo dom’stico -no remunerado- continoa siendo monopolio femenino.
Los desplazamientos de mano de obra, de las periferias a los centros; la transnacionalizaci¢n del agro; el desarrollo de la industria del entretenimiento; y otros fen¢menos asociados al proceso de globalizaci¢n, colocan a las mujeres en situaciones de desventaja comparativa y las aleja, en nomeros mayores, del famoso acceso al poder y la toma de decisiones en el campo econ¢mico, siendo este oltimo cada vez m s concentrado en un reducido nomero de personas y focalizado en los ‘xitos del sector financiero.
As¡ las medidas de redistribuci¢n de la riqueza propuestas por la «Marcha mundial de las mujeres», son pr cticas y, en cierta medida, dependen de voluntades: la condonaci¢n de la deuda externa de los pa¡ses pobres; el impuesto Tobin a los capitales financieros especulativos y su redistribuci¢n; la iniciativa 20/20, entre otras.
Sucede lo mismo con relaci¢n a la violencia contra las mujeres que se extiende desde la casa hasta el campo de batalla, pasando por las calles de ciudades, pueblos y megapolis, donde las mujeres enfrentan no s¢lo la violencia dom’stica sino tambi’n son objeto de represalias (sexuales) en situaciones de conflicto armado, y son la presa m s al alcance de la mano para todas las formas de violencia y agresi¢n urbana, organizada o no.
Combatirla, apela a pensar en significativas transformaciones en las relaciones de poder entre hombres y mujeres, pero es posible, se_alan las convocantes a la Marcha, empezar por el desarrollo de condiciones que valoricen la integridad de las mujeres, en todas las reas, y las coloquen como sujetos en la sociedad.
La «Marcha mundial de las mujeres» culminar el 17 de octubre del 2.000, d¡a mundial para la erradicaci¢n de la pobreza, ante las puertas del FMI en Washington, de la ONU en Nueva York, del Parlamento Europeo en Bruselas y en los diversos lugares donde se toman decisiones econ¢micas o sociales que afectan la integridad y la vida de las mujeres.
Durante estos ocho meses, los cientos de organizaciones y movimientos que se han adherido a la Marcha, realizar n actividades locales y de sensibilizaci¢n para incitar a las comunidades, locales, nacionales e internacionales a pensar en optimizar las soluciones a los problemas de la pobreza y la violencia. Son meses durante los cuales, las mujeres propondr n alternativas de justicia e integridad, en la casa y en el mun
