Mientras el presidente Fernando de la Rúa continúa manteniendo un 70% de popularidad y de imagen positiva en las encuestas de opinión pública, el flamante gobierno de la Alianza cumple sus primeros 100 días de actuación sin mayor algarabía. Las denuncias sobre los desmanes y el saqueo a las arcas públicas durante el gobierno de Carlos Menem continúan a la orden del día.
Hasta el Fondo Monetario Internacional reconoció públicamente que Menem había terminado su período con un déficit de algo más de 10 mil millones de dólares. Dondequiera que se investiga, los funcionarios de Menem, algunos de ellos amigos personales del expresidente, aparecen utilizando los fondos a discreción, pagando sus gastos personales con dinero del Estado y aprovechando al máximo el nombramiento de amigos y parientes en puestos de privilegio. Pero las denuncias ya no satisfacen a los ciudadanos; existe una demanda por acciones y medidas concretas que pongan en la cárcel a los responsables de estos desmanes y que saquen al pa¡s de la coyuntura econ¢mica que continoa siendo recesiva, con bajas en el consumo de art¡culos de primera necesidad y un alto ¡ndice de desempleo.
El gobierno de De la Roa no haya un camino f cil. Las negociaciones con los socios del MERCOSUR (Brasil, Uruguay y Paraguay) se encuentran en un mal momento. Reci’n a mediados de marzo logr¢ acordarse un nuevo marco para el r’gimen de fabricaci¢n de autom¢viles en Brasil y Argentina, mientras que existen otras reas de la econom¡a en las que habr que seguir negociando, como la producci¢n textil, de zapatos, y de alimentos como pollo y lech¢n.
En materia de pol¡tica interna, las negociaciones con la oposici¢n tampoco son f ciles. La Alianza no tiene mayor¡a propia en la C mara de Diputados de la Naci¢n, aunque puede alcanzar la mayor¡a con el apoyo de partidos provinciales, y las negociaciones en el Senado, donde el Partido Justicialista tiene un holgada mayor¡a, son largas, tediosas y repletas de exigencias por concesiones. Luego de diez a_os sin huelgas obreras generalizadas, el nuevo liderazgo de la Confederaci¢n General de Trabajadores llam¢ a un paro y movilizaci¢n el 24 de febrero contra la propuesta gubernamental de una nueva legislaci¢n laboral.
Sus dirigentes amenazaron con hacer tantos paros como los que le hicieron al gobierno de Alfons¡n (12 en total, en casi seis a_os de gobierno). La mayor¡a de los dirigentes gremiales pertenecen al Partido Justicialista y, aunque desprestigiados por haber avalado tantas pol¡ticas contra los intereses de los trabajadores que se concretaron durante el gobierno de Menem, en este momento buscan encauzar el malestar que la poblaci¢n viene sufriendo desde hace largos a_os, con magros salarios, pocas oportunidades de empleo e inestabilidad en los puestos de trabajo.
Para paliar el enorme d’ficit fiscal que se hered¢ del gobierno anterior, la Alianza tuvo que recurrir a la creaci¢n de nuevos impuestos que cayeron sobre la clase media y la clase media alta, sus principales puntos de apoyo. Mucho se discuti¢ sobre este tema, e incluso los analistas econ¢micos protestaron porque consideraron que la Alianza podr¡a haber requerido mayores pagos por parte de las empresas y no de la poblaci¢n. Pero finalmente, es m s f cil retener impuestos a los asalariados medios y altos, por lo cual la Alianza aplic¢ un ¡ndice m s alto de impuesto a las ganancias a aquellos sectores que son su base electoral. Un mal comienzo si no se muestran resultados r pidos de saneamiento de la corrupci¢n y algon logro econ¢mico que permita pensar que las duras medidas ser n s¢lo pasajeras.
El justicialismo tampoco festeja
Ni bien dej¢ el gobierno, Memen pretendi¢ continuar liderando al Partido Justicialista, siempre con la mira puesta en un regreso al poder en el 2003. Para ello decidi¢ crear un gabinete en las sombras, que denomin¢ «gabinete en las luces», porque aduc¡a que su gente trabajar¡a de cada a la opini¢n poblica. Pero la convocatoria de Menem no tuvo ‘xito y no pas¢ de un pu_ado de reuniones en el mes de diciembre. Algunos de sus colaboradores, ex ministros y ex secretarios de Estado est n siendo investigados por malversaci¢n de caudales poblicos, mala administraci¢n y otros delitos, por lo cual no son muchos los que quieren aparecer juntos a ellos poblicamente.
Adem s, Menem continoa teniendo una popularidad baj¡sima y ninguno de los gobernadores justicialistas reci’n elegidos desea jugar su apoyo en este momento. Por otra parte, varios de ellos trabajan firmemente para reorganizar a su partido pol¡tico sin Menem, y el ex gobernador Duhalde continoa mostr ndose como enemigo ac’rrimo del ex presidente, atac ndolo duramente cada vez que Menem pretende alguna acci¢n poblica.
El nuevo gobernador de la provincia de Buenos Aires, el ex vicepresidente Carlos Ruckauf, tambi’n ha enfrentado problemas. Rodeado de la derecha nacionalista y ultracat¢lica, Ruckauf inici¢ su mandato poniendo al conocido coronel retirado Aldo Rico al frente de la cartera de Seguridad en la provincia. Este militar fue el que lider¢ las asonadas militares de fines de la d’cada del 80, conocidos como «levantamientos carapintadas», porque los efectivos que le segu¡an se pintaban la cara estilo camuflaje. Los hechos de Semana Santa de 1987 y de Monte Caseros, en 1988, jaquearon al gobierno de Alfons¡n.
Rico, que luch¢ en la Guerra de Malvinas, es conocido como un «mano dura» contra la delincuencia y, a pesar de las advertencias de los organismos de derechos humanos, buena parte de la poblaci¢n de la provincia aprob¢ su nombramiento al frente de Ministerio de Seguridad porque confiaba en que pondr¡a coto al delito. Pero no s¢lo esto no ocurri¢, sino que aument¢ una vez m s la corrupci¢n dentro de las fuerzas policiales, apa_adas desde el poder, y, lamentablemente, la tortura de los detenidos por delitos comunes en las comisar¡as y en el servicio penitenciario.
Rico, quien tampoco tiene ningon apego por la democracia, utiliz¢ su cargo para atacar al gobierno nacional y, en especial, a la investidura presidencial. Esta pol¡tica puso en una situaci¢n dif¡cil al gobernador Ruckauf, quien debi¢ solicitarle la renuncia, y enfrentar as¡ el primer fracaso en su gesti¢n, a escasos tres meses de haberla iniciado. Ruckauf se considera a s¡ mismo «presidenciable» y ahora deber remontar este desprestigio. (Ar/YZ/Au-Ppo/Pp/ap)
